En la vida hay causas indefendibles. Uno no puede ir por la calle defendiendo el exterminio de los gorriones o el bloqueo de internet. Sería un estúpido. Las citadas son causas banales cuyos defensores ni siquiera existirán. Sin embargo, acampan por los medios de comunicación aquellos que apoyan la mudanza de una competición nacional a un país en vías de desarrollo en cuanto a derechos humanos se refiere, porque en lo económico no les va del todo mal.

Luis Rubiales, presidente de la Real Federación Española de Fútbol, es uno de ellos. Un tipo que presume abiertamente de su capacidad para vender un título menor a Arabia Saudí. La comercialización del deporte en una pequeña competición en la que, de vez en cuando, se cuela algún equipo que no suele estar luchando por levantar un trofeo.

Rubiales concedió ayer una entrevista El Larguero de la Cadena SER. La defensa de su causa no tiene ningún tipo de desperdicio. Es un ejemplo de cómo se debe manejar una batalla dialéctica claramente perdida por alguien con la cara más dura que el cemento. No sólo se limita a defender las bondades del esperpento, sino que ataca a quien lo critica. Un ejercicio loable por tratar de salvaguardar una pseudodignidad cuya carencia resulta evidente.

Luis Rubiales dice que hay que informarse. Pero tampoco resulta demasiado difícil encontrar artículos en los que se mencionan las tropelías que ejerce la tiranía saudí contra desertores del régimen, mujeres, homosexuales e inmigrantes. Lo del dinero no hace falta discutirlo: los petrodólares ya están en el mundo del deporte antes de que a la RFEF se le ocurriera subastar la Supercopa. Puede ser que con una parte de lo recaudado financien el fútbol modesto, pero ¿de veras es necesario jugar allí? Quiero decir, si este modelo de torneo se jugara en cualquier ciudad de España, ¿no habría un impacto positivo en la economía local? ¿Estarían los estadios vacíos como en el Athletic Club – Atlético de Madrid? Permítanme dudarlo.

La moralidad de la Federación hace tiempo que se encuentra en el limbo. La renovación por siete años en la sede del torneo justifica las dudas. La defensa a capa y espada de algo que no tiene ni pies ni cabeza, invita a criticar. Si el fútbol realmente tiene un problema económico, hagan algo por solucionarlo, pero háganlo bien. Porque dudo de la exportación del modelo occidental de libertad a Arabia Saudí con la adjudicación de sede para tres partidos de fútbol.

Las garantías institucionales de un régimen liberticida no son garantías. Rubiales y su moto que se empeña en vender cuando un aficionado lo que quiere es poder ver a su equipo. Porque desplazarse 6.000 kilómetros para ver un partido de fútbol es algo sólo asequible para Luis Rubiales y su séquito. Pero, oigan, que dice que las mujeres ya pueden entrar a los estadios. Debemos estar de enhorabuena, supongo.

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