El fútbol es un deporte de equipo en el que juegan once contra once con un objetivo claro: participar y ganar. Muchos de los valores que se les inculcan a los niños desde que comienzan a dar sus primeros pasos en este maravilloso deporte, son el respeto, la solidaridad, la educación o el compañerismo. Aunque aficionados y participantes de los partidos de fútbol se empeñen en querer dar un espectáculo fuera del deporte.

Lecciones aparte, lo ocurrido el pasado sábado en la Liga Portuguesa es para reflexionarlo una y otra vez. Belenenses y Benfica se enfrentaron en su partido correspondiente. Un partido que nunca debió haberse jugado. El equipo local llegó al encuentro con hasta 13 jugadores de baja por culpa del Covid. Esto se traspasó al terreno de juego, donde el equipo salió a jugar con 9 jugadores, dos de ellos porteros y con un solo jugador del primer equipo.

Como no pudo ser de otra manera, el Benfica arrolló en todos los sentidos a su contrincante. Al término de la primera mitad, los visitantes iban ganando 0-7. El primero de ellos, a los veinte segundos de comenzar el partido y, para colmo, en propia puerta. Al descanso, la imagen lo decía todo. El propio presidente del Belenenses, Rui Pedro Soares apareció llorando en el césped ante la situación que estaba viviendo su equipo.

Al volver del descanso, el Belenenses salió al campo con siete jugadores. Y a los pocos minutos, uno de ellos tuvo que abandonar el terreno de juego. Por lo tanto, el colegiado señaló el final del partido ya que no se permite disputar un partido si no hay, por lo menos, siete jugadores. A pesar de toda esta mala fortuna para el Belenenses, el partido no tuvo intención de ser previamente suspendido y, por lo tanto, el Benfica se ha llevado los tres puntos del ya conocido como “el partido que no se tenía que haber jugado”. Portugal mostró su descontento con la situación a grito de “Vergonha”.

Este partido es un claro ejemplo de lo que no puede ocurrir en un campo de fútbol. Los duelos deportivos deben disputarse siempre en igualdad de condiciones desde el minuto cero. Lo que ocurra durante la disputa es fruto de los aciertos, frustraciones y decisiones de los propios deportistas. La imagen de superioridad del Benfica es un mal ejemplo para todos aquellos que buscan en el deporte una salida. Y más un deporte como es el fútbol, seguido por tantas personas en el mundo.

No obstante, la valentía del Belenenses es digna de admirar. A pesar de las bajas, el equipo salió a jugar y a intentar plantar cara a un Benfica que venía de sacar un punto de oro en el Camp Nou. Los jugadores salieron a responder el apoyo de todos aquellos que se habían desplazado al estadio para animar a su equipo. Dos equipos que no tuvieron la opción ni siquiera de elegir si disputar el partido. El propio presidente del Benfica, el ex futbolista Rui Costa lo deja claro: “Los dos clubes fueron obligados a jugar”.

Ante una situación de tal necesidad y de vital importancia como es la del Covid, la opción de jugar el encuentro debió ser siempre la última. Millones de víctimas han sufrido la dureza de la pandemia y ni las autoridades sanitarias ni la propia Liga Portuguesa han mostrado preocupación alguna ante este acontecimiento. El fútbol portugués no tiene motivos para sentirse orgulloso.

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