Fernando Aramburu volvió tras el éxito de Patria y su adaptación a la pequeña pantalla en una producción de HBO con Los vencejos. Una novela escrita en una ficticia primera persona a modo de diario en la que la vida, la muerte, el pasado y, sobre todo, el suicidio son los temas alrededor de los que gira el libro.

Hay libros malos y buenos. Luego existen aquellos que, por algún motivo, impactan al lector. Los vencejos no es sólo una excelente novela, es el libro que la mayoría soñamos con escribir. Fernando Aramburu juega y se recrea utilizando a Tony, supongo que diminutivo de Antonio, como sujeto central de una obra extensa. Una novela larga que utiliza la fórmula del diario para narrar a través de su autor los hechos que le sucedieron en su niñez, adolescencia y juventud así como los acontecimientos más recientes y aparentemente intrascendentes.

A través del narrador se crea una atmósfera única. Un universo personal y propio como el de cada uno de los individuos que pueblan una ciudad, en este caso Madrid. Aramburu juega con el lector: un día le traslada a aquellos años finales de la dictadura y a la jornada siguiente le cuenta el paseo con Pepa, una perra que forma parte de la historia, de lo más anodino.

En casa, con Tina en posición provocativa encima del sofá, con Pepa asustada por los petardos de la calle y yo mirando algún programa de televisión hecho por subnormales y para subnormales, es donde mejor se está.

Los vencejos, Fernando Aramburu.

El narrador, que nunca descubre su nombre, comienza a escribir el diario con la premisa de que justo un año después se suicidará. Se da lugar a la reflexión sobre la muerte voluntaria, el bien y el mal. Así como se hace referencia a noticias y asuntos políticos de actualidad. Los vencejos abre la puerta a la inspección de un individuo cualquiera desde dentro. Porque dada su promesa, el narrador tiene poco que perder y mentir pierde sentido.

Pese a lo crítico del asunto, Aramburu deja espacio para el humor más áspero. Situaciones, comentarios, pensamientos que parten del absurdo de vivir y no tener motivaciones para seguir haciéndolo. Un profesor de filosofía divorciado con un hijo que nunca fue como se imaginó y que tiene una perra y un sólo amigo. Patachula, que perdió una pierna en los atentados del 11 de marzo de 2004.

Aramburu quizá no busque la identificación del lector con el narrador, pero consigue que el lector no sólo disfrute, sino que además se asome al abismo de la nada. Una novela sobria que abunda en detalles morbosos de la vida de un tipo culto y hastiado. El ritmo y la cadencia del texto cala en el lector que necesita seguir leyendo: las miserias de los demás son atractivas.

Los vencejos trata sobre un hombre con intención de suicidarse si en un año no encuentra motivo para no hacerlo. Y en ese año se dedica a hacer cosas que al resto le parecería incomprensibles. Y ya, de paso, bucea en su pasado y presente rescatando la patria común de los hombres: la memoria. Los vencejos invita al lector a echarse un vistazo por dentro, reír y llorar gracias a un diario de alguien que no existe o, al menos, no conocemos, pero podría ser cualquiera.

Dejaré la vida sin haber visto la grandeza del ser humano. No niego que exista tal grandeza; simplemente afirmo que no estaba en los sitios que yo frecuenté. Quizá en países lejanos, quizá en islas solitarias o en el desván donde, espantado del mundo, se acurruca un hombre bueno.

Los vencejos, Fernando Aramburu.

Deja un comentario