Hay un runrún desde hace años en torno al fútbol que especula que este ha dejado de ser entretenimiento para ser un negocio. Infinitas quejas se escuchan del precio de las entradas, de lo caras que son las camisetas o lo que pagan las familias para poder disfrutar en su salón del deporte rey. Los aficionados ingleses salieron a la calle a protestar cuando Florentino Pérez presentó la SuperLiga Europea alegando que el fútbol es de los aficionados, los propios futbolistas salieron defendiendo esta idea de que el fútbol es del pueblo en redes sociales… ¿Cuánto hay de verdad?

El fútbol es entretenimiento

Eso es lo que abuelos y padres cuentan a sus nietos e hijos. El fútbol era el Fortnite o el Ibai Llanos del siglo XX. Como canta Melendi: “Me gusta el fútbol porque soy dios en casa por un día, sentadito en mi sofá veo la Champions y la Liga, no quiero perderme nada del domingo y su jornada; ni mucho menos un gol”. Era casi tradición en las casas y campos de España encender la televisión o la radio para disfrutar de un buen partido con una narración a la altura.

El fútbol en peligro

Con la llegada de Netflix y otros medios de entretenimiento, el engagement ha sufrido un duro golpe, ya no hay tardes de fútbol, hay como mucho dos horas de partido acompañadas del móvil. Lo expresa el propio presidente del Real Madrid: “¿Por qué el 40% de los jóvenes entre 16 y 24 años no tienen interés por el fútbol?”. Prefieren la interactividad de los videojuegos, las series o las redes sociales directamente. A esto se le suma una enorme falta de narrativas provocadas en gran parte por la poca personalidad de las estrellas, que son los que más impacto tienen y un descenso del nivel del periodismo y, más si cabe, del periodismo deportivo.

El fenómeno futbolista del siglo XXI es aquel ser inalcanzable, que tiene redes sociales institucionales llevadas por empresas de comunicación que, lejos de acercar al deportista a sus seguidores, les mantiene en una equidistancia infinita. Son partícipes de pocas y pactadas entrevistas, salvo aquellas que son a pie de campo, en las que lanzan repetitivos mensajes institucionales completamente vacíos y que denotan una falta de humanidad digna de un robot. Se agradece cuando salen a quejarse, a explicarse o a celebrar, como cuando Mikel Merino, jugador de la Real Sociedad, habló del penalti cometido sobre Luis Suárez.

Otro nivel de la crisis se encuentra en el periodismo deportivo. El fútbol y el periodismo son interdependientes entre sí: entiéndase como dos hermanos que se llevan regular, pero que se necesitan el uno al otro. Si no existe el fútbol, el periodismo no puede tratarlo, mientras que si no hay periodistas que hablen de él, nadie se entera de qué sucede, ni está tan presente en la vida cotidiana. Por ejemplo, el mero hecho de que el tema Mbappé esté presente en redes, en videos de YouTube, que ocupe portadas o mesas de debate ya hace que se revalorice su figura y, por ende, crezca todo el deporte rey. En cambio, hay quienes reniegan de esta unión: Luis Enrique, actual seleccionador de España, es conocido por sus enfrentamientos con la prensa durante su etapa en el Barcelona, pero ahora tampoco se queda corto: “No leo prensa porque creo que sé más de fútbol que la mayoría y tengo más información que vosotros”. Se nota que no tiene especial cariño por la profesión, tampoco en su época de jugador disfrutaba de los encuentros con la prensa.

La opacidad

La polémica forma parte del deporte, es tan frustrante como necesaria. El periodismo es el encargado de gestionarla como siempre dicen los futbolistas. Sin embargo, los dueños del fútbol se están empeñando en acabar con ella. No es por la aparición del VAR que, si alguien se pensaba que iba a terminar con la polémica, estaba muy equivocado. Es por la opacidad de LaLiga y el proteccionismo al colectivo arbitral.

Desde la llegada del VAR se han pronunciando diversos errores trascendentales entorno a este deporte. Los fueras de juego son cuestionables y, en bastantes ocasiones, ni se muestran las líneas a los espectadores. También hay repeticiones que no se emiten de manera aparentemente deliberada. Por ejemplo, en el partido Real Madrid contra el Rayo Vallecano, donde hubo una mano dentro del área y cuya repetición nunca salió a la luz, ni durante el partido, ni en el posterior resumen en los medios oficiales de retransmisión. En cambio, Real Madrid TV sí capturó dicha jugada y se la ofreció a sus espectadores.

Algo parecido sucedió en el Clásico en el Camp Nou, cuando un aficionado le gritó “macaco” a Vinicius Junior y en el programa de Movistar El Día Después, que se encarga de mostrar lo que no se vio durante el partido, le dedicó una pieza al jugador. De hecho, en ella se apreciaba cómo era sustituido, y mientras salía del campo, era objeto de presión por parte del estadio catalán. Sea por casualidad o no, justo cortaron la pieza en el momento en el que arremeten con el insulto racista que recibía el futbolista. Algo que desató una oleada de aficionados cuestionando, una vez más, a la compañía.

La peor parte es quizás la vaga manera de justificar el supuesto error por parte del programa. Salió un comentarista del partido narrado en Movistar, Álvaro Benito, a aclarar su versión mediante un tweet: “Lo primero, pedir disculpas. Por aclarar el asunto: hay dos equipos diferentes editando los vídeos para dos programas diferentes. Uno detecta el insulto y el otro no. Ambos vídeos se emiten en el canal. Un error humano, así de simple. Nosotros comentamos sobre lo que vemos”.

El proteccionismo

Ser árbitro es muy difícil, no hay duda, aún así, el arbitraje español parece ponerse más trabas en sus quehaceres que facilitarse el trabajo. El VAR es objeto constante de crítica por su controvertido protocolo de uso, que ni los propios jugadores ni entrenadores entienden del todo cómo va. Además, la famosa frase “Todo ok, José Luis”, no supuso un gran antecedente. Quizás favorecería al espectáculo y a una mejor gestión de la polémica si se permitiera al público escuchar lo que se dice entre la sala VOR y el árbitro de campo, como sucede en la NBA cuando los colegiados miran el Instant Replay (repetición instantánea en español) para comprobar qué ha sucedido y qué deben pitar.

Asimismo, resulta que la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) ha endurecido el Código Disciplinario respecto a las críticas dichas por los profesionales del mundo futbolístico (futbolistas, entrenadores y directivos) hacia los árbitros.

Marc Batra (izquierda) habla con el árbitro Mateu Lahoz (derecha). Fuente: Sport.es

601 euros y cuatro partidos de sanción a Cucho Hernández (Getafe) por decir “hasta el árbitro sabe que no hubo penal, está clarísimo. Lo que me sorprende y nos sorprende a todos es que ni siquiera se tomó la molestia de ir a verlo en el VAR”. Hay otros casos como el de Álvaro Cervera, entrenador del Cádiz: “lo ha visto todo el mundo, pero hay tres personas que no lo han visto. La única explicación es que no lo han querido pitar”, quien ha sido sancionado con la misma condena, pero la resolución está recurrida y pendiente de veredicto.

Por otro lado van las declaraciones de Manuel Pellegrini, entrenador del Betis: “penalti, expulsión, VAR y Real Madrid juntos es demasiado” o de Koeman, exentrenador del Barcelona: “No entiendo la decisión del árbitro. Solo aparece el VAR cuando hay que tomar decisiones contra el Barcelona”, quienes no fueron sancionados.

Se puede comprender que acusar a un árbitro de equivocarse premeditadamente es algo demasiado grave y no se puede decir a la ligera, pero la opinión no puede ser objeto de censura. Tampoco de amenaza, pues, conlleva a la autocensura y es igual de negativo. Uno puede pensar lo bueno o malo que es un árbitro en cuestión, lo acertadas que sean determinadas acciones, pero no atentar contra la honradez de este. Es más, si se cree que hay robo, que es deliberado, debe ser denunciado a la autoridad competente, no a la prensa, no al juicio social.

El precio y el valor del fútbol

Otro de los factores que, sin duda, mancha al fútbol es el gasto. El desembolso de ser aficionado a este deporte es significante respecto al salario.

¿Qué mejor manera hay de sentirse parte de un club que vistiendo su camiseta, la misma que utilizan las estrellas deportivas? Ninguna, por supuesto. Con un vistazo rápido en las tiendas oficiales de algunos equipos españoles y europeos se puede apreciar cuánto cuesta llevar el escudo que se quiera en el pecho.

EquiposReal MadridBarcelonaAtléticoLiverpoolBayernPSGJuventus
Camiseta oficial de juego140 €145 €158 €117 €140 €140 €140 €
Camiseta oficial90 € 90 €90 €82 €90 €90 €90 €
Precios de las camisetas oficiales de fútbol

Si vestir no es lo que uno quiere, entonces… qué mejor manera de apoyar al club y a sus jugadores que animarles en el campo, que pitar cuando hay que despertarlos o que los presidentes escuchen la voz del aficionado. Para ello se debe entrar en el estadio pagando su respectiva entrada. El bloguero Antonio Ros evaluó el precio medio del ticketing en las principales ligas europeas durante la temporada 2019-2020 y lo separó en tres grandes apartados: el precio de las entradas de los equipos clasificados en la zona europea, los que se encontraban a mitad de tabla y los que estaban en descenso.

LigasLaLigaPremier LeagueSerie ABundesligaLigue 1
Precio de las entradas en zona europea77,50 €62,83 €60,00 €53,17 €55,83 €
Precio de las entradas en mitad de tabla63,33 €58,09 €59,27 €53,13 €40,50 €
Precio de las entradas en el descenso66,67 €37,00 €68,33 €49,00 €29,00 €
Precio medio de las entradas68,79 €57,66 €60,74 €52,49 €41,70 €
Fuente: Antonio Ros (2019-2020), blog Tres Cuatro Tres, en su artículo: Ir al Fútbol en Europa ¿Qué liga es más barata?

La última opción para poder disfrutar de un buen partido de fútbol es verlo en el salón de casa, en la comodidad del sofá, con una bebida bien fresquita en la mano y la mejor compañía posible. Ahora bien, en España, si uno quiere consumir el fútbol debe tener contratado en casa Movistar, de lo contrario, no tendrá acceso a este deporte, al menos, de manera legal. Es lo que se conoce como un monopolio. Es verdad que existe una opción para los usuarios de Orange, pero sigue siendo un acuerdo entre las compañías azul y naranja. De acuerdo, entonces, ¿cuánto cuesta ver fútbol?

Opciones para ver fútbol en casaPrecio por mes
Movistar Fusión Selección con LaLiga 105€/mes
Movistar Fusión Selección con Fútbol120€/mes
Movistar Fusión Total Plus 175€/mes
Orange Love Total Plus110€/mes
Fuentes: Movistar.es y Orange.es

Aquí se valora solo el precio de una camiseta o de una entrada, para una unidad familiar compuesta por tres, cuatro o cinco personas el gasto se eleva con bastante notoriedad. Queda claro que no todo el mundo tiene acceso a este ecosistema. Cada uno es libre de gestionar su dinero como quiera, si entiende que el fútbol es un lujo por el que merezca la pena pagar, deberá privarse de otros caprichos para poder permitirse este. Lo que está claro es que a sabiendas de que estos datos se están prolongando en el tiempo, se puede afirmar que funciona, que el pueblo sí está sustentando este deporte.

Conclusión

Mientras los aficionados puedan mantenerlo, lo harán, pero en esta conversión de opio de la sociedad a negocio masivo están dejando atrás a muchos amantes. A esto se le suma la llegada de capital extranjero. Están entrando y se están apoderando de clubes como el Manchester City o el PSG con buenos resultados deportivos, pero unas reglas diferentes a las del resto de competidores y un organismo central puntualmente permisivo y cercano a estos clubes. En una situación muy distinta se encuentran los clubes españoles Málaga, Racing de Santander o Valencia, cuyas aficiones han quedado mermadas por el paso de estos adinerados dirigentes con muchas promesas en sus palabras.

Finalmente, se encuentra el Newcastle, comprado por un nuevo proyecto de un fondo saudí por valor de 330 millones de euros con las esperanzas de sus fans en convertirse en un nuevo Manchester City, pero que cuenta con la negativa de Amnistía Internacional y de muchos amantes del fútbol que reniegan de este tipo de capital y del próximo Mundial que se jugará en Qatar porque allí todavía no se respetan los derechos humanos.

El fútbol es el medio de entretenimiento por antonomasia, mantenido como un negocio gigante sustentado por los aficionados y regido por agentes y presidentes comprando líderes de opinión (periodistas). Pese a todo, está en una crisis dantesca que amenaza muchas sillas y una reducción del capital ingresado por este chiringuito.

Los aficionados se están desenganchando porque ven a sus equipos ejecutar la táctica del autobús para ganar, una no muy atractiva de cara al espectáculo, pero efectiva cuando el talento brilla por su ausencia en las plantillas. Los futbolistas carecen de personalidad y de presencia, se echan en falta personas como Ronaldinho Gaucho, un verdadero loco por el fútbol. Los periodistas se prostituyen por la información en exclusiva. Las instituciones presumen de progresismo con sus mensajes sociales opositores al racismo, pero luego callados como muertos ante los delitos cometidos por Qatar para poder recibir petrodólares. Parece que a estos organismos no solo les da igual que no se respeten los derechos humanos, tampoco son suficientes los 6500 trabajadores fallecidos por las construcciones del Mundial de 2022. Todo con el fin de atraer capital a un mercado completamente dinamitado por la carencia de regulación. ¿Es este el precio a pagar?

Es una hipocresía predominante que se acentúa cuando los propios futbolistas son parte del problema. Por ejemplo, el caso de Ander Herrera, futbolista español que milita en las filas del PSG, con alardes de defender el fútbol popular frente al borrador de la SuperLiga, elaboró un comunicado oficial en sus redes diciendo que se enamoró del fútbol de barrio, del fútbol de los aficionados y lo concluye con un “no creo en que los ricos roben lo que el pueblo creó”. Otro ejemplo es el blanqueamiento de Xavi Hernández, exfutbolista y ahora entrenador del Barcelona, al régimen dictatorial árabe: “Qatar no es una democracia, pero funciona mejor que España”.

El fútbol necesita actualizarse, adaptarse a los nuevos tiempos y a la sociedad presente, no al revés. Debe retornar el espectáculo, debe entretener y despertar entusiasmo. Por ahora, la pasión de sus aficionados se va marchitando paulatinamente. El fútbol está en crisis.

Un comentario sobre “El fútbol entra en crisis”

Deja un comentario