El juego del calamar se está convirtiendo en la serie del momento. Sus nueve capítulos han capturado a millones de espectadores. Con un planteamiento novedoso y una premisa desconocida en occidente, la miniserie de Netfilx ha conseguido crear un producto de entretenimiento de calidad capaz de superar a la mayoría de producciones de la plataforma de streaming.

La trama de la serie no es algo demasiado novedoso. Ya se han visto producciones similares en la saga Saw o en películas como Escape room y su secuela. Sin embargo, quizá sea el componente asiático el que resulta atractivo para el consumidor occidental. Ambientada en Corea del Sur, la serie se centra en aquellos individuos rechazados por el sistema. Tipos marginales y endeudados que sobreviven en un mundo que avanza demasiado rápido a golpe de talonario.

Es entonces, cuando el protagonista de la serie, Cho Sang-Woo, recibe una misteriosa invitación para acceder a un juego en el que podría ganar mucho dinero. El personaje, enterrado en deudas, divorciado y sin vivienda propia, decide aceptar y unirse a un juego del que nadie sabe nada. Una tarjeta de visita de cartón indica un número de teléfono al que llamar y un logotipo que consta de un cuadrado, un círculo y un triángulo.

Cuando se presenta el juego, el espectador sigue en su desconcierto a la mayoría de participantes. Así las cosas, se dibuja una suerte de colonia de maleantes y pobres que deberán luchar por su vida para sobrevivir y ganar el multimillonario premio. 45.600 millones de wuones (algo más de treinta millones de euros) supone la motivación para seguir enfrentándose a pruebas mortales.

Fotograma de El juego del calamar

En la serie se plantean escenarios que invitan a la reflexión. Decisiones apresuradas, conocimiento de la muerte, espíritu de grupo y la enfermiza obsesión por el dinero que, para los participantes, supone la moneda de cambio para su supervivencia. Y no sólo dentro del juego, sino afuera, en su miserable realidad.

La serie avanza ágil y el resto de personajes se van descubriendo poco a poco. Los elementos débiles, los fuertes y aquellos que se mantienen casi en secreto hasta el final. Entre medias, una auténtica orgía de sangre al más puro estilo de producción gore. La sangre y las vísceras coexisten con una trama inquietante.

Muchos coinciden en que lo mejor de la serie se concentra en el final. Y no es para menos. Los últimos dos capítulos son una auténtica maravilla. La resolución del juego y lo que sucede después deja aún más inquietado a un espectador que ya se espera cualquier cosa. Pero El juego del calamar logra ilustrar los sentimientos de una tribu social hastiada y marginada con un puñado de personajes que se van reduciendo hasta el final.

El desenlace no deja lugar a dudas: El juego del calamar tendrá una segunda y quizá definitiva temporada. Es cierto que la serie deja algún cable suelto, puede que intencionadamente, y que el espectador se podría imaginar la no finalización total de la serie. Sin embargo, los últimos minutos de El juego del calamar así lo confirman.

En definitiva, una serie que se aleja algo de lo común consiguiendo lo que otras grandes producciones no han llegado a hacer. El juego del calamar es una producción que dará que hablar y que, si consigue mantener la línea, cosechará muchos éxitos. Un producto ampliamente recomendable para disfrutar y no aburrirse ni perderse en el intento.

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