Los fans de DC llevaban años pidiendo a gritos un giro en el universo cinematográfico de la franquicia. Sin embargo, desde aquella deslumbrante trilogía de Batman dirigida por Christopher Nolan, casi todo lo que estrenó DC en la pantalla fue poco más que una parodia nefasta del producto Marvel.

El primer destello apareció de brillantez apareció este año con el estreno de La liga de la justicia de Zack Snyder, una cinta mejorada hasta la saciedad en comparación con la película que se lanzó en un principio. DC pareció volver a encontrar un objetivo hacia donde dirigirse. Un producto diferente de lo que ofrecen la mayoría de producciones de superhéroes. El escuadrón suicida supone la mejor película de la franquicia en años.

James Gunn reinicia, con acierto, la trama como si la cinta homónima estrenada en 2016 nunca hubiera visto la luz. De aquella producción sólo queda Harley Quinn, interpretada por Margot Robbie, un personaje que no podía faltar a la cita pues además de actuar como reclamo publicitario, funciona muy bien en la película.

Desde el primer minuto de metraje se deja claro que el público al que va dirigida la película no es precisamente infantil, sino un perfil adolescente y adulto. La película es gamberra y bizarra de la manera en que ninguna otra cinta del género lo había conseguido antes. Insultos, chistes, escenas cómicas, mucha sangre y personajes muy acertados crean un ecosistema idóneo para que el espectador pase 132 minutos sin poder despegarse de la silla.

Sin ninguna duda, uno de los mayores aciertos de la cinta es la inclusión de Nanaue, también conocido como El rey tiburón. Un personaje que pone siempre un toque cómico a las escenas en las que participa y será recordado por el público.

El elenco de villanos que forma el grupo es de lo más variopinto y para nada predecible. DC no cae en la obviedad y apuesta por crear una película diferente, atrevida, sin tapujos. Sin duda alguna, el reparto es inmejorable y el guion brilla en cada momento de la película.

La apuesta de DC ha tenido un resultado sobresaliente. Una cinta que no dejará indiferente a nadie y con la que te quedas con un buen sabor de boca. Todo funciona como un buen mecanismo engrasado y, a diferencia de la cinta de 2016, no deja cabos sueltos ni pretende acercarse a la grandilocuencia de Marvel. Sin embargo, lo consigue gracias a la inclusión de elementos rebeldes. Si DC sigue por este camino, las buenas horas de cine estarán a la orden del día.

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