Las imágenes tienen un papel fundamental y es el ser, de cierta manera, aquello que representan. En los virreinatos españoles las imágenes del monarca y el rey en sí eran “lo mismo”. Pero hay otros ejemplos, las esculturas de deidades egipcias eran los dioses en sí. Actualmente sigue pasando, quemar la imagen de un rey, presidente o una bandera no es lo mismo que dañar una imagen que no represente nada. En el caso concreto de las imágenes religiosas siempre ha existido un problema y es si se puede o debe representar a la divinidad, profeta o santo pertinente. Ya que esta práctica puede llevar a la idolatría o la herejía. En uno de los lugares donde causó esto un conflicto fue en el Imperio Romano de Oriente.

En el 395 fallece Teodosio I y se divide definitivamente el Imperio Romano en dos. La zona Oriental será llamada Imperio Romano de Oriente y desde los siglos XVII y XVIII Imperio Bizantino. La capital de este territorio estuvo en Constantinopla, antigua Bizancio. El Imperio perdurará hasta el 1453 cuando los turcos conquistan Constantinopla. Hasta este momento era un bastión de la cristiandad y cuna de algunas de las obras de arte más importantes de la humanidad (Santa Sofía de Constantinopla, actualmente mezquita, y los mosaicos de fondo dorado). Pero pese a esto, cuenta con un periodo complejo en el que hubo una gran perdida de obras producido por un conflicto entre iconódulos e iconoclastas.

Entre el 726 y el 730 el emperador León III promulga diferentes edictos que condenan la iconoclastia en el Imperio. Cuenta con el beneplácito del Patriarca de Constantinopla. Ordenó que se retirara una imagen de Cristo que se hallaba en la puerta de Calcis (Palacio de Constantinopla) y que se colocara una cruz. Esto debido a que consideraba que los ataques de los musulmanes y la erupción volcánica en Tera eran castigos de Dios por la veneración de imágenes. Varios de los “operarios” fueron asesinados por iconódulos. Además su orden contó con una desaprobación popular. Pero, pese a esto, se siguió permitiendo la representación de imágenes del emperador y símbolos como la cruz.

Constantino V tras una guerra civil se hizo con el poder y desarrolló su teoría iconoclasta que recogió en una obra titulada Peuseis. En esta obra defiende que la Eucaristía es la verdadera imagen de Cristo y la cruz el símbolo más poderoso. Además convoca un Concilio Ecuménico en Hierela en el año 754 para que los obispos defiendan su postura. Se criticó el uso de las imágenes basándose en el Éxodo y que la imagen de Cristo podía conllevar idolatría. Además consideraban imposible representar a Jesús sin caer en herejía ya que si se representa solo la parte humana se cae en el nestorianismo y retratar la parte divina es imposible. Por su parte, la iconodulia o defensa de las imágenes se apoyaba en la necesidad de enseñar a los analfabetos y que se veneraba la naturaleza divina aunque se representara a Jesús hombre. Por último también defendían la antigüedad de las imágenes ya que desde San Lucas hay imágenes de la Virgen o similares. En el 787, la emperatriz Irene convoca el Segundo Concilio de Nicea restaurando de forma temporal las imágenes. Pese a esto, entre el 813 y el 842 vuelve la iconoclastia aunque, en el año 843, gracias a Teodora y Miguel III se restablecen definitivamente.

Debido a la persecución de las imágenes no contamos con demasiadas obras de arte. Actualmente de este periodo no conservamos ningún palacio pero tenemos textos que nos hablan de ellos. Sí ha llegado hasta nosotros arquitectura religiosa que consistía en templos desornamentados, basilicales y de tres naves con una cúpula central. Si el templo se ornamentaba se pintaba una cruz. Las pinturas, iconos y artes suntuarias son muy escasas. Tras este periodo volverán a realizarse obras de gran calidad.

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