Jorge Sánchez López publica su segunda novela, tras Hielo seco, en la que nadie quedará indiferente. Con una acción trepidante y una ambientación policiaca, el autor de Nunca debiste atravesar esos parajes sitúa al lector en medio de una trama de asesinatos y pedofilia en los Estados Unidos.

La protagonista de la novela es Heather Parsons, una agente de policía que se encuentra dando sus primeros pasos en el FBI. Adiestradora de perros, se adentra en la investigación de homicidios para tratar de resolver los casos más complejos del país. Es entonces cuando se inicia la línea temporal que conducirá al lector a través de una trepidante narración en primera persona.

Heather hace pareja con Frank, un inspector más experimentado en la unidad con el que tratará de resolver un caso que no para de complicarse. Lo que en un principio se dibuja como un crimen infantil más, comienza a tornarse después en un foco mediático por las circunstancias de la muerte de una niña y del empeño del asesino en seguir matando.

La narración sigue un buen ritmo, siempre con algo que descubrir en cada capítulo. Quizá por su corta extensión, 170 páginas, y por la soltura del autor a la hora de describir detalles, lugares y personajes. Estos aparecen bien caracterizados y el lector puede seguir la historia sin más complicaciones. También sorprende la facilidad por la ambientación. Jorge Sánchez López evoca imágenes familiares con gran facilidad. Los escenarios en los que se desarrolla la acción aparecen dibujados en la mente del lector. A la sencillez en la descripción ayuda el imaginario colectivo alimentado durante décadas por series policiales americanas a las que se hace referencia en la novela.

«Con total seguridad, en algún momento, otra alerta nos sacará a las calles, un virus con el que los policías tarde o temprano aprendemos a vivir con dignidad»

Lo que sorprende es quizá un cierre apresurado. Cuando apenas faltan diez páginas para el término del libro, aún no se sabe nada concluyente de la novela y eso favorece el ansia por terminar rápido los últimos capítulos. Aún así, el lector se queda con ganas de más. Porque es precisamente en el final de la novela cuando esta alcanza su punto álgido.

Quizá porque el autor tiene preparada una continuación de las pesquisas de Herther Parsons en el FBI con sus perros Duke y Chloe. En todo caso, habrá que esperar para descubrirlo no sin antes haber disfrutado de un libro tenso y muy entretenido.

Por David Jiménez Flores

Un hombre libre.

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