¿Y si nos lo merecemos?

España clama ante unos indultos polémicos. Gran parte de la opinión pública, el sector político y la prensa se opone a la aprobación de una medida de gracia contra personajes públicos encarcelados. El país se divide: los que buscan en los indultos la reconciliación perdida desde hace décadas y los que piensan en que se trata de una medida más de Sánchez para aferrarse al poder.

Más allá del bien y del mal, cabe plantearse si la discordia sembrada en España desde tiempos inmemoriales está justificada por el carácter de la nación. Y lo peor es que puede ser que sí. ¿Por qué si no escogeríamos a políticos de talla mediocre para solucionar asuntos que sólo un estadista de época podría solventar? Porque nos conformamos con tener una casa, comida y algo de entretenimiento. Porque al final la vida supongo que será eso.

Lejos de hallar una solución a un problema que arrastra furia, ira y odio hasta los extremos más aborrecibles, la clase política juega un partido sin pelota. Como el traje invisible de Hans Christian Andersen. El emperador iba desnudo por la calle, pero nadie se atrevía a decirlo. Hasta que un niño lo dijo y ya no hubo miedo. Mientras que en el Parlamento divagan sobre patrañas, nosotros disfrutamos de la Eurocopa. La luz sube y la gasolina también. Pero el fin de semana nos quitan las mascarillas. Júbilo que enmascara la podredumbre de una sociedad habituada al rebañismo.

Ahora, unos que salen de la cárcel como héroes para intentar proclamar no sé qué república independiente. Otros, magnánimos, en una actitud de infinita misericordia conceden indultos a unos pobres que no sabían lo que hacían. Los de más allá dicen, inculpan y señalan a un espejo. Y nosotros a aplaudir al que toque.

El asunto de Estado pinta mal porque manejar a dos sociedades polarizadas dentro del mismo marco constitucional es difícil. Al borde del abismo llega el verano. Un respiro por lo menos, oiga. Pues que hagan y deshagan, supongo, que mientras no me toquen mi piscina, que sigan cobrando de todos. A por la próxima.

David Jiménez Flores
Un hombre libre.

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