El artículo que más deseaba poder escribir. Dos mil quinientos sesenta días después, desde aquel 17 de mayo de 2014 en el Camp Nou, el Atlético de Madrid besa la gloria en la competición doméstica otra vez. Once campeonatos de liga en sus vitrinas, dos de ellas en los últimos siete años. El culpable de ello tiene nombre, apodo y apellidos más que conocidos por todos, no es ninguna novedad. Y si en la derrota se le refuerza con sus éxitos, más aún en sus victorias.

La liga de 2014 será recordada por muchos rojiblancos como la consolidación del proyecto de Simeone. De la heroicidad de levantar el vuelo de un club paupérrimo escasos años atrás. La liga del «partido a partido». Sin embargo, la de este año tiene mucho más mérito. Principalmente, porque la manera de ganarla y la manera en la que se llevó a cabo algunos partidos define a la perfección lo que es este equipo: sufrimiento, coraje y corazón. La liga del «contra todo y contra todos». Diez mil veces le dieron por campeón a este equipo, sobre todo en diciembre, y otras tantas por muerto en los últimos meses. Y no es para menos, hacer cincuenta puntos en la primera vuelta es de potencial campeón. Pero los meses más críticos son aquellos en los que huele a primavera y los títulos se deciden. Ha sido el segundo año de una liga pandémica, sin público en las gradas de principio a fin y apodada por Twitter Fútbol como La Liga Mickey Mouse. No sé si el trofeo lo habrán confeccionado Pluto y el pato Donald, pero el valor de ella es incalculable por lo que ha costado. Supongo que Real Madrid y compañía, que ya habían ganado todo lo habido y por haber, jamás tendrán el trofeo de liga del amigo Mickey y su pandilla.

Dice Simeone que cuando oyó el pitido final en Pucela solo le salió reírse. No especificó de qué o quiénes, pero entiendo a la perfección esa sensación de desahogo. Una risa que habrá costado los no sé cuantos millones que cobra, pero mira, que más dará, yo le hago un bizum si hace falta para que siga dando esas alegrías. Una vez dije en uno de esos momentos de crítica feroz al Cholo, cuando las cosas no salían bien, que me daba miedo que se fuera porque a saber que podíamos encontrarnos. Aquello de mejor «malo» conocido que bueno por conocer. Y van casi diez años aquí y ha logrado ocho títulos en cuanto a lo material se refiere, porque en lo deportivo no tiene precio.

Bromas a parte, este título ha dejado muchos nombres propios e imágenes para el recuerdo. Los penaltis que atajó Oblak, las remontadas in extremis en Mendizorroza, Ipurúa o ante Osasuna, el palo salvador de Elche, el caño de Carrasco a Ter Stegen, el abrazo consolador del Cholo a Correa en el Villamarín y su posterior renacimiento, Luis Suárez marcando goles que valen tres puntos y media liga, las lágrimas del mismo llorando con el móvil en el césped de Pucela, la primera vuelta de Joao Félix, los tres centrales formados por un Giménez al mejor nivel, un Savic jerarca y un Hermoso preciso, un Marcos Llorente que es un puro atleta y, sobre todo, un Koke que como ha dicho Jose Luis Martínez-Almeida le va a quitar al oso y el madroño su lugar en el escudo del Atlético de Madrid.

Por último, y no menos importante, ha sido la liga de aquellos que ya no están pero de igual manera han empujado más que nadie desde arriba, desde el tercer anfiteatro. Muchos de ellos nos hablaron de un Atleti campeón como el de hoy en día. Los que han mantenido a este equipo líder desde la jornada 9. Tras un año en el que solo han habido penumbras y malas noticias, la luz al final del túnel cada vez está más cerca. Por el camino, las rayas rojiblancas han alumbrado en la oscuridad a una tribu de indios que llaman locos por querer ser diferentes al resto, no tienen cura para esta enfermedad. Pero bendita locura.

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