Isabel Díaz Ayuso ha arrasado en Madrid, es un hecho. Los madrileños han sido protagonistas hoy más que nunca de la llamada fiesta de la democracia: la participación se ha disparado hasta el 80%, 16,46 puntos más que en las pasadas elecciones de 2019. Todavía con la duda de los posibles escaños que se puedan sumar a última hora del escrutinio, la presidenta de la Comunidad de Madrid podrá gobernar con el apoyo de Vox.

El Partido popular se ha anotado el tanto como una victoria en clave nacional. En la calle Génova ya se miran los resultados con esperanza de repetirlos en las próximas elecciones a las Cortes Generales. La derecha ha ganado en Madrid para alegría de muchos, la mayoría, y descontento de otros.

Sin embargo, resulta que la fiesta de la democracia no es tal cosa, al menos para algunos. Muchos, normalmente los perdedores de los comicios, saltan a las redes o a las calles por el simple hecho de que la mayoría hable. Es un esperpento propio de partido de fútbol: los hinchas que enfadados con el mundo acaban por tomarla con cualquier cosa que se encuentre por ahí. Pero la política no es, o por lo menos no debería ser, un territorio para el forofismo como el deporte.

Por desgracia para todos, el mundo es un lugar de contrastes donde siempre hay lugar para sordos atrincherados que no validan más que sus ideas. A ambos lados del panorama político se grita y se responde a la vez; no existe sitio para la cordura. Es por ello que durante los próximos días, las redes sociales serán un lugar intransitable, más aún si cabe, para cualquiera que tenga valores democráticos.

Se solía decir que hay que saber ganar y perder, pero hace demasiado que olvidamos eso. Quizá lo impusieron a la fuerza, la de los medios de comunicación de masas que dan crédito a unos reproches e insultos dignos de charla en terraza de bar. Pero al final, sin saber exactamente cómo ni por qué, acaban calando. Y la misma verborrea que se ve en la televisión se cuela en el bolsillo. El móvil vibra: otra opinión de alguien a quien nadie se la ha pedido.

Que opinar está de moda ya ni siquiera merece un artículo. Lo que vale la pena comentar en algunas líneas es que “miles y miles de madrileños” se merezcan a “sus abuelos muertos en residencias”. No sólo porque es mentira, sino porque es propio de un individuo con actitud inhumana y una ausencia de empatía tal que no es capaz de medir sus palabras cuando la papeleta que ha metido en la urna no ha valido para aupar a otro candidato.

Y lo vergonzante del asunto no son las palabras de un sujeto cualquiera, sino su aprobación por una parte del espectro social que se siente estafado porque la mayoría no les representa. No sé qué se podrá hacer con ese sentimiento de desazón; quizá la solución pase por repetir las elecciones hasta que los resultados sean los que buscan. O, mejor, obligar a la mayoría a pensar lo contrario de lo que realmente piensan. Hombre, resulta más barato y a la larga más eficaz.

Mañana el sol saldrá igual que hoy, pero unos pocos, ahora minoría, se levantarán de la cama con la pesadumbre de aquel que se siente estafado por un sistema democrático y justo. Porque nos gusta la democracia, pero cuando sale lo que votamos.

Deja un comentario