‘Delparaíso’ y la narración de lo mundano

Alguien dijo una vez que hasta los ricos tienen problemas. Y es cierto: ni la muerte, ni la enfermedad ni el amor acuden a las cuentas bancarias para revisar si llamar a la puerta de una casa u otra. Juan del Val elabora en Delparaíso un relato cotidiano de gente tan variada y real que en ocasiones la novela se convierte en un despiadado espejo. Lo que se propone hacer Juan del Val es arriesgado porque en cierta medida no existe un protagonista ni siquiera una trama común más allá de la suerte y desgracias de la vida. No obstante, salió cara y Delparaíso es una buena muestra de lo que se puede llegar a escribir cuando no se hace de nada en específico.

La novela narra un tramo de la vida de mucha gente. La mayoría de los personajes del libro viven en Delparaíso, una urbanización extremadamente lujosa ubicada en Madrid. Y todos los personajes que aparecen en la novela se relacionan de algún modo con aquella urbanización. Juan del Val dibuja un mosaico social en el que se puede apreciar lo homogénea que puede llegar a ser la vida de ricos y pobres porque al final todos son personas.

Juan del Val se desenvuelve con soltura en un ecosistema en el que prima el sexo, la vanidad, la traición y el lujo. Delparaíso es una especie de muestra de todo lo malo -y algo de bueno también- que existe en la sociedad. cada personaje tiene su propio desarrollo en una narración diferente que lejos de centrarse en una sola trama parece querer acoger a todas la de su estirpe. En un intento por contar la normalidad, Juan del Val nos descubre la excentricidad del ser humano.

Quizá el leitmotiv más interesante de la obra sea el morbo. El morbo impera sobre todo lo demás y resulta más que entretenido. Poder observar los entresijos y secretos de familias lejos de poder ser descubierto es adictivo. El lector quiere seguir leyendo porque no imagina cuál será la próxima desgracia que le ocurra a una familia adinerada de una urbanización, a un grupo de primos rumanos que hacen reformas o al vigilante de seguridad enamorado. Todo acaba por proponer al lector seguir con un juego perverso que reta a no seguir leyendo, pero resulta imposible porque ver las calamidades cuando no te afectan es hasta divertido.

«Por qué unas paredes sí y otras no, por qué la piel y la carne desaparecieron de este brazo y aún quedan restos en el otro, por qué hay pelo aquí y allí no, por qué desaparecieron unas uñas sí y otras se mantienen casi intactas. El azar».

Delparaíso resume en cierta medida la vida de cada uno de sus lectores. Cada uno con sus traumas y sus problemas, en algún momentos quedarán irremediablemente retratados en la novela. Si lo que se busca es leer una odisea cotidiana, Delparaíso es la novela.

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