‘El juego del alma’: Javier Castillo lo vuelve a hacer

Javier Castillo se ha convertido en uno de los novelistas más leídos de España y eso se debe a algo. Más precisamente a la adicción incontrolable que imprime a sus obras. El juego del alma no se queda atrás. Su última novela ya se alza en las listas de más vendidos y miles de lectores alaban una obra que desde la primera página huele a best seller.

Ambientado en Nueva York, El juego del alma narra las investigaciones y pesquisas de sus tres personajes principales: los periodistas Miren Triggs y Jim Schmoer y el agente del FBI Ben Miller. A través de la propia mirada de Miren Triggs y su alternancia con un narrador en tercera persona, Javier Castillo guía al lector en un complejo panorama de desapariciones y asesinatos macabros. Aunque la premisa ya de por sí parece buena, el lector no sabrá dónde se ha metido hasta que alcance a leer las primeras páginas. Una vez allí, quedará prendado por el halo mágico que envuelve el libro.

La novela está concebida como un best seller porque el autor es uno de los más demandados en las librerías de toda España. Pero eso no tiene nada de malo. Cualquier amante de la literatura y del entretenimiento cogerá el libro y lo devorará lo más rápido que pueda. Porque quizá sea por eso, además de la evidente calidad literaria de sus obras, lo que hace especial a este autor. El lector queda imantado al libro y no se lo puede sacar de la cabeza hasta terminar.

La ambientación de la obra permite al lector sumergirse en el Nueva York de 2011 con relativa facilidad aunque no conozca la ciudad estadounidense. Ya se han encargado los contenidos audiovisuales que la gente de todo el mundo se haga una vaga idea de cómo es la ciudad que nunca duerme. Los personajes principales son sólidos y la virtud de apoyar los pilares de la novela en ellos tres reside precisamente en las diferencias que hay en cada uno de ellos a pesar de que exista un hilo que los una.

«A quienquiera que llamase pidiendo ayuda solo encontraría el cadáver de una periodista de treinta y cinco años, con el alma congelada en la fría noche que me violaron cuando tenía veintiuno».

Los giros narrativos no se pierden desvariando por las ramas. Se hallan naturales y escondidos bajo las palabras que el lector ha ido masticando a lo largo de la novela. Todo acaba por reunirse en un lógico acontecer que deja al lector con un buen sabor de boca.

Tanto el inicio como el final son realmente buenos. El principio atrapa al lector con su estructura de capítulos secuenciados cronológicamente y divididos entre los tres personajes anteriormente nombrados. De este modo, se avanza con paso firme desde que se inicia la narración cuatro días antes de los acontecimientos finales.

Desperdiciar la oportunidad de divertirse con un libro siempre es de lamentar y eso es precisamente lo que Javier Castillo lleva a las librerías con El juego del alma, una lectura agradable y embriagadora cuya trama bien hilada y conducida no deja al lector indiferente.

David Jiménez Flores
Un hombre libre.

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