La Guardia Suiza es un cuerpo militar de élite encargado desde el siglo XVI de la seguridad de la Santa Sede y del Papa. El líder de la Iglesia Católica es a su vez el jefe ceremonial de la guardia. Actualmente los vemos como un organismo de seguridad que no debería tener grandes conflictos ni problemas para cumplir con su cometido pero no fue siempre así.

Carlos I de España, Carlos V de Alemania, reinó durante el Siglo XVI en uno de los momentos más álgidos del Imperio. Tuvo diversos conflictos por el poder con distintos gobernantes. Pero nos interesa la Guerra de la Liga de Cognac. Tras derrotar al Reino de Francia en la Guerra Italiana de 1521, el Papa Clemente VII y la Republica de Venecia empiezan a organizar una alianza para “expulsar” a Carlos V de la Península Italiana. En 1526 se forma para este fin la Liga de Cognac formada por Francisco I de Francia, Clemente VII, la República de Venecia y Florencia y el Sforza de Milán.

Tras diversos enfrentamientos, Carlos V tuvo diversas victorias pero se quedó sin fondos con los que pagar a parte del ejercito dirigido por Carlos III, duque de Borbón, y Jorge de Frundsberg. Los soldados se amotinaron y forzaron al Borbón a guiarles a Roma. En los combates por hacerse con las murallas de Roma en el Janículo y la Colina Vaticana, el 6 de Mayo, murió el duque Carlos, siendo el último hombre de mando que era respetado por el ejercito. Curiosamente murió por un tiro que disparó el artista Benevenuto Cellini (según el propio artista). Ante este fallecimiento los soldados perdieron el orden y “moderación” y, tras hacerse con las murallas, iniciaron los excesos. Los soldados desencadenaron su furia contra la ciudad asesinando, violando, saqueando y destruyendo lo que se encontraron a su paso, daba igual que fuera la cabeza de San Pedro que un religioso católico, los lanquesetes (mercenarios alemanes, también piqueros en su mayoría, que vestían de forma extravagante) sembraron el caos.

Lanquesetes en el Saqueo de Roma, Angus McBride, 1988. Via Pinterest

En medio de todo esta sucesión de abusos contra la Ciudad Eterna, hubo un episodio de extrema honorabilidad y respeto por parte de la Guardia Suiza, cosa que asombra si pensamos que, a fin de cuentas, son mercenarios. Hay que recordar que los suizos eran mercenarios cotizados como piqueros, arma que manejaban a la perfección en parte por sus orígenes, y que si no se les pagaba se marchaban, por lo que se decía que “sin dinero, no hay suizos”.

El Papa se encontraba orando cuando los saqueadores, principalmente lansquenetes, se acercaron a la Basílica de San Pedro en El Vaticano. La Guardia Suiza formada por 189 guardias tenía que defender al Papa Clemente VII. Debían protegerle hasta que entrara al Pasetto que comunicaba la Santa Sede con el Castillo Sant’Angelo. Salvaguardaron al Sumo Pontífice luchando en la escalera de la Basílica y finalmente cerca del Camposanto Tutónico el tiempo suficiente para que huyera. Fallecieron 147 guardias, pero Clemente VII pudo salvarse aunque ahora tuvo que ser protegido ante el “ejercito” desmadrado por cuatro compañías de españoles, alemanes católicos y los guardias que habían sobrevivido.

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