Hace un lustro a todo el mundo le sorprendió cómo China, un país con escasa afición futbolera, se convirtió en la primera potencia de este deporte en Asia. Decenas de jugadores de la élite europea y sudamericana emigraron a la Superliga China en busca de nuevos proyectos. Unos para poner punto y final a su carrera deportiva y otros para poder tener más minutos que en los clubes más prestigiosos del panorama. Pero, sin ninguna duda, el principal atractivo de esta corriente migratoria es la cantidad de dinero que los clubes chinos estaban dispuestos a ofrecer por contratar a jugadores con gran nombre en la élite.

No se trataron de casos aislados ni de jugadores no muy contrastados. De hecho han habido casos en los que el futbolista hizo las maletas a China en el punto más alto de su carrera. Yannick Carrasco, Hulk, Bakambu, Carlos Tévez, Alex Teixeira, Ramires, Nico Gaitán, Oscar Emboaba, Jackson Martínez, Fellaini o El Shaarawy son algunos de los nombres mas reconocibles que probaron suerte en una liga menor pero con gran poder adquisitivo. También prestigiosos técnicos como Fabio Capello o Rafa Benítez han tenido su etapa en el país asiático.

Hace unas semanas se conoció la noticia de que el actual campeón de la competición, el Jiangsu FC, cayó en la quiebra, sumándose así a una larga lista de 16 clubes chinos que han tenido que desaparecer. El principal motivo se halla en lo económico. Como era de esperar, la gran burbuja que se estaba formando ha terminado por estallar, llevándose por el camino a clubes, jugadores y entrenadores. No era normal los sueldos desorbitados que ofrecían los mandatarios chinos ni la cantidad de dinero que ofrecían al equipo vendedor para hacerse con los servicios de casi cualquier futbolista. La gota que ha colmado el vaso para que se efectuara este desastre ha sido la crisis provocada por el Covid-19, que ha tumbado por completo el negocio.

Esto es lo que pasa cuando un deporte tan globalizado se aborda desde una perspectiva como negocio en un país en el que no existía cultura alguna por este deporte. El gran endeudamiento en los últimos años para pagar los millonarios salarios a los jugadores ha terminado siendo la tumba de muchos negocios. Porque lo que se ha visto en esta moda del fútbol chino es que no vieron esto como un deporte, sino como una oportunidad de negocio para expandir marcas; de la noche a la mañana no puedes tener a los mejores jugadores del planeta a golpe de talonario cuando no vas a poder mantenerlos en el futuro. Ni si quiera el gobierno chino pudo frenar esta caída, pues en los últimos años se redujo el límite presupuestario de los equipos y se implantó una especie de impuesto en la que el club debía pagar el mismo precio que ha costado el jugador a la federación. De esa manera, si fichaban a un jugador por 40 millones, debían pagar otros 40 millones a la federación. Así desaparecieron esas cifras tan altas en el mercado chino. Fue el claro ejemplo de pan para hoy y hambre para mañana.

Ahora la mayoría de estrellas han tenido que abandonar el país asiático y buscar nuevos clubes. El campeonato chino se ha visto canino hasta el punto de quedarse sin su actual campeón. Lo sorprendente no deja de ser que, siendo como son los chinos de disciplinados, no vieran que había muchas posibilidades de que todo esto sucediera mas pronto que tarde.

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