Hace unos días me enteré de que una chica bastante famosa en TikTok había anunciado la publicación de su poemario. Mis amigas comentaban el espectáculo con asombro, —hoy en día cualquiera publica un libro— decían. Yo, sin saber de quién estaban hablando, les pedí por favor que me facilitasen el perfil de la susodicha para ver qué escribía. Nada nuevo: poemas sin una pizca de ritmo por los que yo, personalmente, no pagaría ni un céntimo, pero ¿de qué nos sorprendemos?

Sinceramente, me choca el revuelo que se monta siempre en torno a estos casos. Ni que fuese una novedad; el mundo hace tiempo que es de las editoriales y no de los escritores. Personalmente conozco a mucha gente cuyos escritos merecen la pena y no dejan de recibir negativas por parte de las editoriales (de las grandes y de las pequeñas) y, en cierta manera, creo que hasta lo entiendo: al fin y al cabo ellas son las que más apuestan. Qué duda cabe de que es mucho más sencillo y rentable editar el libro de un influencer que apostar por nuevos autores desconocidos (aunque no sería la primera ni será la última vez que estos dan una sorpresa). Además, y esto es un dato que no podemos obviar, la nueva «poesía de Instagram» arrasa en el mercado para asombro de unos lectores y complacencia de otros.

Yo hace tiempo que llegué a la conclusión, y sé que no soy la única, de que en la literatura ya está todo contado y que lo único que importa es la manera en la que se cuenta. Una novela o un poemario hoy en día, permítaseme generalizar, es original en su forma y no en su esencia. ¿Qué valor tiene un poema de amor carente de ritmo y juegos de palabras o una novela en cuyo estilo no puedas encontrar cierto carácter estético? Considero que ese es uno de los problemas de muchos best seller, y es que estos solo aspiran a ser best seller y utilizan la misma plantilla que saben que funciona sin preocuparse de nada más, olvidándose entonces de la importancia que tiene la forma. Pero algunos lo hemos normalizado tanto que ya no comprendemos la sorpresa del resto. Las grandes editoriales saben apretar la tecla para generar miles de ingresos con los nuevos influencers y hace tiempo que no levantan el dedo de ese botón.

Siendo objetivos, no me importa: yo sé lo que busco cuando entro a una librería y sé cuáles son mis intereses. Supongo que si otras personas prefieren dirigirse hacia la sección de «poesía de Instagram» no es mi problema. Cada uno gasta (o invierte) su dinero en lo que le de la gana. Que me importase o me pareciese mal que una gran masa de gente abrace poemas sin ritmo que ellos mismos podrían haber escrito supongo que solo me convertiría en una elitista cultural que machaca cualquier tipo de creación literaria cuya finalidad solamente sea distracción y entretenimiento. Me niego a entrar, al menos aquí y ahora, en el debate sobre si la literatura debe tirar más hacia el entretenimiento o hacia el enriquecimiento personal, aunque debo señalar que no las considero para nada incompatibles.

Ya va siendo hora de aceptar la realidad: un número alto de seguidores te da el poder suficiente como para tener un lugar privilegiado en la librería de tu barrio, y eso es lícito. Es lícito porque es un éxito en ventas y eso está más que comprobado. No debemos olvidarnos de que también hay novedades editoriales buenísimas, enriquecedoras e imperdibles y que siempre las habrá. Si no, siempre nos quedará hacer del pasado una novedad.

(Foto de portada: Casa del Libro Palacio Valdés, Oviedo)

Deja un comentario