El Príncipe de Valencia

Estas últimas semanas está sonando la posibilidad de que un príncipe de la Conchinchina vaya a comprar un equipo de fútbol español, algo a lo que en los tiempos del fútbol moderno estamos acostumbrados. Se trata, nada más y nada menos, que del deambulante Valencia CF. Demasiado tenía ya el club che con sufrir a Peter Lim y «Des-Meriton» Holdings para aguantar ahora a otro mesías prometiendo inversiones millonarias de capital para salvar de la ruina a la entidad.

Pero, ¿quién es «El Príncipe de Johor»? Salvo que seas un fanático de la cultura malaya, probablemente no hayas oído nunca dónde está Johor. En efecto, Tunku Ismail Idris Abdul Majid Abu Bakar Iskandar ibni Sultan Ibrahim Ismail (no, no es una broma) es el príncipe del estado situado más al sur de Malasia, que colinda a su vez con Singapur. Este hombre está tan podrido de dinero que, entre todos sus coches y aviones de lujo, destaca la posesión del troncomóvil de los Picapiedra a escala real. Una vez presentada su alteza y ubicado geográficamente en el mapa su procedencia vamos a explicar que pretende hacer con el Valencia CF.

A parte de ser íntimo amigo de Peter Lim, el tipo es un hombre de negocios (pese a que no lo reconozca así en su Instagram) de aquellos que se hacen extremadamente aficionados al fútbol, nada que ver con intereses económicos (nótese la ironía). Al decir verdad, hay que reconocer en su favor que ha resucitado al club de su ciudad, el Johor Tigers FC, llevándolo a ganar siete veces consecutivas la Superliga de Malasia. El multimillonario príncipe acostumbra en sus redes sociales a mandar mensajes enigmáticos relacionados con el Valencia CF.

Vía goal.com

Sus intenciones de adquirir acciones del club valencianista están más que demostradas. Y es que el fútbol español está acostumbrado a vivir de cerca constantemente los vaivenes de propietarios extranjeros y adinerados que se interesan de pleno en nuestros clubes. En este tipo de casos, la jugada puede salir bien al inyectar al club una buena dosis de dinero o puede salir mal ahogando en la miseria a la entidad con deudas y más deudas. La teoría suena fenomenal para los oídos de los valencianistas. Ahora, que las promesas se cumplan es otro tema. La entidad che no puede seguir con la dinámica de fracaso institucional que acarrea desde que Meriton Holdings compró el club. La mala gestión de sus propietarios se esta viendo reflejada en el campo. No solo es que no lleguen refuerzos de calidad a la plantilla, sino que están dejando escapar la calidad de la plantilla a precio de mercadillo. La odisea vivida los últimos veranos en Valencia no se la deseo ni a mi rival más acérrimo. Un equipo histórico destinado a competir en Europa y a pelear la liga con los grandes no puede estar más preocupado de lo que sucede en los despachos de lo que ocurre en el césped, y más cuando te hallas con el descenso pegado al culo. Lo normal es que si en la oficinas no van bien las cosas los problemas también se trasladen al terreno de juego. Bien es cierto que habrá que cortar el problema de raíz, pero cuando el problema son los que mandan y la afición ya no tiene ni voz ni voto poco se puede hacer más que aguantar el chaparrón.

En los próximos meses el futuro del club podrá marcar un punto de inflexión. Mientras tanto, los aficionados valencianistas cuanto menos oigan hablar sobre realezas, mejor.

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