Catedrales en llamas

El Patrimonio es un conjunto bastante variopinto de cosas pero, hoy en concreto, voy a ceñirme solo al Patrimonio Histórico o, en otras palabras, el conjunto de bienes que hemos heredado y acumulado con el pasar de los siglos y que por su significado los protegemos de forma especial. Esto suele pasar desapercibido y nadie piensa en la importancia de este conjunto de bienes pero son de vital importancia.

El Patrimonio es de todos, da igual su localización, fecha o uso, es un bien que nos habla del pasado de la humanidad. Las civilizaciones nunca han sido, en la mayoría de casos, islas separadas incomunicadas o espacios estancos. Las ideas iban de una región a otra y esto era visible principalmente en los bienes artisticos que nos hablan, a fin de cuentas, de nuestro pasado y sus relaciones. Que haya objetos del Imperio Bizantino en el Tesoro de San Marcos de Venecia no es casualidad, se debe a la cuarta cruzada y los saqueos templarios con su posterior retorno a su hogar. Que en la Capilla Palatina de Palermo el techo este decorado con mocárabes nos muestra un deseo de Ruggero II de tener ese artesonado árabe allí. Por último, que en la Catedral de Córdoba siga manteniendose la mezquita nos indica, y sabemos por fuentes, que se decidió conservar y alterar la edificación musulmana lo imprescindible para situar la iglesia.

Los dos últimos ejemplos nos demuestran como en el pasado los intercambios culturales entre dos esferas, a priori contrarias, sucedían y no eran motivo de problemas. Hay muchos más ejemplos ya que todas las civilizaciones comercian, se comunican y se intercambian bienes e ideas entre sí. Ni siquiera las culturas más contrarias han estado siempre en conflicto. Todo este gran intercambio ha ido tejiendo la historia de la humanidad y el patrimonio refleja esto.

Ahora por desgracia el patrimonio ya no nos une pese a que, desde el nacimiento de las naciones y civilizaciones ha existido un arte, religión, celebraciones y lengua común ya no funciona. Muchas veces este patrimonio que nos debería unir no solo no cumple su cometido si no que nos divide y enfrenta. Actualmente poner simbolos musulamenes en una iglesia o referencias a un dios indígena en un Cristo es impensable y viceversa pero antes no era así. Estas fracturas entre el sentirse identificado o no con una parte de la cultura ya sucedió en otros periodos como la Revolución Francesa.

La Catedral de Notre-Dame de Paris durante los procesos revolucionarios sufrió cambios ya que había partes que hacían referencias a los Reyes que no se desaba tener así que se eliminaron. Posteriormente superado esto, se rehacen las zonas en neogótico y se añaden cosas nuevas. Durante mucho tiempo era un objeto preciado, símbolo de Francia pero, cuando hace unos años se incendió, cabe recordar que hubo mucha gente entristecida pero otra parte de la población, hasta cierto punto alegre, que veía algo positivo la perdida de ese elemento del Patrimonio. En esa Iglesia que «iluminaba más en llamas» se coronaron diversos monarcas franceses y Napoleón, es uno de los ejemplos más importantes del arte gótico, inspiró a Victor Hugo para escribir una de las obras cumbre de la literatura francesa, es el lugar donde se celebró el funeral de De Gaulle, ante ella se celebraron victorias militares… No es solo un símbolo del pueblo francés si no del mundo, es la encarnación de diversos eventos que marcaron el devenir de toda la humanidad.

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