La realidad de Gabo

Gabriel García Márquez nació en 1927 en Aracataca, Colombia, en el seno de una familia humilde. Fue uno más de entre los diez hermanos que poblaban su hogar. La importancia de su ciudad natal es fundamental para comprender su posterior desarrollo profesional. La influencia del Caribe en Gabo, nombre con el que fue conocido, es inseparable a toda su escritura. A pesar de abandonar la casa familiar temprano para estudiar en Barranquilla y después en Bogotá.

A partir de entonces, la vida del autor galardonado con el Premio Nobel girará en torno a las letras, sobre todo a las que aparecen en los diarios y periódicos de su Colombia natal. García Márquez comenzó a escribir una columna en El Universal bajo el pseudónimo Septimus. Aunque cursaba Derecho por complacer a su padre, la necesidad de escribir de García Márquez le empujó hacia otros derroteros y gracias a las revueltas conocidas como Bogotazo en 1957 comenzó a trabajar como reportero en El Heraldo.

El devenir de su carrera profesional hizo que Gabo nunca cursara más grados universitarios y viendo su trayectoria se puede llegar a afirmar que no le hizo falta. El joven reportero tuvo su primer gran éxito en 1955 tras la publicación de un reportaje en El Espectador que luego se editó como libro. Relato de un náufrago narra a modo de crónica en primera persona la experiencia de un náufrago tras un accidente naval de la Armada Colombiana. En el reportaje se pueden observar algunos elementos que serán comunes en sus obras posteriores; partiendo siempre de una realidad existente, García Márquez trata de dibujar el trasfondo de la historia con elementos controvertidos y hasta inverosímiles. Así pues, la atención que Gabo prestaba a los detalles en cualquier escrito se hizo palpable. Sus crónicas de los viajes a Hungría o Cuba ofrecen un retrato de personas y lugares con precisión de cirujano.

García Márquez se describió muchas veces a sí mismo como “siempre un periodista”. Utilizó el periodismo para nutrir sus historias, para no perder el contacto con la realidad. El oficio de escribir hizo que Gabo fuera capaz de crear. Pero su periodismo no fue sólo un medio para alcanzar la fama de la literatura; el Gabo periodista permaneció agazapado, dormido en la mente del reconocido escritor y eso resulta evidente en cualquiera de sus obras.

Si duda, la primera noticia sensacional que se produjo -después de la creación- fue la expulsión de Adán y Eva del Paraíso. Habría sido una primera primera página inolvidable: «Adán y Eva expulsados del Paraíso» (a ocho columnas).

Los precursores, 10 de agosto de 1954, El Espectador, Bogotá. Gabriel García Márquez

Cuando uno lee las columnas de García Márquez tiene la sensación de estar frente a uno de esos afortunados que es capaz de llenar su hueco en el periódico sin mostrar signos de fatiga o esfuerzo. De este modo, el joven García Márquez ya tenía la capacidad de poder publicar un artículo en su columna La Jirafa en el que habla de por qué no publica los lunes y lo placenteras que son las tardes de domingo. O en el artículo Tema para un tema, en el que debate la utilidad de buscar un tema para un artículo hasta agotar las palabras que tenía disponibles y terminar con un “hay quienes convierten la falta de un tema en tema para una nota periodística. El recurso es absurdo… ¡Caramba, pero muy fácil! ¿No es cierto?”.

Podría decir que la realidad invadió a García Márquez en algún momento de su vida y este no supo ni quiso deshacerse de ella. A pesar de las infinitas ocurrencias que aparecen en Cien años de soledad o El amor en los tiempos del cólera, el autor no pierde las ganas de seguir contando, impulso que le hizo abrazar el periodismo. Narrar era para Gabo su particular forma de vivir. De otro modo, no se entiende ese afán de agarrar y no soltar una historia, como sucede en Crónica de una muerte anunciada, quizá la más periodística de sus novelas. Aunque el verdadero meollo de la historia se sabe desde el primer capítulo de la obra, el trasunto de la misma fluye a través de entrevistas infructuosas y confesiones susurradas. Es la búsqueda de un porqué la que guía una historia.

Así sucede también con El coronel no tiene quien le escriba. Gabo aprendió del periodismo el oficio sin ir a clase. Viajó, vio, conoció, preguntó y, al final, lo escribió todo donde pudo. No es sino de esta forma por la que se entiende que salte tan alegremente de la novela al artículo y de vuelta a la novela larga y extensa. La búsqueda de un soporte en el que descargar el torrente quizá en ocasiones demasiado desbocado; la admiración de la realidad que retrató en una pregunta sobre la vida y el más allá que solventó con un “yo pediría poder ver la vida desde la muerte”.


Buscamos nuevas voces


El día que su realidad se apagó, al menos de la forma en la que todo el mundo la conocía, significó una única cosa: desde aquel 17 de abril de 2014 ninguna otra frase sería esbozada por el tipo al que sus amigos de la infancia llamaban “Viejo”. Su extinción quizá es diferente a la de muchos otros, no en resultado, sino en la forma. Al final, Gabo terminó como terminan todos, pero su realidad ya apaciguada e insondable por definición queda en los estantes de librerías, bibliotecas y casas. Así como se marchitaron las revoluciones de mitad de siglo, quedará para quien quiera leerlo un retrato diferente de un tiempo pasado auspiciado por el recuerdo de una infancia en el Caribe que toma de la mano al lector y le acomoda junto a su asiento de avión mientras tirita de pavor porque no le gustan los artefactos que vuelan.

La muerte de Gabo significó, en lo general, que ya no necesitaba más realidad que consumir. En lo académico se suele decir que Gabriel García Márquez fue uno de los máximos exponentes del Realismo Mágico, movimiento literario que sacudió la literatura latinoamericana y provocó un escenario hasta ese momento inaudito. Sin embargo, aunque es cierto que hay gran dosis de realismo y algo de magia en las obras, García Márquez no fue más que un sirviente de su propia vida. Algo así como un preso del periodismo que le tuvo bajo cautiverio obligado a ver, analizar y escribir lo que el mundo quería contar.

David Jiménez Flores
Un hombre libre.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: