Hasta en la sopa

Si no te suenan los nombres de Kylian Mbappé y de Erling Braut Haaland probablemente es que llevas viviendo un par de años en una cueva. Incluso si no te gusta el fútbol habrás oído a algún familiar o amigo hablar de ellos. Diría que es prácticamente imposible no haberte topado con alguno de estos nombres de difícil articulación.

Para los más forofos del fútbol esto les parecerá una especie de déja vu. Hace unos quince años, todos los panfletos deportivos españoles aparecían con portadas de un pequeño argentino con pelo desaliñado que había enamorado a los culés, y de un portugués adolescente que volvía loco a los ingleses. A mí esa época me pilló demasiado joven como para entender que estaba sucediendo en el fútbol y que estaban haciendo esos muchachos, pues mi única preocupación era salir por la tarde a la calle a dar cuatro patadas -mal dadas- a un balón que pedía a gritos un recambio y coleccionar cromos.

Bien sea vía Twitter o en las charlas de bar (cuando están abiertos) el debate es, ¿Haaland o Mbappé? Menuda pregunta. Normalmente los personajes que participan en estas charlas coloquiales son madridistas o culés confesos; no encontrarás a alguien del Rayo Vallecano debatiendo sobre quién convendría más a su equipo. También se ha vuelto un debate de cuñadismo, uno de los deportes que mejor se nos da a los españoles. Un tema de conversación perfecto para romper el hielo una vez conoces a alguien.

No pasa nada por ilusionarse en que estas dos estrellas vayan a marcar una época y se disputen los próximos diez balones de oro, ojalá. Pero quizás hay que ser precavidos y cautelosos con este perfil de jugadores prometedores que despuntan de tal manera a una temprana edad, ya ha habido demasiados casos de «juguetes rotos» que nos han desilusionado. Ni uno ni otro será el nuevo Messi o Cristiano. Serán jugadores especiales, llamados a ocupar las portadas de los periódicos durante varios años, pero jamás como ellos.

Sin darnos cuenta, tenemos a un tal Neymar Jr cerca de cumplir la treintena y, sin menospreciar su calidad ni su trayectoria, aún seguimos esperando los balones de oro que nos prometieron que iba a ganar. En su defensa hay que decir que las lesiones no le han ayudado. Tampoco ayuda que Cristiano y Messi parezca que vayan a prolongar su carrera hasta los cuarenta.

No me voy a dedicar a tirarles muchas flores a estos dos cracks, porque ya de sobra es conocida la calidad y proyección que tienen. Ambos acapararán los escalones más altos del podio del fútbol mundial, con mucha diferencia con los de debajo. Quizás ese puro talento portugués llamado Joao Félix pueda ser ese tercero en discordia, pero aún le falta continuidad a su innegable calidad. Si son capaces de mantener la cabeza en su lugar, controlar los egos y no dejarse llevar por malas compañías podrán ser los nuevos ídolos de los niños pequeños que están creciendo ahora mismo y no tuvieron la fortuna de crecer con Messi y Cristiano rompiendo todos los récords del fútbol. Ojalá estas generaciones puedan tener esos ídolos que todos en un determinado momento de nuestra vida tuvimos.

Por el momento, prefiero abogar por la calma y disfrutar de ellos y su crecimiento.

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