El Mundial de nadie

El medio británico The Guardian ha revelado que al menos 6.500 trabajadores inmigrantes han fallecido en Qatar desde 2010, año en el que la FIFA adjudicó al país árabe el Mundial previsto para 2022. El estudio no revela cuántas de estas muertes han ocurrido en los procesos ligados directamente a la construcción de escenarios dispuestos para albergar la cita futbolística, pero la puesta en marcha de la construcción de estas infraestructura ha incrementado la necesidad de mano de obra y, por tanto, puede estar relacionada con un incremento en las cifras de muertos.

Los datos han sido recogidos y elaborados gracias a los censos de los países de origen de los trabajadores migrantes que fallecieron en Qatar. India, Nepal, Bangladesh Pakistán o Sri Lanka son algunos de los países que más trabajadores envían a Qatar. Sin embargo, este estudio no cuenta con las cifras de fallecidos de otros países emisores de trabajadores como Kenia o Filipinas por lo que el número de fallecidos sería en realidad mayor.

Estos trabajadores son la mano de obra que Qatar emplea para construir todo tipo de infraestructuras relacionadas con el macroevento deportivo: estadios, hoteles o aeropuertos. De todos los fallecidos, la organización sólo reconoce 37, siendo 34 «fallecidos por causas naturales».

La inexistencia de autopsias es un punto clave en el debate sobre las condiciones de los trabajadores. La organización no realiza estos procesos a los operarios fallecidos por lo que no se puede esclarecer la causa del deceso. Aún así, todo apunta a que el calor extremo que el país sufre durante gran parte del año puede ser un factor importante a la hora de examinar las causas de la muerte, además de las caídas o los diversos accidentes laborales.

Lo cierto es que Qatar está en el punto de mira de los aficionados al fútbol. El Mundial de 2022 se celebrará en un país con nula afición histórica al deporte rey e interrumpirá los campeonatos europeos pues su celebración está prevista para noviembre y diciembre de ese año. El amaño del proceso ya ha quedado demostrado. Sólo Mohammed bin Hamman, presidente de la Federación Qatarí y de la Confederación Asiática de Fútbol en aquel entonces, pagó 3,7 millones de euros para conseguir votos clave y asegurar la elección de Qatar como sede del fútbol mundial durante más de un mes.

Pero la polémica no acaba ahí. Qatar es señalado por los colectivos defensores de los derechos humanos por ser un estado poco transigente con los cambios. El papel de la mujer y su libertad ha quedado retratado tras la celebración del último gran acontecimiento deportivo. En el Mundial de Clubes celebrado en este 2021 se produjo una estampa que bien podría ser reflejo de todo lo que la FIFA se esfuerza por esconder.

La realeza qatarí rehusó saludar a los miembros femeninos de la representación arbitral del torneo. Y teniendo en cuenta los esfuerzos por expandir y dar importancia al fútbol femenino que las federaciones de fútbol están haciendo, esta situación no gustó nada en las redes. Los críticos se mostraron implacables con la desfachatez del jeque y la impasividad de la FIFA antes estas actuaciones. No resulta extraño que algunos sectores de aficionados y medios comiencen a plantear un boicot al Mundial de 2022.

Se trata de otro episodio de hipocresía en el fútbol agravado si cabe con mucho dinero de por medio. A pesar de que ya han quedado probadas las irregularidades del proceso, Qatar se mantiene como sede en una demostración de la importancia que tiene en el fútbol moderno el aficionado y el dinero.

David Jiménez Flores
Un hombre libre.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: