Los granjeros fichan por la liga española

El FC Barcelona sufrió el pasado martes el recital del PSG en general, y de Kylian Mbappé en particular. Al día siguiente, el Sevilla de Lopetegui no pudo parar a Halaand y compañía. El jueves, en Europa League, también vimos a la Real Sociedad siendo vapuleada en su propio feudo ante un Bruno Fernandes pletórico.

Si esto llega a suceder cinco años atrás, hablaríamos de algo anecdótico, no se le daría mayor importancia. Al final de temporada veríamos, con casi total certeza, al Real Madrid levantar la enésima Champions y al Sevilla o al Atlético de Madrid alzándose con otra Europa League.

El declive de nuestra competición doméstica está siendo una realidad. Y lo peor de todo es que no sólo es visible los fines de semana, sino que también se traslada a la competición europea. Y no hablo sólo de resultados, también de nivel futbolístico. Quizás se deba a la ausencia en los banquillos de los gurús de la pasada década, o un cambio generacional en el que hemos sufrido una fuga de cerebros al resto de Europa. Me refiero a nombres propios como los de Pep Guardiola, Mourinho, Cristiano Ronaldo, Neymar Jr, Thiago Alcántara, Di María, Agüero, De Gea, Fabián Ruíz, Rodri y un largo etcétera. Futbolistas y entrenadores que abandonaron nuestra liga para probar suerte en el resto del continente, bien porque no se apostó lo suficiente por ellos o porque simplemente aquí se jugaba a otra cosa totalmente diferente que no encajaba con sus perfiles.

También, en clave económica, nos hemos quedado atrás. Real Madrid y Barcelona no son los trasatlánticos que se podían permitir realizar inversiones millonarias sin importar el precio. Quizás se deba a errores o apuestas falladas que aún lastran a ambos clubes.

Esta última semana se ha realizado la confirmación de algo que lleva unos años fraguándose. Los resultados de los equipos españoles en competición europea son un reflejo de la pérdida de la hegemonía de nuestro fútbol. Cada vez que Gianni Infantino o el embajador de la Champions League de turno abre una bolita y sale el nombre de un equipo español no se produce esa sensación de miedo en el rival. Esa sensación que durante la década pasada se palpaba en cualquier equipo inglés, italiano o alemán.

No está siendo algo nuevo de esta temporada. El Barcelona lleva desde 2015 (año que ganó su último título europeo) sin levantar cabeza en Champions; el Atlético de Madrid ganó su último trofeo europeo en 2018 en Tallin, imponiéndose a su máximo rival en la Supercopa de Europa; y precisamente el Real Madrid ganó el Mundial de Clubes en el mismo año, pero ya sin un Cristiano Ronaldo al que sin duda echan en falta. La única excepción, y quizás nuestro último reducto en Europa, es el Sevilla ganando la pasada edición de la Europa League y plantando cara al Bayern de Múnich en la Supercopa.

El relevo lo están tomando los equipos ingleses y alemanes. Estos últimos han transformado la forma predominante de jugar al fútbol, sobre todo desde el banquillo con técnicos como Hans-Dieter Flick, Jürgen Klopp o Julian Nagelsmann.

Vía SofaScore

Si nos ponemos en perspectiva con la temporada actual de La Liga Santander, vemos cómo los equipos de la zona media-baja de la tabla han dado un paso hacia delante y los equipos de la zona alta se han visto mermados en sus resultados. Durante la pasada década, Barcelona y Real Madrid (y en ocasiones el Atlético) se disputaban la liga a más de 90 puntos mientras que en las últimas temporadas apenas se sobrepasa los 80. En otras palabras, podríamos decir que el título está más barato en cuanto a puntos necesarios para ser campeón.

Con esto tampoco hay que quitarle mérito a lo que está cosechando esta temporada el Atlético de Madrid pues con la mitad de jornadas jugadas tenía una proyección de unos cien puntos al final de temporada, algo que está por ver si pueden lograr. Lo que sí es innegable son los problemas de competitividad que tienen Barcelona, Real Madrid o incluso Sevilla, por no hablar del Valencia CF que demasiados problemas tienen ya como para preocuparse por competir un título liguero del que se encuentran muy alejados. Se produce esa sensación de que cualquier equipo pequeño puede ganar a los grandes, o por lo menos plantarles cara.

Parece ser que las mofas que se han realizado a ligas como la alemana o la francesa en cuanto a nivel futbolístico están quedando desfasadas, y quizás ahora «los granjeros» se han mudado a la liga española.

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