La cara oculta de Mercadona

El supermercado en el que cada día miles de españoles hacen la compra es objeto de críticas en las redes por las supuestas condiciones laborales que tienen sus trabajadores. Mercadona es una de las empresas con más presencia en la vida de las familias. Sus productos se amontonan en los estantes y dan de comer a miles de ciudadanos. Marcas como Hacendado o Bosque Verde ya son reconocidas por casi cualquier persona. A pesar de que todo puede parecer bonito, el supermercado con más de 1.600 tiendas podría tener un lado oscuro en el trato con sus trabajadores. En Leteo hemos podido hablar con una extrabajadora de la empresa para comprobar la veracidad de los rumores que corren por la red.

Pero antes, cabe ponerse en situación. Mercadona nace en 1977 fundado por Francisco Roig Ballester y Trinidad Alfonso Mocholí. El matrimonio convierte las carnicerías del negocio familiar en ultramarinos. Poco más tarde, en 1981, Juan Roig, actual presidente de Mercadona, compra la empresa a su padre. Los nombres de su esposa, Hortensia Herrero, y sus hermanas también aparecen en la operación.

A partir de entonces, Mercadona comienza un camino de meteórica ascensión hasta convertirse en lo que hoy se conoce. Se abren tiendas paulatinamente y el negocio da el salto a Madrid. En 1990 el matrimonio de Juan Roig y Hortensia Herrero asume la mayoría accionarial de Mercadona. En este momento, la empresa ya contaba con un centro logístico mecanizado pionero en España y había adquirido varios supermercados como Superette, Dinos o Super Aguilar. Los años noventa y el inicio del nuevo siglo supusieron un fuerte cimiento en la empresa pues fue el momento de la creación de la estrategia Siempre Precios Bajos o la elaboración del primer convenio de empresa.

La empresa comienza una carrera que no se ha detenido hasta hoy. Todas las provincias, y Ceuta y Melilla, tienen algún supermercado Mercadona abierto y el frenesí expansionista de Juan Roig ha llevado a Mercadona a abrir sucursales en Portugal. En concreto son catorce los supermercados que ya hay en el país vecino.

Ante esto, son muchos los que alaban el modelo de gestión de Mercadona. Un modelo denominado de “calidad total” que se estudia en las universidades de todo el mundo. La eficiencia y auge renovador de la empresa resulta clave para comprender el crecimiento exponencial de la misma. La paulatina introducción de secciones de género fresco o la innovación de productos alimentarios ha llevado al éxito al supermercado. Además, la firma cuenta con un programa de contratos fijos que le ha granjeado una excelente publicidad de cara al público. Mercadona no cuenta con trabajadores con contrato temporal. Toda su plantilla cuenta con un contrato fijo, con una duración estipulada de tres años, tras superar el periodo de prueba.

En internet abundan las críticas por parte de extrabajadores de Mercadona, aunque casi siempre se ha querido contar como poco más que una leyenda urbana. Sin embargo, los medios han desvelado paulatinamente ciertos comportamientos de la empresa para con sus empleados reprochables o directamente ilegales. Es el caso del programa Salvados emitido en 2016 o artículos publicados en medios como Ok Diario y La Marea. Cada vez son más los trabajadores o exempleados descontentos con el trato de una empresa que goza de muy buena publicidad a pesar de no invertir en ella, al menos desde la oficialidad.

El equipo de Leteo ha podido hablar con una exempleada de Mercadona que trabajó durante siete años en la empresa. La extrabajadora cuenta cómo los inicios de un trabajador de Mercadona siempre pasan por un cursillo inicial. “Todos hacemos ese curso la primera semana de contratación. Nos convencen de que Mercadona es un mundo aparte, de que no hay otro supermercado en el que estén tan volcados como ellos. Dicen que sus productos no tienen competencia en la relación calidad precio”. Mercadona tiene una especial denominación para hacer referencia al cliente: El Jefe. Llevando así a su límite la estrategia de “calidad total”. “Dicen que el jefe nunca puede quedar descontento con nada y que depende de nosotros saber vender cualquier cosa”, dice la extrabajadora cuando se pregunta por uno de los mitos de Mercadona. Además, añade que “en estor cursos también hacen ejercicios de grupo en el que el profesor contaba historias con diferentes personajes. Una vez finalizaba, entre todos los trabajadores debíamos llegar a la misma conclusión. Es un ejercicio que se realiza para ver si puedes convencer a los demás con tus argumentos”.

A pesar del curso, su experiencia inicial no fue desagradable. “Cuando yo entré, teníamos una coordinadora con la que hicimos un buen equipo. Ella sabía que todos dábamos el máximo en el trabajo y apreciaba nuestro esfuerzo. Además, daba la cara por nosotros, pero eso a Mercadona no le sirve porque quieren machacar a los trabajadores. Ella duró muy poco, dos años”. A partir de entonces, comenzaron los problemas para ella. “Llegó una nueva coordinadora y su carta de presentación fue decirle al gerente B (nombre que recibe el encargado de cada turno) que quería vernos sudar la camiseta. De hecho, ni siquiera se dirigió a nosotros”. Cuenta cómo en el tiempo en el que esta coordinadora estuvo en la empresa hasta ocho trabajadores terminaron por irse de Mercadona.

Otro aspecto relevante de los contratos de Mercadona es el sueldo. La empresa ha ganado mucha fama al circular rumores del supuesto sueldo de los trabajadores, pero este punto también parece estar en controversia dentro de la misma empresa. “Para llegar a cobrar 1.500 euros hay que pasar varios tramos. Debes estar en la empresa al menos cuatro años para poder cobrar esa cantidad. Y lo que la gente no sabe es que dependes de un coordinador. Él es quien decide si te lo mereces o no. Además, hay que pasar una especie de examen cada seis meses”.

La extrabajadora cuenta que la presión y el esfuerzo a los que estaba sometida eran muy altos. “Teníamos que vender, pero nunca estaban satisfechos con el resultado. Debíamos tener el camión colocado, pero a la vez sólo podíamos estar en nuestra sección. Mi puesto era el de perfumería. Debía vender y colocar mi camión. Para ello debía desmontar palés de droguería pues venían juntos con los de perfumería. Para desmontar los palés tenía que subirme al último escalón de una escalera de tijera para ponerme de puntillas y estirar los brazos hasta arriba. A veces, ahí estaban las cajas de suavizantes que pesan hasta veinte kilos”. Luego, los trabajadores deben colocar el género rápido para volver a su puesto y vender lo máximo posible. “Después de eso, todo eran quejas porque no había vendido lo suficiente. Al final terminas por pensar que da igual lo que hagas”.

La exempleada sufrió una lesión en el hombro. Continuó trabajando hasta que el dolor le impidió desarrollar con normalidad su trabajo. “Hay médico de empresa, pero no sirve. La coordinadora se metía en la consulta con el médico y me preguntaba si tenía algún problema con que ella estuviera allí. Si decías que sí, podías esperar lo peor”. Cuenta que ante eso no se puede hacer nada, que era imposible expresarse libremente con una superior en una sala privada. “Tenía el tendón roto y la aseguradora, Fremap, me decía que Mercadona no les dejaba dar bajas. Tuve que operarme porque tenía un tendón roto en el hombro y a los quince días me quitaron el cabestrillo y me mandaron a trabajar”. Esta extrabajadora cuenta cómo su paso por la empresa acabó sumiéndola en una vorágine personal. “Tuve que tomar ansiolíticos y antidepresivos. Acabé fatal de los nervios”.

La extrabajadora cuenta que la buena imagen de la empresa sobrepasa los límites de cualquier experiencia personal que se pueda contar. “Una vez me encontré con un cliente al que había atendido más de una vez. Yo ya no estaba trabajando allí y le conté todo lo que me había pasado. Cuando terminé de hablar me preguntó cómo podía entrar en Mercadona. Creo que hasta que no lo vives, no lo puedes comprender.”