Las apuestas deportivas han proliferado en España como si se tratara de una pandemia. De hecho, muchos califican a esta modalidad del juego como una práctica que lleva a la enfermedad tarde o temprano.

El auge de los locales de apuestas deportivas ha producido un incremento exponencial del número de jugadores. Sin embargo, cuando se trata de dinero y conductas potencialmente adictivas siempre habrá una parte negativa en el asunto. En este caso se habla de ludopatía. Del latín ludus (juego), que se refiere a la adicción al juego. Esta afección ha existido desde siempre con las clásicas máquinas tragaperras de bar, el póquer, la ruleta o los juegos de casino más habituales como el Black Jack. La aparición de internet supuso el auge casi definitivo para las compañías dedicadas a los juegos de azar: ya no había que ir a un casino, bar o local; se podía jugar desde la comodidad del hogar. El asunto no solo se ha vuelto peligroso, sino más adictivo puesto que ahora se puede jugar a cualquier hora del día durante todos los días del año.

El valor de la inmediatez proporcionado por la interconexión de los múltiples dispositivos inteligentes utilizados a diario parece haberse vuelto en contra de los usuarios: ahora hay adictos al trabajo, a las redes sociales y el número de ludópatas (tratados o no) se ha disparado. El peligro de todo esto parece no haberse dilucidado hasta hace muy poco. Se ha estallado la burbuja del juego, pero ¿es demasiado tarde?

La dinámica negativa es una constante en el mundo del juego. Los juegos de azar están hechos de tal modo que el casino siempre gane. Si se apuesta a todos los números de la ruleta europea se pierde porque el número se paga a 36 a 1 y hay 37 números. Pero los humanos, casi por naturaleza, creen que su suerte cambiará en algún momento y tocará ganar. Así se explica la ludopatía. “Ganas y piensas que se trata de un chollo. Te gusta, empiezas a ir a jugar solo y cuando te falta el dinero lo sacas de cualquier sitio. Comienzas a pedírselo a amigos y luego pasas a préstamos del banco y tarjetas”, comenta la persona detrás de un perfil anónimo de Twitter dedicado a contar sus malas experiencias en el juego y cómo salió de allí.

Otro joven que prefiere mantenerse en el anonimato explica: “Empecé a jugar con amigos y me entró la curiosidad. Quería ver si podía pagar los caprichos del fin de semana”. Pero luego todo fue a peor: “Me enganché. Iba todos los días a la casa de apuestas. Terminaba dejándome mucho dinero”.

Este joven forma parte de un colectivo silencioso por la vergüenza que produce reconocer la debilidad individual, la adicción al juego y el proceso de recuperación. “No tenía dinero y tenía que recuperarlo de alguna manera. Hice cosas de las que me arrepiento a día de hoy”. Pero este joven decidió cambiar: “Me denuncié en comisaría para que se me prohibiera el paso a cualquier casa de apuestas. Ya no podía entrar en los locales ni apostar”.

Lo que comienza como una apuesta puede convertirse en un gran vicio, así como sucede con el alcohol u otro tipo de drogas. No obstante, el problema parece residir aquí: ¿por qué se sigue publicitando el juego a todas horas cuando puede acarrear conductas tan negativas como las de las drogas?

Tipsters

Las apuestas deportivas son todo un mundo en el que cuesta mucho adentrarse y conocer todos los términos. Sin embargo, es bastante fácil encontrarse con cualquiera que se las dé de pronosticador en las redes. Es lo que se conoce como tipster. Los tipsters son personas que, en un principio, conocen un aspecto concreto del deporte y sacan rentabilidad de su conocimiento. Es decir, expertos en algún deporte que apuestan porque pueden predecir con una fiabilidad notable diversos sucesos dentro de un evento.

Estos tipsters se mueven en la aplicación de mensajería instantánea Telegram. Se trata de una plataforma similar a WhatsApp en la que no es necesario tener el contacto asociado al teléfono visiblemente. Es decir, para poder tener cuenta en Telegram sí se necesita un teléfono, pero luego se puede elegir un alias o nick que haga las de número de teléfono; la gente no se encuentra entre sí por el número, sino por el nombre. De este modo, la identidad puede quedar oculta tras un perfil falso o no identificado. Telegram es el nido de los tipsters; su isla fuera de cualquier ley en la que ellos son dueños y señores de todo lo que allí se mueve.

Telegram es una colmena de gente que o bien vive o quiere vivir de las apuestas deportivas. No solo hay tipsters, sino que el espectro de servicios ofrecidos en esta especie de zoco del juego es desconocido para el gran público. Los tipsters se mueven en canales, es decir, una especie de grupos en los que solamente habla el administrador. El resto de usuarios son espectadores. Debido a la demanda de canales, se ha creado el negocio ligado al crecimiento de los mismos. Existen “canales soporte” utilizados por los administradores para subir miembros a otros canales previo pago de una determinada cantidad. El precio varía por visitas en el canal o nuevos suscriptores. Se paga por visibilidad y se paga caro. El precio medio por “recos” -denominación utilizada en la jerga de Telegram para referirse a los mensajes publicitarios- varía desde los veinte euros hasta varios miles de euros en los canales más grandes del panorama nacional. Las visitas garantizan movimiento en el canal y nuevos miembros dispuestos a pagar por pronósticos. También se publicitan diseñadores gráficos que crean los logotipos de los canales y gestores que ayudan a que los canales suban miembros.

Un tipster comenta: “Telegram está podrido. Muchos tipsters han huido hacia otras plataformas como Betsfy, pero al final es más de lo mismo”.  El tipster administrador del canal ApuestasMiguel responde a una pregunta sobre las estafas en Telegram: “Las famosas fixed bets o partidos amañados me cabrean mucho porque todas las semanas me viene alguna persona diciendo que ha sido estafada por culpa de un canal que le decía que la apuesta era segura y que ha hablado con el jugador -refiriéndose a apuestas de tenis-. Esto no acabará nunca y lo peor de todo es que nos mancha la imagen a nosotros”.

Los tipsters pueden llegar a ganar dinero con sus canales premium, pero no es un camino tan fácil como muchos quieren hacer ver. Miguel dice que “si se tiene talento y si también se tiene mucho dinero para empezar, pues quizás sí puede que sea una buena opción, pero a diario veo miles de canales nuevos que empiezan a pagar publicidad y finalmente no recuperan la inversión, esto es como toda inversión, puede salir bien o puede salir mal”. No obstante, Miguel hace especial hincapié en la necesidad de contar con una buena inversión inicial para poder llegar a ser rentable.

La mayor parte de tipsters son reticentes a hablar con la prensa y más cuando se pregunta por cifras concretas. El canal gratuito de Miguel tiene más de quince mil seguidores. Con respecto a los servicios de pago comenta que “depende claramente del volumen de personas premium que tenga un canal, hay canales con 400 – 500 personas a 30€ al mes, pero la mayoría rondan los 70 – 100 miembros al mismo precio”. Es decir, según estimaciones de un pronosticador que lleva diez años en la plataforma, un canal como el suyo pude llegar a generar de media unos 2.550 euros mensuales sin contar con registros en casas de apuestas o pagos específicos por otros servicios como retos o servicios personalizados.

Javi García es tipster de un canal que lleva su nombre. Actualmente cuenta con más de ocho mil miembros en su canal gratuito, pero lleva poco tiempo dedicándose a las apuestas de manera profesional. “Desde que era menor ya apostaba. Pero me di cuenta de que era un trabajo hace poco, cuando empecé a facturar dinero para vivir bien”. Javi García es uno de esos tipsters que llevan estadísticas de su trabajo y poseen una legión de fieles seguidores. “Conozco a tipsters que ganan hasta 100.000 euros en un mes; otros ganan 10.000, pero todo depende de los canales”.

El testimonio de Javi García es cierto. Los tipsters más grandes de España ganan cientos de miles de euros en muy poco tiempo. Tipsters como Tipsterapuesta, Gayá, NBA Spain o Tipsanalistas forman un monopolio de canales gigantes. Si se quiere crecer en Telegram, se debe hacer publicidad en sus canales, aunque sus prácticas sean desaconsejables. Estos canales son conocidos por no llevar estadísticas de su trabajo, estafar dinero a usuarios y borrar los malos resultados a ojos de todos. Pero aún así siguen aumentando seguidores. En palabras de Javi García, “la gente en Telegram es un perfil más “ludópata”. No buscan ganar dinero a largo plazo”.

Estos grandes canales se asocian y se pelean entre ellos de la noche a la mañana, pero normalmente están unidos por acuerdos comerciales. David Chan es el fundador de la empresa Betmedia, entidad encargada de conseguir acuerdos con casas de apuestas. Posteriormente, esta empresa creó Betsfy, una plataforma diseñada y contralada por tipsters cuyo único fin es hacer ganar más y más dinero a los pronosticadores. La aplicación en un principio fue publicitada como una plataforma en la que los tipsters podrían llevar sus estadísticas y ser más transparentes que en Telegram. Nada más lejos de la realidad, en Betsfy también se pueden falsear estadísticas y colar pronósticos acertados por otros fallados.

La proliferación de los tipsters va ligada al incremento de jugadores. Todo el mundo busca lucrarse: las casas del dinero de los jugadores, los jugadores con el dinero de las casas y los tipsters de ambos. Por este motivo, centenares de tipsters se pelean en Telegram para ver quién gana más dinero en menos tiempo. Todo parecería funcionar correctamente de no ser por dos elementos que hace dinamitar la comunidad de tipsters y seguidores de Telegram: desconocimiento y avaricia.

Las apuestas deportivas, dicen los pronosticadores, son una inversión como cualquier otra si se realizan correctamente y siguiendo los pasos de un experto de verdad. El verdadero problema está en los no iniciados en la materia, los recién llegados. Es bastante habitual ver en redes como Instagram y Twitter publicidad de los tipsters más grandes del panorama nacional. Se anuncian con influencers, diversas personalidades y casas de apuestas cuyo potencial y rango de acción es casi ilimitado: llegan a todos los lugares y a todos los públicos.  Los tipsters buscan en Telegram un buen público objetivo, lo que en términos económicos se conoce como target. Varones entre 16 y 30 años que sigan a cuentas de deportes y si es posible a algún tipster. Los jóvenes son uno de los nichos más rentables para los tipsters pues aúnan dos elementos esenciales para que sean clientes excepcionales: inexperiencia y desconocimiento.

La mayoría de los tipsters buscan ante todo su propio beneficio y lo hacen de varios modos:

A través del pago de servicios “premium” en Telegram. Se trata de grupos o canales privados y cuyo acceso sólo se puede realizar previo pago de una mensualidad que varía en función del tipster y servicio.

A través de afiliaciones con casas de apuestas o empresas dedicadas a las afiliaciones. Los usuarios se registran, depositan y apuestan una cantidad determinada. Las bonificaciones vienen dadas por lo que se conoce como CPA, cantidad que se libera a través del depósito y apuesta de una determinada cantidad y que va dirigida al tipster gracias al registro del usuario desde un enlace único de cada tipster.

Revenue Share. Es un concepto desconocido. Se fundamenta en las pérdidas de los apostadores; la casa de apuestas ofrece al tipster un porcentaje de las pérdidas de los jugadores, es decir, contra más se pierda, mejor para el tipster.

El problema

Se sabe que existe un grave problema, pero ¿cómo resolverlo? Nadie se pone de acuerdo en identificar el verdadero problema e intentar solucionarlo. Muchos afirman que la única lacra existente es la aparición de locales de juego. Se han multiplicado las asociaciones contra las casas de apuestas; prácticamente hay una por ciudad ahora mismo. La mayoría de estas asociaciones abogan por cerrar todos los locales de apuestas deportivas. De hacer esto, ¿qué pasaría con sus dueños? Es fundamental conocer que la mayoría de locales de apuestas son franquicias: existe una marca -casa de apuestas- que cede su imagen y plataforma para que alguien, previo pago de cánones y franquicia, la explote en un lugar determinado. Un emprendedor monta su negocio para ganar dinero. En un principio, no parece tener nada de inmoral, no obstante, son centenares las asociaciones que les culpan como único causante de la ludopatía.

Los eslóganes se repiten: “Fuera las casas de apuestas de nuestros barrios”, “no a las casas de apuestas en barrios obreros” o “stop casas de apuestas”. Si se cerraran los locales, parece que surgirían otros dos problemas más: dueños de locales enfadados con una inversión en la ruina y un incremento del juego online. Por este motivo, muchos defienden una solución pautada con todos.

Muchas de estas plataformas recriminan a los locales su ubicación: cerca de colegios, institutos o incluso centros de rehabilitación de ludópatas. Piden al Gobierno una regulación severa con respecto a la localización de los locales. Los dueños de los negocios comentan que hacen todo lo posible por cumplir la normativa, pero siempre habrá quien apueste ilegalmente con un carnet falso.

Las medidas de acceso a la mayoría de locales de apuestas deportivas y juego se han endurecido. Ahora se debe presentar obligatoriamente el DNI o “fichar” con la huella dactilar. En todos los locales visitados para comprobar las medidas de seguridad se tenía como mínimo uno de estos controles implantados. Antes no era así; era habitual que los menores deambularan por la ruleta porque los empleados hacían la vista gorda. Las redadas policiales han ido en aumento y los propietarios de estos locales se han dado cuenta de que pierden más de lo que podrían ganar si los menores entran a sus negocios.

Las casas de apuestas online son otro mundo. Hay una variedad impresionante, prácticamente cada seis meses aparece una nueva opción para apostar. Cada casa ofrece un bono de bienvenida cuyos términos varían en función de la casa, el primer depósito o el momento de registro. Los bonos son promociones que buscan incrementar el número de registros.

Las apuestas online llegan a ser más peligrosas que los propios locales: no tienen horarios, no implican el desplazamiento físico a ningún sitio, siempre están en el móvil y no existe la necesidad de entablar relación con nadie. Muchos apostadores viven con ansiedad e insomnio a causa de la práctica del juego online: apuestan a la NBA y no pueden dormir hasta ver el resultado del partido; apuestan a fútbol y no disfrutan del encuentro porque deben saber cuántos córners se han sacado.

Dostoievski escribió un retrato del ludópata ya en el siglo XIX. La novela no solo ilumina al lector en las experiencias del propio autor, es un relato válido para el hoy: el jugador sigue siendo el mismo elemento títere del juego incapaz de manejar su voluntad. El libro concluye de la siguiente manera:

“Aposté ese gulden a falta, y realmente hay algo especial en el corazón cuando, estando solo, en un país extranjero, muy lejos de tus amigos y no sabiendo qué comerás ese día, apuestas tu último gulden, ¡el último que te queda en el mundo! Esa noche gané 170 gulden. ¡ocurrió como lo cuento! ¡Ya se ve lo que ese último gulden significa a veces! ¿Qué sería de mí si no me hubiera arriesgado, si no me hubiera decidido a apostar? ¡Mañana, mañana, por fin cambiaré por última vez mi destino!”

El jugador, Fiodor Dostoievski

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