50 periodistas han sido asesinados en 2020

En un momento en el que parecía que la libertad de expresión se encontraba en su culmen, el Balance Anual de Reporteros Sin Fronteras contabiliza 50 asesinatos a periodistas por ejercer su oficio. Lo más preocupante del asunto es que crece en porcentaje el número de periodistas asesinados en países sin conflictos bélicos abiertos.

El oficio de informar siempre ha conllevado ciertos riesgos para el periodista, aún más cuando se investiga sobre temas como la mafia, el narcotráfico o tramas de corrupción. Sin embargo, la clásica concepción del riesgo de guerra se ha sustituido en una tendencia alarmante por un riesgo a informar en países «pacíficos».

Los datos apuntan a un hecho preocupante: el número de muertes ha disminuido en 3 víctimas con respecto a 2019 aún con la pandemia y los confinamientos vigentes. En un año en el que la cobertura informativa debía verse reducida en temática y movilidad, los enemigos de la libertad no han descansado en su empeño por cortar la pluma de los informantes.

Llama la atención la virulencia con la que se cometen estos atroces actos. En el informe se detallan muertes terribles de periodistas señalados anteriormente en público. México, India, Filipinas o Nigeria son algunos de los países en los que se cumplen estas especificaciones. Hay lugar para los periodistas asesinados directamente por los regímenes políticos como es el caso de Irán. También ha aumentado el número de profesionales que han perdido la vida en protestas o manifestaciones ocurridas por ejemplo en Nigeria contra la violencia policial.

Reporteros Sin Fronteras también hace referencia al número de periodistas presos por ejercer su libertad e informar. Hasta 387 profesionales se encuentran actualmente encarcelados por todo el mundo, 14 de ellos por asuntos relacionados con la Covid-19.

Las nuevas tecnologías y la facilidad de acceso a la información han proporcionado que los periodistas de los países con menos libertades tengan la posibilidad de hacer su trabajo a través de nuevas herramientas y medios. No obstante, la presión política o social acaba por derribar el constructo de libertad y conocimiento que muchos profesionales tratan de crear en todo el mundo.

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