Últimamente me he enganchado a los documentales, y debo decir que para ello Filmin es una plataforma clave. Busco en la sección «Documentales» y para mi sorpresa todos me llaman la atención: sobre globalización, sobre religión, sobre maltrato animal, sobre nacionalismo, etc. Uno de los últimos que he visto ha sido Fe y furia, subtitulado, por desgracia, ya que solo está disponible en versión original. Un documental muy interesante que, bajo la dirección de Marcos Pimentel, se centra en el conflicto religioso que tiene lugar en las favelas de Río de Janeiro, Brasil.

Salta a la vista que este largometraje no es imparcial, pero es evidente que no pretende serlo. Marcos Pimentel quiere dar voz a aquellos que sufren un acoso constante por tener unas creencias religiosas distintas al evangelismo, y por ello los protagonistas de este documental son principalmente adeptos a las religiones africanas Candomblé y Umbanda. Se muestra, en medio de unas calles repletas de pintadas dedicadas a Jesús, cómo la ola conservadora impulsada por el ascenso de Jair Bolsonaro al poder trae consigo disturbios racistas que los evangelistas, bien cubiertos tanto por el poder de la Iglesia como por el apoyo policial, remiten contra dichas religiones.

Se nos muestra un evangelismo con un poder descomunal: la policía ampara a aquellos que cometen los altercados, los párrocos incitan al odio contra las religiones africanas bajo el argumento del satanismo, la mayoría del capital obtenido en el negocio de las drogas va a parar muchas veces a la base de este movimiento religioso,… No es de extrañar que los seguidores de las religiones africanas se sientan indefensos. En cierta manera este documental es un grito de socorro, ya que la seguridad policial no está de su parte.

Dejando de lado el conflicto, me parece profundamente interesante la exposición de las religiones Candomblé y Umbanda tan desconocidas para mí hasta este momento. Reconozco que tuve que preguntarle a Google un par de cosas con respecto a estas debido a que, en ocasiones, se dan por sabidas sus creencias y sus tradiciones. Supongo que el documental no esperaba salir de los límites sudamericanos y llegar a España, donde estas religiones no se practican a gran escala y, por tanto, apenas son conocidas.

No sería acertado, pienso, decir que la misión de Fe y furia es dejar en mal lugar a los evangelistas radicales, sino la de dar a conocer una realidad latente y defender que todas las creencias son igual de válidas. Además, Marcos Pimentel se preocupa por dejar claro que no todos los evangelistas son iguales: a lo largo del largometraje también se da voz a aquellos que no entienden los ataques injustificados contra ciertas religiones. Ellos viven la religión a su manera, sin seguir las convenciones sociales establecidas porque consideran que no existe solo un camino. Dicho de otra manera, presentan una postura más individualista y opinan que cada uno debe vivir su fe.

Realmente me resulta paradójico que alguien que alaba a una figura de cera pueda destruir la de otra persona solo por ser una figura distinta. Me pregunto si ese es el camino a seguir y si hay una manera correcta de vivir la fe; mi respuesta es que no, mas realmente no puedo estar segura de ello. Desde luego, todo me resulta un acto de hipocresía mayor; me parece la lucha de clases dentro de la propia religión. Lo que sí tengo claro es que Fe y furia es un muy buen documental para conocer en primera persona este conflicto, tanto por su contenido como por su apariencia estética, y que recomiendo a toda persona interesada.

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