‘Paladión’ de Valerio Massimo Manfredi: de más a menos

Paladión se me presentaba como una lectura fresca, intrigante y atrapante; como una gran novela histórica con pequeños toques de misterio, pero finalmente resultó no ser así. Partiendo de un buen inicio histórico y una base mitológica, esta novela ha ido evolucionando hacia una especie de thriller ligeramente inverosímil que no ha conseguido convencerme del todo.

Valerio Massimo Manfredi tantea con esta su primera novela, publicada en 1985, el terreno sobre el que brillará con algunas de sus futuras publicaciones. Como experto del mundo antiguo, nos lleva hacia su campo en el que a mí, como amante de la historia de la Antigua Grecia y Roma, consigue conquistarme en un principio. La trama central me pareció resultona y llamativa: un arqueólogo cree haber encontrado el Paladión, la sagrada imagen de la diosa Atenea, y con él una historia repleta de misterios y maldiciones que tratará de sacar a la luz. Nosotros sabemos qué sucede y qué es lo que hay antes de que Ottaviani, el protagonista, comience su investigación puesto que Manfredi lo narra al principio con un par de feedbacks que sin duda son lo más interesante de la novela; pero cuando la historia comienza a desarrollarse en el presente y se centra en dicha investigación, el tinte histórico se hace a un lado para dar paso a una especie de carrera entre el protagonista y un grupo de hombres que pretenden utilizar el Paladión y todo lo que le rodea en su propio beneficio.

Paladión es, al menos, una novela sencilla y rápida de leer que consigue entretener al lector mediante una historia simple con trasfondo llamativo, aunque con ciertas lagunas y puntos desconcertantes. Su prosa ligera y su moderada extensión (unas 350 páginas) hace que no abandones la novela a la mitad por muy poco que te esté convenciendo y que continúes la lectura hasta conocer un desenlace confuso que a mí me supo a poco y que no consiguió levantar un hilo narrativo que había empezado tan bien. 

Sin que sea un mal libro ni una gran decepción con todas las letras, Paladión no se ha ganado un rincón especial ni en mi estantería ni dentro de mí. Es algo fácilmente olvidable, no tanto su esencia y lo que pudo haber sido como su contenido y resultado final. Con las fechas y los lugares que sirven de escenario precediendo cada situación, deja algunos buenos diálogos y descripciones perdidos entre sus páginas que no consiguen eclipsar el sabor amargo que deja la primera novela de Manfredi. Quizás mis espectativas fuesen demasiado altas, pero creo que todas ellas han sido alentadas por una trama que en mi opinión podría haberse desarrollado de otra manera.

Personalmente no la recomendaría; pero, como esta es solo mi humilde opinión, invito al lector a sumergirse en este libro para sacar sus propias conclusiones. En lo que a mí respecta solo puedo consolarme repitiéndome que «no todo pueden ser lecturas gratificantes».