Agotado de esta incertidumbre

Pasan las horas, los días, incluso semanas; y los millares de alumnos en las escuelas, institutos o universidades españolas no sabemos nada. Hacemos suposiciones y realizamos constantemente las mismas preguntas, ¿habrá clases?, ¿serán presenciales?, ¿tengo que buscar alojamiento en la ciudad donde se encuentra la universidad o lo haré todo online?

Son cuestiones reiteradas en los grupos de Whatsapp, en las conversaciones entre amigos… Pero, ante todo, aparecen en las tertulias dentro de las propias casas, donde hijos hablan con sus padres sobre qué harán en el curso entrante, los padres preocupados por la inexistente respuesta de sus hijos, y estos últimos con nervios, ansiedad e incertidumbre, sobre todo, incertidumbre.

Es 26 de agosto y, en nuestro caso, poseemos un documento burocrático lleno de palabrería que, a efectos prácticos, ni despeja ni sentencia absolutamente nada, solo genera más dudas. Personalmente, me cuesta entender que sobre el tema educativo, nos tengamos que enterar por la prensa, me cuesta entender que las universidades públicas españolas no mantengan informados a sus alumnos sobre qué vamos a hacer, ni que los responsables educativos, a todos los niveles, no informen ni lo hayan hecho todavía. Aunque lo que parece peor es que, probablemente, ni ellos sepan qué vamos a hacer, lo cual me resulta aún más preocupante, si cabe.

Lo único que está quedando claro es que Josep Pedrerol vuelve antes de sus vacaciones porque Messi se va del Barça, pero ni el gobierno, ni las Comunidades Autónomas van a trabajar eficazmente (y más) para ofrecer un plan contra esta situación extraordinaria. Ante tal realidad, solo me queda decir: recoges lo que siembras, supongo.

Quizás llevamos en este estado de incertidumbre desde el 14 de marzo de 2020, cuando decretaron el cierre de las universidades madrileñas por la COVID-19, durante todo el cuatrimestre trabajamos en nuestra tarea, en una labor de improvisación fuera de lo común por parte del profesorado, bueno, de aquellos que quisieron, porque hasta que no se les obligó, hubo profesores que renegaban de trabajar en estas condiciones. Ahora, con una segunda oleada a la vuelta de la esquina, si es que se había pensado algo, ya no vale, porque la situación en la que estamos empieza (por no decir que ya lo es) a ser crítica.

La única conclusión a la que llego es que en este país tenemos lo que merecemos. Están claras nuestras prioridades.