Nada es al azar en ‘El Guardián de las Flores’ de Rober H. L. Cagiao

A medida que iba pasando las páginas se acrecentaba en mí la sensación de que el caso del asesino popularmente llamado Guardián de las Flores no acabaría nunca. No una sensación mala ligada a hastío y pesadez, sino una sensación buena que provoca tanto un aumento de la incertidumbre como del interés: El Guardián de las Flores presenta tantos giros impredecibles y tantas migajas que parece que nunca llegaremos a conocer el desenlace, hasta que de repente nos deslumbra con un final tan emotivo como impredecible.

Aunque soy una persona que alterna varias lecturas porque es incapaz de centrarse en un solo libro, he de confesar que no he podido soltar la novela de Rober H. L. Cagiao hasta haberla finalizado. En las primeras páginas nos arrastra hasta Galicia, y allí nos deja aturdidos sin saber qué hacer al igual que el equipo de investigadores liderado por nuestra protagonista Paola, del que somos uno más, intentando encontrar una sombra entre iglesias, leyendas y un profundo aroma a flores. Todavía creo percibir un ligero olor a camelias, muerte e intriga, aunque quizás solo sea el rastro propio que deja una buena historia al pasar. O que me quedé anclada en la parroquia de Iria Flavia. O en San Miguel de Breamo contando las puntas de su rosetón. Quién sabe.

Escrita con un estilo limpio y sencillo, su escasa narración es lo que más me ha llamado la atención: todo (o la gran mayoría) sucede y se desenvuelve mediante diálogos, lo que hace del misterio del Guardián de las Flores algo más cercano y personal. Me he quedado con ganas de conocer un poco más al resto de investigadores que llevan el caso junto a la protagonista, aunque no es justo quejarse por la falta de algo que no está entre los objetivos de la novela; simplemente es algo personal. Esperaba que ciertos personajes, como Modesto en concreto, contaran algo de su pasado y mostrasen un poquito más sus sentimientos.

Hacía tiempo que no leía nada de este género, y este reencuentro ha sido de lo más gratificante. El Guardián de las Flores brilla por su originalidad y por estar ligada a la parte más legendaria de las Fragas de Eume: varias leyendas sirven para contextualizar y prevenir los siguientes pasos del asesino «floripondio», como diría Rubio, en un caso en el que nada es al azar y hasta el más ínfimo detalle tiene un significado. Una vez finalizada he descubierto que esta novela fue galardonada con el Premio Círculo Rojo a la mejor Novela de Misterio; «no me extraña», me digo. Estamos ante una historia que te aturde hasta no saber por dónde seguir, en la que unas páginas de Camilo José Cela y Gabriel García Márquez te proporcionan toda la información que necesitas para descubrir un entramado del que no quiero desvelar absolutamente nada, todo ello hilado de manera pulcra a través de unos capítulos tan cortos y una lectura tan ágil que se acaba esfumando en un abrir y cerrar de ojos. Para una historia así, todo premio es bien merecido.

No puedo hacer más que recomendar esta novela a todo el mundo, darle la enhorabuena al autor por su maravilloso estreno narrativo y ver con qué nos obsequia en el futuro. El Guardián de las Flores ha sido una sorpresa en letras mayúsculas lo mire por donde lo mire.

—Me aturde ese amor por la literatura.

—Qué puedo decirte. Fue mi único contacto con la imaginación, lo único que me calmaba cuando quería poner fin a mi vida. Me trasladaba a otro mundo, a otra dimensión. Me hacía soñar que mi vida no era este infierno, que había algo más. Que merecía la pena luchar, incluso cambiar y perdonar.

Rober H. L. Cagiao en El Guardián de las Flores