El terror

Hace poco charlábamos por el grupo de Leteo sobre libros o películas de terror; no recuerdo con exactitud el inicio de la conversación, pero sí su deriva. Recuerdo decir que no había leído nada de Stephen King y que de terror no he pasado de Poe y Lovecraft. Eso es verdad, soy muy de clásicos tal y como se puede observar en mis artículos. Sin embargo, los libros que más terror me han producido no son libros de miedo, son miedo en libros.

Hará un mes que vi en el cine Apocalypse Now de Coppola, película basada en la novela de Conrad El corazón de las tinieblas. Lo cierto es que ya me había leído el libro cuando fui al cine por lo que conocía el desenlace de la historia, pero he de reconocer que no me enteré demasiado bien del libro. Lo que recuerdo perfectamente son las últimas palabras de Kurtz, con las que finaliza la novela y la película: “el horror, el horror”. No sé a qué se referiría Kurtz con exactitud, pero creo que puedo hacerme una idea.

Hay libros que no tratan el terror voluntariamente y dan mucho miedo. Cuando hablo de estos libros se me vienen a la mente tres: 1984, Fahrenheit 451 y Un mundo feliz. En conjunto forman lo que yo llamo la trilogía distópica. Se trata de los únicos libros capaces de causarme pesadillas de tal magnitud que todavía las recuerdo.

El que más me impactó en este aspecto fue Un mundo feliz de Aldous Huxley. Es una novela breve ambientada en un futuro en el que no existe la familia y la gente vive feliz gracias a una droga distribuida oficialmente y consumida como se de un refresco se tratara llamada Soma. El Soma alivia la carga vital de la gente y cada vez que ingieren una porción de esta mágica tableta simplemente se sienten felices. El simple hecho de imaginar que este tipo de sociedad pueda instaurarse en un futuro me producía terribles sueños en los que era partícipe de la denigrancia hecha convención social.

Los otros dos libros también relatan futuros francamente terribles, pero el más perturbador en términos novelescos quizá sea Un mundo feliz porque no existe ente represor y nada está prohibido en sí mismo. No existe un Gran Hermano o bomberos que quemen libros; existe una sociedad complaciente dividida en castas de las que no se mueven desde el nacimiento. Unos individuos manipulados a través de grandes altavoces en las salas de cuidados que repiten miles de veces las mismas proclamas para que queden grabadas en la mente infantil de aquellos niños.

El terror es una sensación opresiva y expansiva que aumenta si se ve cerca. El miedo experimentado por una película no puede ser comparado con una experiencia, o un pensamiento inducido por la lectura. De ahí que haya que tener cuidado con lo que se lee y cómo se hace. Porque no todos los libros de terror dan miedo, pero sí hay terror inscrito en libros que va más allá del mero susto.