Cuando la política no sirve para nada

Para entender la situación de hastío en la sociedad española únicamente es necesaria una frase que la resume descaradamente: “la política no sirve para nada”.

Desde la tribuna del confort, muchos españoles alzan palabras vacías y carentes de argumentación para mostrar su desacuerdo con “la gestión de España”.

No importa qué partido esté en el Gobierno, es una frase que no pasa de moda y que es combinable con cualquier tipo de actitud mostrada desde el Congreso. Siendo exquisitamente metafóricos, es un estilo que tiene cabida tanto en la pasarela de “Las Tarjetas Black” como en el evento sobre la Ley de eutanasia. A fin de cuentas, es como combinar dos prendas negras: no hay esfuerzo detrás, solo simple comodidad.

Sin embargo, esta postura derrotista, pesimista e, incluso, egoísta es más que observable en dos concretas circunstancias: cuando la persona desconoce lo mínimo que habría que saber sobre la actualidad que nos atañe o cuando vive muy cómodamente mientras el resto mete manos al asunto.

Es un fenómeno que desentiende a las personas de su capacidad para entender y comprender la sociedad; de su derecho a elegir, porque son otros los que deciden por ellos; de su legitimidad a pedir justicia y a revindicar lo que considere oportuno; de democracia, simplemente.

Por otro lado, es totalmente comprensible que España no es un país que precisamente tenga un buen currículum político: ideologías dictatoriales, corrupción, odio disfrazado de oposición política, polarización ideológica, poca preparación, intereses económicos, etc. No obstante, si siendo testigos directos y en pleno derecho esto ocurre, ¿qué podría pasar si la sociedad decidiese adoptar una posición totalmente apolítica?

Resolver problemas y conflictos, respaldar a la ciudadanía, conseguir la convivencia colectiva y construir una sociedad donde todos tengamos cabida; es un concepto tan complejo que tiene tantas apreciaciones como personas hay en un país, pero queramos o no la política regula nuestras vidas.

Para que nuestra voz sea escuchada, para que no nos manejen, para vivir, a fin de cuentas. Para eso sirve la política.

Todxs somos política.