El cero y el infinito de Arthur Koestler

Hace mucho tiempo escuché hablar vagamente de un tal Arthur Koestler, pero en aquel momento no despertó mi curiosidad ese tipo ni su obra. Quizá no estaba preparado para leer una de las obras cúlmenes antisoviéticas. Fue un tuit de Pérez-Reverte el que me puso en relieve la importancia de la obra de este individuo; acto seguido me lancé a por el libro y comencé a leerlo inmerso en un mundo tan real como escalofriante.

Rubachof es el protagonista de El cero y el infinito. Se trata de un antiguo dirigente del Partido Comunista de la URSS que luchó en la Guerra Civil Rusa. La obra se centra en la parte final de su vida y describe los últimos meses del desdichado político devorado por el monstruo que él mismo contribuyó a crear. En la obra no aparecen referencias literales a personajes reales del Partido Comunista, sólo Stalin y Lenin aparecen nombrados repetidamente como “el número uno” y “el antiguo líder” respectivamente, pero nunca se cita el nombre de personajes reales literalmente.

Koestler comienza la historia presentando a Rubachof, un exlíder carismático que tuvo tiempos gloriosos en la Guerra Civil, pero que ahora se encuentra caído en el olvido y casi en la miseria. Se puede ver a Rubachof como un sujeto destituido de su personalidad, un tipo al que prácticamente sería imposible reconocer de no ser por sus gafas y su gesto para limpiárselas con la manga de la camiseta o abrigo. Duerme en un cutre apartamento y sueña una y otra vez con el fatal destino de ser arrestado por algún crimen inventado.

Koestler radiografía el terrible sistema soviético gracias a su conocimiento del sistema y su militancia en el Partido Comunista. Hay que entender que el libro se escribe durante la Segunda Guerra Mundial y se publica en 1941 por lo que Koestler ya era conocedor de los métodos de aniquilación de oposición utilizados por Stalin. Se narra el devenir de Rubachof teniendo en cuenta siempre el desenlace: la inevitable muerte. Rubachof va a morir y tanto el personaje como el lector lo saben casi desde la primera página de la novela. Koestler se limita a describir el pensamiento, reflexiones y torturas de Rubachof hasta que el lector se da cuenta de que el propio protagonista acaba inculpándose por crímenes que definitivamente no ha cometido.

El libro es la pesadilla de cualquier defensor de la democracia. Describe la decadencia de un sistema justo y libre hacia un procesamiento judicial en el que prima la presunción de culpabilidad. Rubachof ni puede ni quiere defenderse porque está totalmente convencido de servir a la Historia en su interminable lucha de imparable progreso. Rubachof acaba siendo algo así como una víctima colateral de un bien común.

Koestler crea en la novela la llamada “ficción gramatical” que no es más que el uso de la primera persona del singular. Al servir a un propósito mayor, el ego no existe, todo se basa en la supresión de libertades y derechos en favor de un sistema liberticida que busca satisfacer las necesidades del número uno. Se comienza a ver el uso de la posverdad y la manipulación de masas para provocar una desinformación generalizada en el grueso del pueblo y así poder hacer creer las patrañas que el sistema crea rutinariamente.

Este breve libro forma una definición complejamente completa de lo que es un sistema de nulas virtudes porque cuando pensar diferente es motivo de encarcelamiento y ejecución, no existe libertad o justicia. No obstante, aunque gran parte de la novela tiene un tono pesado y descriptivo a modo periodístico, hay capítulos o intervalos con una bella composición literaria, como el final del propio libro. Me atrevería a decir que las últimas páginas de la novela son de las más angustiosas que he podido leer, aun sabiendo el desenlace.

Recomendaría el libro a cualquiera, pero es cierto que para poder leerlo se debe poseer un cierto interés por la historia porque de otra forma quizá se hiciera algo pesado. Sin duda alguna, El cero y el infinito se ha colado de lleno en la estantería de “cosas que no deben suceder” junto a 1984 o Fahrenheit 451.