Heredando un alma cándida

Fotografía por Los 11 de gala.

Encuentro que si quiero rebuscar en mi interior y expresar lo que he sentido a lo largo de mi existencia, no puedo dejar de lado una de mis aficiones, el Real Madrid. Desde bien renacuajo, mi padre trataba de no perderse un partido de su Madrid, de su Real. Yo crecí celebrando los goles de Raúl, de Ronaldo Nazário, las paradas de Iker Casillas, la clase de Zidane y, posteriormente, el hambre de Van Nistelrooy.

Al principio me aburría el fútbol, no me entretenía, lo veía porque era lo que mi familia tenía en la televisión. Eso sí, las noches que había fútbol, teníamos cena de fútbol, una tradición que no ha sido olvidada y que todavía seguimos manteniendo, incluso cuando no puedo cenar con mis padres por la distancia, es entonces cuando comparto esa cena de fútbol con mi hermana y con Martín. Yo quería no aburrirme porque cuando había fútbol, disfrutaba más de la experiencia que del propio partido.

Cuando apareció en mi casa la PlayStation 2 y el Pro Evolution Soccer 5, con Henry y Pierluigi Collina en la portada, fue mi primera toma de contacto seria con el fútbol. Mi hermana y yo creamos el Atlético de Jaén en la Liga Máster. En el conjunto jiennense habíamos fichado a los mejores jugadores (o que más nos gustaban) de aquellos tiempos: media plantilla del Real Madrid y luego Kaká del Milan, Cristiano Ronaldo del Manchester United, Adriano del Inter de Milán, Nedved de la Juventus… Cabe destacar que tuvimos el PES5, pero nos duró muchos años (mi siguiente videojuego de fútbol fue el FIFA 11).

Mi siguiente paso en mi afición al Real Madrid y, por ende, al fútbol comienza en el año 2009. Era verano, mi amigo Manuel, madrileño y muy madridista, había venido a mi casa, en Mallorca, para pasar unas vacaciones. Era un enfermo del fútbol y, con la llegada de Florentino Pérez a la presidencia, llegaron los galácticos. Me puso al corriente de todo y empecé a interesarme. Con la llegada de Mourinho un año después, viví la experiencia de la rivalidad Madrid – Barcelona más salvaje que recuerdo. Empecé a aficionarme a ver los partidos y conocer las estrategias que José pensaba para frenar tanto a Messi como al mejor Barcelona de la historia del club catalán.

Debo decir que nunca podré olvidar aquellos momentos de debate futbolístico en clase, donde (en mi caso) mallorquinistas, culés y merengues defendiendo sus colores ante cualquier adversidad, y eso que tanto a Martín como a mí nos tocaba defender a un Madrid durante los años de la hegemonía del Barça. Aunque mi mejor recuerdo, sin duda, es cuando Sonia, Peio y yo simulábamos el programa de la sexta Minuto y resultado en mitad de clase, y nos reñían por no estar atentos. Recuerdo que Sonia llevara la quiniela todas las jornadas y hacerla entre nosotros. ¡Qué momentos!

Por otro lado, no puedo dar una explicación lógica, tal vez fuera la sonrisa de jugón, el talento que desbordaba, la clase con la que jugaba o yo que sé, pero Ricardo Izecson dos Santos Leite (conocido como Kaká), fue mi jugador favorito. Siempre deseé que consiguiera ser una leyenda en el club merengue, pero no pudo ser. Me tragué no sé cuantos vídeos de Kaká, busqué partidos en el AC Milan, lo fiché para el Atlético de Jaén y era titular indiscutible en todos los encuentros, incluidos los del FIFA 11. Kaká llegó lesionado al Real Madrid, jugó lesionado y fue al mundial de Sudáfrica (el que ganamos con el gol de Iniesta) también lesionado. Tenía la rodilla y la cadera con tales síntomas de dolor, que tuvo que pasar por quirófano y, según dicen, no volvió a ser el mismo. Yo no puedo juzgarle imparcialmente, pues sentía devoción hacia su juego, me caía muy bien el muchacho. Quizás sea una de las decepciones más grandes que me he llevado en el mundo del fútbol, porque aunque se pierdan copas y partidos, siempre habrá otras oportunidades, pero un jugador que sale del Real Madrid, es muy improbable que vuelva o que recupere su nivel.

Si hay algo que aprendí tanto de Kaká como de Cristiano Ronaldo fue que ni todos los días puedes estar al 100%, ni nada es para siempre, el tiempo siempre gana, lo que una vez fue, ya no volverá a ser, al menos igual que antes; será, pero de otra forma. El Madrid siempre estará en su lugar, por él pasarán auténticas leyendas y el club nunca podrá arrodillarse a un jugador, por mucho que haya hecho por este, pues los millones de aficionados son los que verdaderamente sustentan al club, nunca una sola persona. Así, el Real Madrid es el equipo con más campeonatos de Europa.

A día de hoy, hay algo del club que me entristece, pues me duele que el Real Madrid no tenga aún sección femenina de baloncesto. Corrijo, en general, el club más grande del mundo debe ser ejemplo para el resto, o así lo creo. Más vale tarde que nunca y ya está en la Liga Iberdrola, tengo ganas de ver qué nos depara y sufrir con mi equipo lo que haga falta. Tampoco se me olvida mencionar al nuevo Bernabéu y su sección de Esports. Me gustaría ver si MAD Lions y el Real Madrid empiezan un legado de la mano. Todo eso me ha llevado a cuestionarme en varias ocasiones mi madridismo, pero siempre me he reafirmado en mi postura, eso sí, consciente de que tengo que luchar por un Real Madrid mucho más ético y un mundo del fútbol más humano.

Se dice que nunca es tarde para aficionarse a algo, yo quería ser del Madrid y disfrutar del fútbol para encontrar algo que me uniera más a mi padre, decidí vivir el fútbol desde mi perspectiva, con todas las cuestiones éticas que me plantea, pero unido a mi padre, es cierto que me tocó cuando ya era algo más mayor, reconozco que me hubiera gustado poder ver a nuestro Madrid con mi padre y mi abuelo, allí en Jaén, pegados al televisor con unas cervezas, unas rosetas (palomitas), unas papas fritas de bolsa, y muchas ganas de celebrar títulos.