‘Los colores del último puerto’ de Ferran Vallespinós Riera

Ferran Vallespinós Riera daba el paso definitivo en su vida literaria hacia el mundo de la narración con la publicación de Los colores del último puerto el pasado mes de febrero. Se trata de una novela muy reflexiva que, una vez terminada, dejará al lector con numerosas preguntas acerca de su propia vida, el tiempo y el aprovechamiento del mismo. Un gran comienzo como novelista por parte del autor.

Los colores del último puerto es una historia narrada en primera persona por una figura cuyo nombre es una incertidumbre que no se disipará hasta el último capítulo, aunque la verdadera protagonista es la presencia de la muerte, que acechará a nuestro hombre y estará presente en todas y cada una de las páginas de esta novela. Todo comienza cuando el narrador decide lanzarse a navegar por el Atlántico en busca de una nueva vida después de haber conocido que padece un cáncer del que no se quiere tratar. La sensación de no haber aprovechado su vida al máximo le llevan a romper con una rutina y un pasado con algunos recuerdos que no le serán fáciles de olvidar y que reflejan cuán complicado es comenzar una nueva vida sin ningún tipo de preocupación. La novela de Ferran Vallespinós Riera está repleta de despedidas, de últimas veces y de una sensación de falta de tiempo, con un lenguaje y un estilo claros que alternan entre la vida presente y los recuerdos del personaje principal, dejándonos conocer así su pasado.

Durante los momentos de navegación, se explican con bastante profundidad las partes y movimientos del velero: el cómo se debe navegar, lo que se debe y no se debe hacer en caso de tormenta, etc. Gran parte de la historia transcurre en el mar, y aunque no tengo ni un ligero conocimiento sobre barcos, estos pasajes no llegan a resultar pesados como en otros libros que he leído representados en un escenario similar: se nota que el autor sabe de lo que habla, y logra explicar esos conocimientos de una manera pulcra e imperdible. En el velero que surca los mares, denominado Tanit, un pasado atronador se mezcla con las olas del mar, las preciosas puestas de sol, las noches estrelladas y un futuro no muy lejano.

Otro punto que me gustaría alabar son sus diálogos extremadamente realistas, algunos de los cuales consiguen ponerte el corazón en un puño y los ojos vidriosos. Muchas de las conversaciones entre los personajes, de la vida pasada y de la nueva vida, están tintadas de dolor e incertidumbre, de despedidas y emociones: el recuerdo de las palabras intercambiadas en el pasado provocan una extraña sensación al conocer lo que fue y ya no es; con las conversaciones presentes pasa algo parecido al conocer lo que podría ser y no será por falta de tiempo. A pesar de ello, no todo es triste en esta novela: se nos muestran verdaderas amistades, de esas que apoyan siempre a pesar de no estar de acuerdo con ciertas decisiones; enamoramientos y escenas de felicidad, que culminan en un final que ya se deja entrever desde el comienzo, pero que aun así deseas retrasar lo máximo posible.

Como todo buen libro invita a una reflexión, este no iba a ser menos. Empezando ya por la intrigante pregunta plasmada en su sinopsis (¿qué harías si te quedasen pocos meses de vida?) nos sumergimos en un profundo estado reflexivo en el que nos alteramos ligeramente al pensar en si el final no está tan lejos como creemos. ¿Estoy aprovechando bien mi tiempo? ¿El día en el que no exista un mañana podré decir que he disfrutado plenamente mi vida y he sido feliz? Los colores del último puerto es un jarro de agua fría que nos despierta, al menos momentáneamente, de ese letargo en el que todo lo dejamos para el día próximo porque nos sobra tiempo. No hay nada más lejos de la realidad.