El silencio es una de las palabras que mejor suenan. Es tan curiosa que refleja algo que no existe, pues lo que se entiende como la ausencia de sonido es una situación imposible, al menos en las condiciones terrestres. Sin embargo, el silencio al que nos referimos en nuestro día a día es el que genera pánico.

Digo pánico porque uso la música para callar al silencio, porque cuando el silencio grita, me quedo solo contra mí. El silencio solo es el disfraz de la soledad, y es que es en ese instante cuando empieza su sinfonía, me meto en la cama, solo. Es verdad que con algo de suerte (si es que se le puede llamar así), estoy tan cansado que ni el silencio tiene fuerzas para emitir palabra alguna.

El silencio es algo que he aprendido desde siempre, incluso antes de tener uso de razón, pues vayas a donde vayas, las personas exigen silencio, pero cuando lo tienen, se enfrentan al mismo problema que yo, ¿no?

Si hay alguien que ha sabido gestionar el silencio, ese es Hans Zimmer. Además de haber sido teclista para el grupo musical español Mecano (gracias por la información, Jaime Altozano), es el compositor de diversas obras de arte, aunque para mí, ninguna a la altura de la banda sonora original de la película Interstellar. En ella, Zimmer y Christopher Nolan (director de la película) juegan con el silencio como lo hace el compositor con el sonido: a placer. Y es que no hay una mejor película que refleje el silencio como Interstellar, porque como en el espacio no hay medio para que el sonido pueda viajar, lo único que se debería oír es nada, bueno, la propia respiración en la escafandra, pero me entendéis.

El vídeo de Jaime Altozano explicando la película desde su banda sonora

Tras sentir semejante obra de arte, entendí que el silencio podía ser un aliado, siempre que se gestione correctamente. También comprendí que es realmente difícil de domar, tanto como encontrar un nuevo planeta habitable para el ser humano.

El silencio no se limita a causar problemas, a su vez, es el resultado de determinadas acciones que, en suficientes ocasiones, son problemas. Como he expresado antes, hemos crecido a base de silenciarnos, ya sea porque cuando somos niños nos gusta gritar como salvajes (y no tan niños…), o porque es educado callarse cuando alguien nos habla. La cuestión a la que quiero llegar es que nos callamos más de lo que deberíamos. Está claro que hay excepciones, que hay gente que tiene el momentum de hablar en marcos espacio-temporales incorrectos, etcétera.

Me produce rabia que sea por presión social, por vergüenza (generada por la presión social o por uno mismo), o por la maldita vagancia, nos bloqueamos, nos callamos, nos caemos, nos paramos… Tú, te callas.

Uno de los problemas está en que nos dificultamos al expresarnos en público, nos limitamos a la hora de exponer lo que nos ronda la cabeza, algo que, personalmente hablando; considero de muchísimo valor, sobre todo en aquellas personas que tienen esas mentes llenas de pensamientos de los que nutrirse. Y más allá de esto, muchas veces callamos nuestros problemas, en lugar de buscar ayuda, otro punto de vista, un apoyo sobre el que sustentarnos.

Fuente: Gamma knife

Aquí comienza mi labor con ese tipo de personas, buscando conocerlas y tratar de sonsacarles todas esas perspectivas tan distintas a las mías. Esas personas son de las que les cuestan exponer lo que piensan, por miedo al qué dirán, porque se infravaloran hasta el punto de pensar que hay otros con pensamiento de más valor o porque consideran que lo que puedan pensar no vale la pena… Me da rabia que vosotros, que sabéis a quiénes me refiero, no os sintáis seguros de expresaros. Porque lo valéis, porque aportáis. Si he conseguido que paréis a pensarlo, para mí es una victoria, porque ya he aportado, imaginad lo que podríais hacer vosotros.

No puedo concluir esta dórica sin aclamar al silencio que provoca el fin. La conclusión, al fin y al cabo, provoca silencio. Un silencio eterno que no puede callarse; porque esa fuente de sonido se ha apagado, lo que quedan son los recuerdos de lo que alguna vez sonó, si es que pudo sonar, pero, ante todo; si es que quiso emitir sonido y no lo silenciasteis antes. Esta es la rabia que el silencio me produce.

Imagen de Newsweek