Un siglo y cuarto de Antoine de Saint-Exupéry

Hoy se cumplen 125 años desde el nacimiento de Antoine de Saint-Exupéry, autor de El Principito y aviador que murió en combate durante la Segunda Guerra Mundial.

He decidido escribir este artículo por el profundo afecto que siento a esta oda a la literatura, a los sentimientos, a la infancia y a la sencillez. Mucha gente termina riéndose porque suelo decir que El Principito es uno de mis libros favoritos y uno que recomendaría a alguien que quiere aventurarse a la lectura y no sabe cómo. Probablemente toda esa gente que se ríe de una obra colosal no haya leído a Antoine de Saint-Exupéry.

Me resulta francamente curioso reconocer que la primera vez que leí El Principito fue hace relativamente poco. No recuerdo haberlo leído de niño, pero sí recuerdo sentirme un infante cuando lo leí. Quizá esa sea la mayor virtud de una obra tan pequeña en longitud como inabarcable para los sentidos. La sencillez que desprende el niño venido de un planeta tan pequeño como para recorrerlo a pie en pocos segundos es algo prácticamente sin parangón en la literatura.

Con este artículo sólo quería honrar a alguien que, estando fuera del servicio militar y exiliado en Estados Unidos, decidió volver a su Francia natal y luchar contra el nazismo que asolaba Europa. Quién sabe, quizá el bueno de Antoine cayera en el desierto para conocer a un tipo venido de las estrellas que hablaba con una rosa.