Lo que de verdad importa

Hoy han operado a mi madre. A mi buena y única madre. Supongo que casi todo el mundo opinará que la mejor madre es la suya, qué remedio. En cierto modo, todos llevamos razón.

Hoy me he sentado a cenar con mi buen padre y hemos visto First Dates y a un tipo fuerte y creído. La televisión ha sido de nuevo increpada en la hora de la cena debido al personaje y a su forma de ver la vida y a sí mismo. Pero luego hemos ido a andar y ahora estoy solo (si es que se puede estar solo en una habitación con un perro de ochenta y muchos kilos) pensando en la cantidad ingente de tonterías que tenemos que ver y escuchar a diario.

Por suerte, uno acaba ya por distinguirlas rápidamente y alejarse de todo aquello que no sea beneficioso para algún plano de la vida. Sin embargo, no pasa siempre. Muchas veces se entra al trapo con cualquier indigente intelectual y dale que te pego discutiendo con alguien anónimo en las redes.

Hoy han operado a mi madre, mi buena madre. Afortunadamente todo ha salido todo lo bien que podría haber salido y ahora se encuentra sola en su habitación de hospital porque los guiris pueden ir a Mallorca, pero yo no puedo acompañar a mi madre en su postoperatorio. Y eso es lo que de verdad importa, no, los guiris no, sino mi madre, la cena, mi padre, el paseo y lo que estoy haciendo ahora.

Me planteo este dilema muy a menudo y siempre llego a la misma solución: lo bueno es lo correcto y viceversa. El amor es lo único que me hace verdaderamente humano y, por ende, hijo de mis padres, hermano de mi hermana, nieto de mis abuelos, primo de mis primos y amigo de mis amigos.

Lo que de verdad importa no es más que lo bueno, y lo bueno es lo correcto.