‘Molly’s Game’, donde el diálogo y los personajes pesan más que la trama

Cuando no tienes ni idea de qué es un full, un float o un set y una película en la que el póquer es uno de los principales temas consigue captar tu atención durante dos horas y media, se trata de una buena película. Es exactamente lo que me ha pasado con Molly’s Game, una de las películas más infravaloradas que he visto últimamente a pesar de estar nominada a varios premios. Todo esto siempre desde mi punto de vista, claro.

Su argumento está basado en una historia real y gira en torno a la vida de Molly Bloom, una mujer que comienza a organizar partidas de póquer clandestinas y años después es arrestada por supuestos tratos con la mafia rusa y blanqueamiento de dinero. A lo largo de la trama veremos constantes saltos en el tiempo: por un lado, parte de la historia transcurre en el presente, cuando Molly ya es arrestada y comienza a preparar su defensa junto a su abogado Charlie Jaffey (interpretado por Idris Elba); y, por el otro lado, numerosos flashback hasta la época en la que se organizaban las partidas de póquer, con grandes sumas de dinero en juego y famosas estrellas de Hollywood involucradas.

Estamos, además, ante el comienzo de Aaron Sorkin como director cinematográfico, aunque no es un novato en esto: ya había trabajado antes como guionista en varios títulos de renombre. No es de extrañar, entonces, que el punto fuerte de esta película sean sus diálogos y el desarrollo psicológico de sus personajes, haciendo especial hincapié en la protagonista Molly Bloom (increíblemente interpretada por la gran Jessica Chastain). Molly tiene momentos (escasos, por desgracia) en los que reabre heridas del pasado, habla de su infancia y muestra su verdadera humanidad: no es una mera criminal que deseaba lucrarse organizando partidas de póquer. Es más, Bloom se niega a dar los nombres de las conocidas figuras que participaron en dichos juegos aunque esto pueda beneficiarla de cara a la condena. Molly Bloom no quiere destrozar vidas ajenas para arreglar la suya.

La voz en off también juega un papel muy importante a lo largo de Molly’s Game. No me resulta complicado comprender el punto de vista que dice que una narración superpuesta no permite conectar al 100% con la historia, aunque yo lo veo completamente distinto: la narración nos permite ver los sucesos desde el punto de vista de Molly Bloom, que, al fin y al cabo, esa es la intención. Es por eso por lo que digo que el diálogo, la narración y los personajes dejan a la propia trama en segundo plano. Sorkin pretende desnudar a Molly para que el público pueda conocerla y conectar con ella, y para ello recurre a su pasado: tenemos a una protagonista con viejos traumas, una protagonista que pretende «dominar» en algo para sacarse una espina que lleva clavada. Ya no importa cuántas partidas haya organizado o cuánto dinero haya conseguido, solo importa ella.

Durante la época en la que organizaba partidas ya se nos muestra a una persona sin rumbo que está a punto de perder el control de la situación, una persona a la que hoy apoyan y traicionarán mañana, una persona que observa cómo gente se arruina y cómo otros hacen trampa para ganar, una persona que se droga para mantenerse despierta… Todo con unos monólogos en voz en off que en ocasiones rozan lo poético y que nos ayudan a ver el interior de Molly.

En mi opinión es un buen comienzo por parte de Aaron Sorkin como director que, por desgracia, se estropea hacia el final; un final que, después de dos horas y media, deja mucho que desear. En septiembre de este mismo año se estrenará en Reino Unido su próxima película, The Trial of the Chicago 7, en la que tengo puestas grandes expectativas después de ver esta entretenida, interesante e inteligente película como es Molly’s Game, en la que el lenguaje juega un papel clave apoyado en las magníficas actuaciones de Jessica Chastain e Idris Elba