Me equivoqué

Me he equivocado en muchos momentos a lo largo de mi vida, sin embargo, hay momentos que se repiten en mi mente como auténticos clavos que yo mismo me coloqué. Debo reconocer que en general no me arrepiento de ellos, pues gracias a estos, he forjado lo que hoy soy. En cambio, hay una cuestión de la que me arrepentiré toda la vida, y es aquí y ahora cuando hablo de algo que sucedió hace 5 años. Quisiera destacar, eso sí, que los nombres a continuación son falsos para no desvelar las identidades de cada uno de los implicados.

Septiembre de 2015, yo era jugador de baloncesto en un equipo de formación, había concluido una temporada magnífica que fue tristemente recompensada con un tercer puesto debido a que nos quitaron la oportunidad de jugar la final por un presunto amaño en la federación. Yo era conocedor de que iba a ser el capitán del conjunto durante esa temporada que se iniciaba y opté por influenciar la investidura del segundo capitán. Propuse que mi compañero de labor fuera Alberto, un buen compañero que pasaba por un mal momento. No sé si por mi puesto de capitán, o por mis dotes de orador, acabó siendo investido como tal.

El vestuario durante esa temporada estuvo dividido, principalmente, en dos grupos: Alberto estaba en uno, mientras que yo estaba en el otro. Pensé que si colocaba a Alberto como segundo capitán podría unificar los dos grupos en un equipo. No solo no salió como yo esperaba, sino que nunca me pude imaginar que uno de los grandes motivos de que tal división se pronunciara aún más fuera por César, el primer entrenador.

César para mí lo fue todo, me quitó la venda de los ojos y me permitió ver, analizar y jugar a un nivel diferente, mucho más elevado de lo que yo acostumbraba a realizar. Hizo que un aglomerado de muchachos sin muchas aspiraciones luchara por ganar una liga escrita para otro equipo desde el principio. Su manera de hacernos jugar, su manera de entrenar: no solo nos preparaba para los partidos, nos preparaba para nuestro futuro. Consiguió que gente de polos completamente opuestos lucharan por la misma causa, defendiéndose como hermanos ante situaciones adversas. Quizás acierten cuando se dice que las segundas partes nunca fueron buenas, aunque yo creo que fue un cúmulo de malas decisiones y malas situaciones personales las que llevaron a que César, en ese maldito segundo año, no lograra ese sentimiento de unidad después de perder a unos jugadores e incorporar a otros nuevos.

La división en el vestuario era más que pronunciada y, lejos de unirnos, nos disgregamos y creamos crispación entre nosotros. César siempre me apoyó, pues fui su elección de cara al liderazgo del equipo, sin embargo, creo que nunca aprobó a Alberto. No confiaban el uno en el otro y sus discrepancias acabaron en más de una pelea, peleas en las que Alberto tenía mucho que perder y absolutamente nada que ganar.

Me equivoqué, pensé que entre Alberto y yo podríamos unificar el vestuario y sentirnos uno ante nuestros contrincantes. Me equivoqué porque pensé en intentar lo imposible cuando la realidad es que fue un no parar de nuevos problemas dentro del equipo, nuevos frentes que afrontar cada vez de manera más solitaria. Me equivoqué y debí haber propuesto a Nil, uno de mis mejores amigos, una de las personas más reales con las que me he podido juntar, de las que mantengo a mi lado todavía. Siempre estuvo luchando conmigo y lideró junto a mí sin tener el cargo, ni el por qué hacerlo. Luchaba contra su propia mente mientras se sacrificaba en cada partido, siendo el jugador que cosechaba mejores números. Un auténtico salvaje del baloncesto.

Si lo hubiera elegido, quizás y solo quizás, algún jugador se habría quedado atrás, mientras que otros hubieran encontrado en él, y quiero pensar que en ambos, una dupla en la que apoyarse en los momentos más duros y en la que confiar en el apogeo baloncestista del conjunto.

No hay día que no me arrepienta de esa decisión (cuando pienso en baloncesto), en la que creo firmemente que haber elegido a Nil en lugar de Alberto como segundo capitán hubiera mejorado la situación que estaba por llegar. Obviamente no puedo cambiar el pasado ni predecir el futuro, por lo que no me duele haber tomado esa decisión, más bien siento el dolor de las personas a las que afectó tan negativamente, porque creo que ni el propio Alberto, ni Javier, ni José, ni Alejandro, ni Mario hubieran sufrido lo que sufrieron con nuestro entrenador si Nil hubiera estado como capitán. Porque el míster se equivocó a la hora de plantear la temporada y en la forma de tratar a los jugadores, además de ir a los entrenamientos con la cabeza por las nubes por situaciones extra deportivas. Situaciones que él mismo me reconoció posteriormente.

El mal momento del entrenador, unido al mal momento de algunos integrantes hacían la receta de un cóctel que iba incendiándose por momentos. Con Nil junto a mí, creo que hubiéramos podido sacar adelante ese gran proyecto que por situaciones personales se vino abajo. Me equivoqué, y es por eso que lo quiero ahora aquí, porque unidos nos hacemos más fuertes, camino de nuestra mejoría tanto personal como del proyecto entre manos: Leteo, La Estoa y Medusa…