Hasta con el COVID-19 nos hemos vuelto a olvidar

196.586, 175.295 y 2.332.499. Son las últimas cifras actualizadas de los casos confirmados por  coronavirus en España, Italia y en el Mundo, respectivamente. Cifras realmente desoladoras que, sin embargo, parecen ir ganando la batalla al COVID-19.

En estos tiempos, es necesario agarrarse a los datos positivos que una pandemia de este tipo asola a nuestros países sin, obviamente, dejar de lado la realidad. Tan esencial como buscar respuestas a nuestras preguntas y no dejarse engañar en momentos donde es esencial la información.

Italia y España son dos de los países con más contagios. Podríamos apelar a que, quizás, ha sido mala suerte y les ha tocado a ambos países por pura coincidencia, al igual que podría haberle pasado con tanta gravedad a sus colindantes. También, podemos achacar a las medidas “insuficientes”, según como las definen algunos, pero sería echar leña al fuego, porque no es lo que toca ahora mismo.

Lo cierto es que, aunque es muy pronto para sacar conclusiones debido al desconocimiento y la falta de información sobre el virus, existen ciertas hipótesis que intentan explicar por qué España e Italia son dos zonas con altos índices de contagios y fallecimientos. Sin embargo, poca es la alarma social sobre otras regiones donde el coronavirus posiblemente sea altamente peligroso, como es África.

En este tipo de hipótesis, también tienen cabida los famosos bulos, los cuales ejercen un efecto negativo en la sociedad a la par que es un incentivo de la ignorancia global. Ejemplo de ello es la predisposición genética de los españoles e italianos, una teoría que pretende explicar que ambos países guardan similitudes biológicas entre ellos y que, por esta razón, el virus afecta al sistema inmunológico de manera más agresiva, mas no es así.

Los genes y la gravedad del COVID-19

Hace unas semanas, se hizo viral un vídeo de José Luis Callejas, médico de la Unidad de Enfermedades Autoinmunes Sistemáticas del Hospital Universitario San Cecilio de Granda, donde trataba de justificar que la genética de españoles e italianos era similar y que, por ende, el virus se había propagado ferozmente.

Sin embargo, y a propósito de recomendación, Salud Sin Bulos desmintió esta información en un artículo donde mostraron ciertas evidencias de que “los genes no explican la mayor gravedad del COVID-19 en España e Italia”. En otras palabras, la predisposición genética de las personas de ambos países.

Es un diagnóstico muy arriesgado ante una enfermedad nueva y con muchos enigmas por descubrir, pero podría considerarse como una hipótesis a descartar y una atención mayor a verdaderos puntos resolutivos.

Para desmontar el bulo, se concibieron dos argumentos clave: un análisis genético publicado en BMC y la diferencia entre cultura y genética.

En dichas pruebas, se pudo concluir que las personas españolas están más relacionadas con otros pueblos atlánticos, como portugueses, irlandeses o escoses, antes que con pueblos mediterráneos como los italianos. En segundo lugar, es cierto que ambas sociedades comparten rasgos culturales comunes, por lo que no hay que confundir la genética con la cultura.

No obstante, es pronto para saber qué predisposición tienen las víctimas del coronavirus para que esta enfermedad aliente contra ellos. No obstante, lo que sí sabemos es que, como se viene diciendo desde el comienzo de la pandemia, la población de mayor edad es el punto de mira principal.

La cultura: una característica común

La hipótesis más extendida radica en que la letalidad es más alta es en  personas mayores, casualmente un factor que sí podría verse influenciado por la gravedad en Italia y en España, pues la edad media en ambos países es elevada: 45,9 y 44,9, respectivamente.

Todavía no es esta la respuesta que andamos buscando, pues otros países como Alemania también cuenta con una edad media elevada, por lo que dicho factor no es decisivo. No obstante, relacionado con lo anterior, sí podemos afirmar que ambas culturas son muy familiares y muy propensas al constante contacto físico, a diferencia de los países del norte de Europa y de los asiáticos.

A estas peculiaridades culturales y sociales cabe añadirles el factor decisivo de la edad, pues nuestros mayores están en contacto con niños y jóvenes, pero ¿es tan alto el porcentaje de población envejecida? La respuesta es sí: tanto España como Italia, forman  parte de la lista de los países más envejecidos del mundo, donde en España el 19,1% de la población es mayor de 65 años y en Italia el 23,3%. Con lo cual, esa conectividad social entre los mayores y los más jóvenes podría explicar esa tendencia por la que la infección se extienda entre la población.

Hace 10 años, el epidemiólogo Joël Mossong del Laboratoire National de Santé (LNS) de Luxemburgo, realizó un estudio sobre el contacto social entre diferentes países europeos: Italia se posicionó como ganadora, donde había una mayor interacción intergeneracional que en otros países, como Alemania.

Sin embargo, tal y como apunta Leon Danon, epidemiólogo de la Universidad de Exter y miembro del equipo de asesoramiento al Gobierno británico, no existe toda certeza de si España e Italia han sido los países más duramente sacudidos por el coronavirus que el resto de países europeos, pero volvemos a olvidarnos de alguien: África.

La gran olvidada: África

África. Un continente rico a la par que pobre del que la sociedad occidental parece olvidarse cuando no hay intereses de por medio.

Más allá de competir por quién está más o menos afectado, son muchas las razones por las que el COVID-19 no debe pasar desapercibido en los países africanos y, la primera de ellas, es porque la vida de todas las personas vale lo mismo.

Saliendo del plano ético-moral, las respuestas a este punto las encontraremos cuando se nos llena la boca de hipocresía al intentar defender “lo que queda tan lejos pero está ahí”. En África, hay tanto al igual que poco y, ese poco, ni siquiera llega a los africanos y africanas.

Expertos hablan de un desastre epidémico. Una catástrofe abalada por una cadena de injusticias que perjudican la clave apara que esta pandemia no tenga tantas facilidades: una buena salud.

Es una innumerable lista que se puede resumir en  la pobreza de recursos, la desnutrición, la falta de agua y, por consiguiente, de higiene, otras enfermedades como la malaria, el SIDA o la tuberculosis, la poca capacidad sanitaria y las precarias condiciones habitacionales.

La situación es crítica, tanto que los sistemas de salud públicos son insostenibles para una situación de tal envergadura, donde la falta de respiradores, oxígeno y suministro eléctrico así como de personal sanitario impide que se realicen pruebas de diagnóstico suficientes para detectar posibles casos de contagio. Liberia no tiene camas UCI, mientras que Uganda cuenta con una por cada cien mil habitantes y, si hablamos de respiradores, en el África (más) pobre, como Chad o la República Centroafricana, solo disponen de tres respiradores para 5 millones de habitantes.

Asimismo, hemos de hablar de los conflictos armados y de los campos de refugiados, dos focos que se suman a la cadena de contagios, puntos de tensión donde es difícil interceder. Naciones Unidas parece haber intentad un llamamiento de alto el fuego, pero es una situación que conforma “enormes dificultades para su aplicación, ya que los conflictos se han enconado durante años”, según explica el secretario general, Antonio Guterrez.

A esto cabe sumarle que la sociedad africana es propensa a realizar frecuentemente actividades sociales, tanto civiles como religiosas, por lo que la implantación del distanciamiento físico entre personas es más difícil. Reunidos en torno a la música y la danza, es motivo de celebración los nacimientos, las bodas, los bautizos e, incluso, los funerales. A fin de cuentas, una cultura llena de acertijos

Esta situación no hace más que demostrar una vez más las grandes desigualdades que hay en África y la falta de enfoque global que los países denominados como “desarrollados” tienen hacia los expoliados, ciertamente por obra suya.

Es tan delicado hablar sobre el COVID-19 que se nos ha olvidado una vez más que no existe ombligo en el Mundo. Me equivoco: sí existe, pero no debería ser así.

Una palabra tan importante como es “concienciación”: «si es difícil en el idílico Occidente, ¿cuál es el añadido de gravedad en África?» Es la cura a todos los males. Imagínate todo lo que podríamos cambiar con más de un ingrediente.