El espectáculo del expolio: “islas al servicio del sector servicio”

En estos días en los que la actividad turística está completamente paralizada en nuestro país, es importante analizar el nexo de dependencia que muchos lugares de España tienen con este sector. Un buen ejemplo de ello son las Islas Canarias.

La actividad turística en Canarias generó en el año 2018 el 35% del total de la economía del Archipiélago y el 40% del empleo. Son datos considerablemente altos que nos demuestran que, tras la pandemia del covid-19, los canarios y canarias sufrirán los estragos de un sistema mal diseñado.

Ocho islas única y exclusivamente enseñadas en los últimos años a subsistir del turismo, Canarias recibe anualmente alrededor de 15 millones turistas, una cifra que sobrepasa la barbarie y es totalmente insostenible para los locales y para el medioambiente.

No obtante, el reclamo de hoteles y apartamentos es inminente, pues cada vez más muchos turistas optan por el “todo incluido” y deciden hacer un tipo de turismo invasor y poco productivo para los artesanos, los agricultores y la restauración.

Todo ello sin mencionar aún cuáles son los efectos ambientales de un turismo de esta clase: destrucción irreversible del paisaje, contaminación, ruido, consumo desmesurado de recursos escasos, desaparación de fauna y flora y la respectiva invasión del espacio y, sumando todos estos venenosos ingredientes, la contribución al empeoramiento del cambio climático.

Por esta razón, hemos considerado importante que la gente canaria comparta su punto de vista y nos ayude a entender qué tan esencial es que adoptemos otro tipo de turismo sea en el lugar que sea y que respetemos el lugar a donde vayamos y, por supuesto, la necesidad de llevar a cabo un sistema eficaz que beneficie a la población.

Rosa Delia Delgado Hernández es residente en la isla de Fuerteventura desde hace 20 años. En este tiempo ha podido observar los efectos del sector turístico masivo en la isla y cómo este la ha transformado por completo. Se dedica a la elaboración de productos artesanales y, en este estado de alarma, se ha visto afectada por la incapacidad de sacar adelante su producto.

Pregunta. ¿Hace cuánto que vive en Fuerteventura?

Respuesta. Desde hace 20 años y en el Archipiélago canario desde que nací.

P. ¿Ha observado muchos cambios en la isla?

R. Sí, bastantes. Sobre todo a nivel de vida, a nivel ambiental… Por ejemplo, la implantación de carreteras y grandes superficies comerciales. Aparte de hoteles, del desarrollo turístico de viviendas vacacionales, que está tomando auge más que ningún otro sector, y lo que implica la construcción de más viviendas, la existencia de más licencias para estas obras…. No obstante, el desarrollo en relación a las necesidades sanitarias, educativas u  otros recursos que verdaderamente necesiten las personas residentes autóctonas como puede ser la luz o el agua no está cubierto. No somos una isla con un sustento suficiente como para tanta gente y a eso se le suma la sequedad de la isla, porque no contamos con pozos de aguas suficientes ni tampoco potabilizadoras o desaladoras.

P. Es decir, que ha pasado de ser una isla totalmente desértica a estar llena de infraestructuras y nuevas construcciones, pero no de lo que realmente hace falta, como hospitales, centros educativos, centros sociales y de cultura…

R. Exacto. Es una isla que se ha puesto única y exclusivamente al servicio, nunca mejor dicho, del sector servicio. Todo está destinado al turismo: el deporte, las carreteras, la hostelería…

P. ¿Cómo definiría la situación actual del turismo?

R. Bastante caótica e inestable. Yo creo que se está desarrollando según viene el turismo, según sus necesidades. No ha habido una predicción, todo se ha ido desarrollando en base a lo que va llegando.

P. Según lo que demandan los turistas, pero no la población local.

R. No, la población local cero. No era necesaria tanta carretera para la población que había y la isla se podía sostener con el turismo que teníamos hace 10 años. El turismo que tenemos ahora es un turismo barato, un turismo “low cost” que única y excluivamente viene a disfrutar de la playa, de la comida del hotel, salir a la calle lo justo y no disfrutar de los espacio naturales y, si lo hacen, es de manera degradante para el medioambiente y los locales, como puede ser utilizando “quads” para excursiones en la costa.

P. Eso mismo le iba a preguntar, ¿qué tipo de actividades puede ver con frecuencia por parte de los turistas que repercutan en el medio ambiente?

R. Los “quads”, por ejemplo. El turismo que conlleva la invasión de otras islas menores, como es la Isla de Lobos. Ese es otro ejemplo de turismo invasor, que realizan excursiones en botes llamados “autotaxis” y se montan grandes fiestas sin tener en cuenta el impacto medioambiental. También el turismo deportivo, como el windsurf, el surf, el esquí… Es un turismo que ha implantado estos deportes en la isla por las favorables características de nuestras costas majoreras y que la población autóctona de la isla no lo practicaba y ahora vemos cómo se practica en masa. ¿Eso a qué equivale? Equivale a que no podemos disfrutar de las playas a las que solíamos ir porque están ocupadas por las escuelas de surf, ya que están invadidas por los practicantes de este deporte. Es un turismo deportivo invasor que ha colocado a Corralejo como una de las localidades que más escuelas de surf tiene en todas las islas y, me atrevo a decir, que tiene cierta posición global. Aparte de que el turismo que viene es depredador, porque la isla tiene unas características especiales, como el color de sus tierras, zonas donde se hallan restos arqueológicos… y, ¿qué hace el turista? Se lleva el típico recuerdo de turno: lapas, restos antiguos de nidos de abeja… Es un expolio continuo. En las playas hay una característica que se ha vuelto viral en estos últimos meses debido al desarrollo natural de un tipo de alga llamadas “rodolitos”, conocidos popularmente como “floritas”; “rosquitas”… Son como unas piedrillas blancas con forma de roscas. Se pusieron de moda gracias a un “instagramer” que lo único que ha hecho es hacer bastante daño, porque ahora todo el mundo va a esa playa a llevarse grandes cantidades de “rodolitos” cuando nosotros hemos estado toda la vida disfrutando de la playa sin necesidad de llevárnoslos. Es una invasión y un deterioro continuo de todo el turismo que llega. Y ya ni hablar de los turistas que se van y vuelven para quedarse porque ven de Fuerteventura una gran oportunidad donde sacar dinero y vivir cómodamente.

P. ¿Cree que los medios de comunicación le dan la importancia que merece este problema?

R. Los medios de comunicación están mucho de ellos comprados por el político de turno, que no se enteran la mayoría de las veces de la dimensión del problema en el medio ambiente y en la gente de la isla. Aquí lo que interesa son las estadísticas de personas que entran en el aeropuerto y, por ese aeropuerto, la gente entra para dejar sus desechos y arrasar con nuestros recursos. Nosotros no tenemos centros de salud preparados, solo contamos con uno para los dos millones de personas que puedan venir aquí al año, no tenemos vertederos suficientes para poder abarcar todos esos residuos que la gente genera. Esto es un gran problema medioambiental que, a la larga va a traer muy graves problemas. No tenemos apenas agua, tampoco gran capacidad eléctrica ni en la red de telefonía móvil… Son muchas cosas que se nos están cayendo encima, a los canarios.

P. ¿Cuál cree que es la solución?

R. La solución es un turismo sostenible y es bien fácil: volver 20 o 15 años atrás donde se daba un turismo de calidad que disfrutaba tanto del hotel como de los restaurantes de los pueblos, que alquilaba un cochecito en lugar de un gran coche que deteriora las montañas y la tierra.  En definitiva, un turismo de calidad y, sino de calidad a nivel económico, un turismo de calidad más conciencie, no un turismo de masas que viene una semana por 200 euros con comida y “todo incluido”; el sobrecoste de todo eso lo pagamos nosotros, no solo a nivel personal, porque ya un gran porcentaje de la población se dedica al sector turismo, sino a los pequeños comercios, a los pequeños productores que podamos vender nuestros productos locales tanto a la población como a los turistas y puedan disfrutar de ellos, no un turismo masivo que venga exclusivamente a desgastar la isla.