La precaria situación de las residencias de ancianos

Durante el periodo que está durando el azote del coronavirus en España estamos siendo testigos de una catástrofe nacional: los ancianos están falleciendo solos, en residencias y no van a poder ser velados. Es verdad que todos los fallecidos por el coronavirus están falleciendo solos, pero como la mayor parte de los mismos son del colectivo de gente mayor, el foco de la cuestión se centra en ellos.

A pesar de que estábamos avisados, el nuevo virus procedente de Wuhan entró en las residencias de ancianos de muchas comunidades autónomas y provincias provocando un reguero de negligencias, soledad y finalmente tristeza por la pérdida. Muchas de estas residencias se ubican en la provincia de Barcelona, la Comunidad de Madrid, Castilla la Mancha o Castilla y León. El equipo de Leteo ha podido contactar con una familia que sufrió una gravísima confusión en una residencia de ancianos de la Comunidad de Madrid.

Primero cabe contextualizar el asunto. La familia de una interna se puso en contacto con el centro de mayores ubicado en la localidad madrileña de Griñón para preguntar sobre la situación en la residencia y su posible afectación por el coronavirus. Hay que recordar que la Comunidad de Madrid prohibió las visitas de familiares a estos centros cuando se comenzaron a detectar casos pues eran los visitantes quienes podían llevar al centro el virus, pudiéndose producir un contagio masivo dentro del centro. Una vez las familias no pueden ver a sus mayores, se ofrece un teléfono de contacto para hablar con ellos una vez al día. También era posible llamar a la residencia en cuestión para preguntar sobre la situación y evolución diaria del centro.

En el centro de mayores se mostraron seguros de sus afirmaciones: no había ni se esperaba un contagio por coronavirus dentro del centro. Las familias respiraron tranquilizadas pues desde los medios e informativos no se ofrecen nombres de los centros infectados. No obstante, pasados unos días, una familia recibía una fatídica e inesperada llamada. Corría el día 29 de marzo, domingo, cuando uno de los hijos de una interna descolgaba el teléfono para enterarse que su familiar estaba muy grave, que el pronóstico era el peor de los posibles y que se prepararan para afrontar su pérdida.

Como es obvio, la familia entró en pánico. Hace apenas apenas unos días les informaron de la inexistencia de casos en ese centro en concreto, es decir, no se temía por el contagio ni mucho menos por el fallecimiento a causa del coronavirus de nadie allí.

Cuando todavía nadie se lo terminaba de creer, el mismo miembro de la familia encargado de comunicar a los demás la terrible situación en la que su pariente se encontraba recibió otra llamada del centro: esta vez la llamada era de disculpa porque se habían confundido. Su familiar se encontraba perfectamente, de hecho pudo hablar después con ella, era otra interna con el mismo nombre la que pasaba esa delicada situación.

La situación en los centros de mayores de toda España se está volviendo insostenible: ancianos conviviendo con cadáveres, llamadas desesperadas a la UME y trabajadores armados de valor que deciden internarse en los centros para no traer el virus a los ancianos. Y todo esto teniendo en cuenta que todavía no hemos llegado al pico de contagio. Sólo nos queda esperar, tomar medidas consecuentes y quedarnos en casa.