Mataviejos

Vivimos en una sociedad que tiene en alta estima a sus mayores. Ellos sacaron adelante a un país que venía de una guerra entre hermanos. La miseria, moral y material, que durante muchos años se tuvo que soportar fue reconstruida en forma de lo que hoy conocemos como España.

La generación que ahora se ha convertido en pensionista fue la artífice de la reconciliación histórica e imposible a ojos del mundo fruto de la Transición. Gente de un lado y del otro de abrazó una constitución que hiciera a todos partícipes de una nación tan vieja como Roma y tan nueva como el incipiente nuevo estado. De este modo se creó el Estado de Bienestar del que hoy disfrutamos, se consolidaron elementos como la sanidad y educación pública y se refundó un país roto desde hacía más de cincuenta años.

Los currantes que levantaron a España de la ruina para reconstruir de nuevo ciudades enteras han cotizado durante décadas llenando las arcas del Estado cuando más hacía falta. Esa generación se ha hecho mayor, ahora son nuestros abuelos o bisabuelos, ahora son ellos los que necesitan un poco de atención, cariño y dedicación. Tenemos la suerte de vivir en una sociedad que valora a los ancianos por ser fuente de experiencia, consejos y vivencias; los ancianos han sido y deben ser un pilar fundamental en cualquier sociedad que se tilde de avanzada o meramente humana. Los ejemplos se esparcen por todo el globo: desde las tribus africanas hasta la cultura oriental, pasando por gran parte de América y Europa, nuestros mayores se posicionan en un lugar privilegiado, el que se merecen.

Ahora, por lo visto, nos quieren dar lecciones de cómo debemos tratar a nuestros abuelos. Dicen estos holandeses que los ancianos ya no son útiles, que no merece la pena gastar en sanidad para que duren algo menos de un año. Que es mejor que mueran en la comodidad de sus casas y cedan su cama de hospital a otro joven que quizá la llegue a necesitar. Según lo que comentan estos expertos belgas y holandeses, los abuelos son una parte superflua de la sociedad actual: no producen luego su vida no vale nada.

Desde España siempre se ha alabado el modelo de gestión neerlandés, belga y escandinavo: cultura, sanidad, educación y una sociedad cojonuda que te pasas. Ahora, que menosprecian nuestra humanidad, tiene que salir el Primer Ministro Portugués a defender nuestro modus operandi porque lo mismo nos llegamos a creer que tienen razón. El complejo de inferioridad que hemos desarrollado desde el Sur de Europa da para pensar. Ahora bien, desde aquí yo me pregunto cómo han llegado a ese extremo. Un país sin abuelos quizá sea más rentable y económicamente equilibrado, pero no tendría sentido alguno.

La gente del Sur, de Europa digo, tenemos una conciencia filosófica, caritativa y social de las que parecen carecer las superpotencias moralmente superiores del Norte. Hordas de economistas y pseudomédicos atacan el modelo de sanidad en el que también se intenta cuidar de los mayores por ser poco eficiente. Verdaderamente no sé cómo estos señores de Holanda y Bélgica, con economías relucientes como zapatos sin usar, pueden dormir de noche sabiendo que la generación heredera de la destrucción provocada por la Segunda Guerra Mundial debe morir agradablemente en casa porque en los hospitales no les quieren.

Son mataviejos, pero tampoco creo que les importe el adjetivo. De hecho, lo lucirán con gusto mientras sus ancianos vayan cayendo como moscas, se les queden países en superávit y nos den el discurso de turno.