El Caribe es un lugar digno de ser destino vacacional para muchos cosmopolitas agobiados que buscan relajarse bajo un sol de justicia en una playa de arena blanca y aguas cristalinas. Yo he tenido la suerte de recorrer puntos de lo que comúnmente se llama “Caribe”. He estado en México unas pocas ocasiones, en República Dominicana y el pasado verano visité Cuba, un país tan denostado y abalado que uno ya no sabe muy bien adónde va.

Me alojé en un hotel en las inmediaciones de Varadero, una pequeña ciudad turística especializada en ofrecer servicios a los miles de canadienses, americanos y algún que otro europeo que se pasa por allí. Es una ciudad muy pequeña en la que hay una calle principal poblada de taxis y cocotaxis. Éstos son una invención cubana y se componen de tres ruedas, un sitio para el conductor y un par de asientos traseros casi a modo de banco; es algo así como un triciclo motorizado y con forma de coco. Los taxis, tanto en Varadero como en el resto de los sitios turísticos, son coches clásicos con algún que otro retoque sobre todo en el núcleo de la maquinaria.

En Varadero hay bares de diversas ambientaciones entre los que se encuentran un variopinto garito de Rock o La casa del chocolate donde puedes tomarte algo dulce o cualquier otra cosa mientras disfrutas de la fiesta que tienen montada en la discoteca de al lado. Puedes recorrer varios kilómetros de calle en el que se encuentran multitud de mercadillos y puestos con artesanías o souvenirs para llevarse de recuerdo a casa. El regateo existe, pero no es tan evidente como en otros lugares que he visitado; puedes conseguir un mejor precio, pero normalmente el precio que ofertan ya está bastante bien.

Alguna de las playas que visité en Cuba se cuelan entre las mejores que he estado. Visité varios cayos, islas paradisíacas que harán las delicias de los que busquen una foto digna de película, pero la playa de Varadero es una maravilla. Los peces merodean entre los pies llegando a morder lo que supuse que eran pieles muertas. La verdad es que no soy muy fan de este tipo de contacto humano-animal, pero es singular. En la misma playa se pueden divisar rayas de vez en cuando.

Cuba es un paraíso natural enclavado en el Caribe a escasos kilómetros de Florida, Estados Unidos. Esta cercanía ha producido históricos problemas como la Crisis de los misiles en 1962 y las masivas migraciones de refugiados cubanos huyendo del régimen cubano. Pude recorrer varias ciudades: Trinidad, Santa Clara, Cienfiegos y la misma Habana, pero la sensación de pesadumbre, pobreza y dificultad era constante en todo el territorio que visité. Desde el Aeropuerto de La Habana hasta el hotel en el que me alojé hay alrededor de 170 kilómetros que tardamos en recorrer en autobús algo más de tres horas. El estado de las infraestructuras es deplorable, habiendo carreteras que comunican ciudades en tal mal estado que apenas caben dos coches en paralelo. Existen trazados que aún continúan sin asfaltar y por los que circulan caballos, carros, coches y autobuses en una mezcolanza de peligro y lentitud que se une a las curvas y el bacheado de la vía.

Encontré todo tipo de opiniones al preguntar sobre el estado de la economía o la sociedad. Hay mucha gente que cree que el régimen cubano es bueno y hace las cosas bien, pero que la culpa de la miseria la tiene el exterior por negarse a exportar productos de primera necesidad como alimentos. Hay que decir que la mayor parte del terreno cultivable cubano es poco fértil y escasea en gran medida productos agrícolas de primer orden. Al no tener estos productos, tampoco se puede alimentar a un ganado ni una explotación avícola por lo que la pescadilla se acaba mordiendo la cola. Por el carácter extrovertido del pueblo cubano, uno puede hablar con casi cualquiera. Me encontré con un neurocirujano que trabajaba como tal en el hospital, pero que sólo cobraba unos 20 CUC y trabajaba también como vendedor de souvenirs para ganar más dinero. El CUC es una moneda de curso legal en Cuba que utilizan los turistas, el peso cubano sólo es utilizado por los locales para pagar facturas o hacer la compra. 1 CUC equivale a 1,07€ por lo que el cambio es casi igual. Es decir, el neurocirujano cobraba 20€ al mes por trabajar como especialista médico en un hospital. La economía, como muchas otras disciplinas, exige de un rango comparativo para funcionar. Y es que si 20 CUC equivalieran a un sueldo de 1500€ en España no pasaría absolutamente nada, pero el caso es que no es así. Las facturas domésticas, tales como casa, luz, agua… son muy baratas. La mayoría de las casas son propiedad del Estado Cubano y se “alquilan” a los residentes por un precio bajo, muy bajo. El suministro de luz o agua también corre a cargo del Estado. Hablamos que entre estas facturas se suma una cantidad de 2 o 3 CUC. El problema viene a la hora de comprar víveres o salirse de lo estrictamente normativo: no se puede.

Por este motivo, el neurocirujano trabajaba como vendedor de souvenirs en un puestecito de la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña en La Habana. Necesitaba sacarse un sobresueldo, que seguramente es mucho mayor que su sueldo normativo, para poder aspirar a una vida mejor y sin apuros económicos. Por lo que comentaba todo aquel con el que hablé, esto es muy normal en Cuba; la gente tiene un trabajo y luego gana dinero con otro, bien legal o con triquiñuelas, artimañas o contrabando de puros y ron. También pude hablar con varios taxistas que trabajaban como autónomos. El sector del taxi se “liberalizó” hace muy pocos años. Antes todos los taxis dependían directamente del Gobierno en algo así como una empresa estatal, pero gracias a la liberalización del sector, muchos profesionales trabajan por su cuenta con una altísimas tasas de autónomos.

Los coches clásicos sólo tienen de clásicos los acabados y la chapa pues todo lo demás es tan común como cualquiera de los coches que se ven por la calle cotidianamente. Según me comentaron los propios taxistas, como no se fabrican coches ni se pueden exportar, se exportan piezas de coches americanos de un modo extraoficial. Una vez en Cuba, se arman motores con lo que queda de furgonetas asiáticas y soviéticas para cambiar el motor gasolina del coche clásico americano por uno diésel. La gasolina es un lujo que los taxistas no pueden llegar a pagar por lo que todos los vehículos son de motor diésel. Los motores de los coches clásicos son de furgonetas Toyota o Hyundai. También está la posibilidad de comprar un coche soviético, de hecho creo recordar que monté en un Volga. Ahora bien, los precios son desorbitados: el taxista con el Volga me comentó que le ofrecían más de 20.000 CUC por un coche de más de cincuenta años, una auténtica locura. Yo pensé en decirle que por qué no lo vendía, pero rápidamente y antes de yo quedar en ridículo dijo que si lo vendía, se quedaba sin trabajo.

Como la mano de obra es extremadamente barata y las piezas suelen abundar, se hacen coches de la nada. El problema es que desde nuestra vista occidental es algo insostenible: al no haber revisiones exhaustivas de los coches, muchos de ellos expulsan una cantidad ingente de polución a la atmósfera. En Varadero, una ciudad costera y sin grandes aglomeraciones de edificios, carreteras, atascos o gentío, se veía el humo de los coches concentrado en las calles a la luz de las farolas.

También pude hablar con una mujer que vendía diferentes artículos en la playa: desde pañuelos a sombreros en una venta ambulante de dudosa legalidad. Estaba en lo cierto, era ilícito porque ella misma me los confirmó. De vez en cuando se escabullía en el agua aparentando ser turista con la esperanza de que los policías no la descubrieran; según sus propias palabras (y es algo que no he podido confirmar ni desmentir), si la policía te pilla una vez eres carne de paliza, pero si te pilla una segunda nadie sabe lo que te puede pasar.

La Habana se alza humildemente en el horizonte cuando se llega en carretera desde la provincia de Matanzas. No es una ciudad imponente, un monstruo de acero y cristal, La Habana es una ciudad graciosa de concepción. Abundan los edificios coloniales, las calles empedradas y los museos antiguos que albergan cosas aún más. Hay muchas cosas que ver, te puedes pasar por La bodeguita del medio o tomarte un daiquiri donde lo hacía Hemingway, en La floridita. Me sorprendió la calidad de una cerveza negra excelente, aunque es verdad que si se toma en el puerto con una banda amenizando la tarde sabe a gloria. La Habana está llena de personajes pintorescos que piden dinero o directamente te dicen que viva España, como el que no quiere la cosa. La gente es agradable y en ningún momento se teme por quedarse sin cartera, móvil o cámara. Pasear por el malecón también merece la pena, pero es verdad que si se mira al otro lado, se pueden ver edificios medio en ruinas que evidencian el estado del país.

En los supermercados escasea todo menos el ron. Obviamente, al ser un estado socialista, todo es de la misma marca, pero los estantes se encuentran vacíos y lo poco que hay es algo de arroz, puros y ron. Y no hablo de los “supermercados” turísticos, sino de los lugares donde se supone que la gente debería hacer la compra. Se venden gorras del Che en cada esquina y de vez en cuando alguien dice aquello de “Vas bien, Fidel” o alguna proclama propagandística del régimen similar. De éstas hay muchas, todo el territorio que no está utilizado se halla plagado de carteles o pintadas ensalzando las virtudes del socialismo, de Fidel Castro o del Che. Es casi sobrecogedor leer propaganda medio bélica en colegios o centros de reuniones.

Cuba es un lugar digno de ser visto, pero ahora que escribo esto tantos meses después de haber visitado la isla se me crean sensaciones encontradas. No sé si volvería porque el recuerdo podría quedar ya contaminado por la evidente realidad por completo, pero puedo recomendar ir. Cuba no va bien, pero su gente es digna de ser conocida.