Libros que son canciones

Suelo leer con música de fondo. Obviamente no vale cualquier tipo de música; yo leo con piezas de piano o guitarra acompañándome. También me gusta leer en silencio, sobre todo si estoy solo y es muy improbable que nadie emita ruidos.

A veces me sucede que escucho las mismas piezas musicales cuando no estoy leyendo, me las pongo de fondo para escribir o descansar. Se van sucediendo en el altavoz y en mi cabeza; uno a uno van pasando los libros que mi mente tiene asociados a la música: esta canción suena a 1984, la siguiente a García Márquez, la otra suena muchísimo a Lovecraft y así con muchos. No les voy a engañar, es algo raro, pero seguro que a ustedes les ha pasado alguna vez aquello de escuchar una canción y pensar inmediatamente en una época determinada o un momento. Igual pasa con la comida y los olores (que se lo digan a Proust).

De vez en cuando me pongo alguna lista de reproducción en el coche y me van viniendo libros, narraciones, frases, extractos o poemas de unos autores muy selectos. Recuerdo entonces el momento del año en el que leí aquel libro, cómo me sentía, algún pasaje concreto y dónde lo terminé. Soy mucho de empezar libros, pero es verdad que me cuesta acabar algunos. Normalmente termino empeñándome y termino la narración, pero hay ocasiones en las que eso no sucede. Por ello, cuando finalizo la última página de un libro trato de recordar el instante; la última impresión que me ha dejado: casi siempre acabo diciendo “se quedó bien a gusto”.

Supongo que cuando escribes un buen libro pasa eso; acabas y te quedas pensando en qué hacer ahora. Debe ser una sensación maravillosa. Lo que pasa es que en algún lugar del mundo siempre habrá un chaval (que en algún momento dejará de serlo) para recordar las obras maestras con melodías de piano.