Las apuestas deportivas han proliferado en nuestro país como si se tratara de una pandemia, de hecho, muchos califican a esta modalidad del juego como una práctica que lleva a la enfermedad tarde o temprano. En Leteo hemos tenido la oportunidad de hablar con expertos, gente que se dedica a desmontar las mentiras del sector, asociaciones de ayuda a ludópatas y ludópatas rehabilitados que utilizan las redes sociales para ayudar a otros. Este es el resultado de nuestra investigación.

Las apuestas deportivas son tan antiguas como lo es el propio deporte, no obstante, en España no se tenía esa cultura anglosajona de apostar en eventos deportivos en un local o casa de apuestas hasta hace relativamente muy pocos años. En Inglaterra la cosa no es así: las terminales de juego se encuentran dentro del propio estadio de manera que los espectadores pueden apostar en el partido que están viendo a la que van al baño.

El auge de los locales de apuestas deportivas ha producido un incremento exponencial del número de jugadores por una razón simple y lógica: a mayor número de alternativas, mayor número de jugadores en cada una. Cuando se trata de dinero y conductas potencialmente adictivas siempre habrá una parte negativa en el asunto, en este caso hablamos de ludopatía. Del latín ludus (juego), se refiere a la adicción al juego. Esta afección ha existido desde siempre con las clásicas máquinas tragaperras de bar, el póquer, la ruleta o los juegos de casino más habituales como el Black Jack. La aparición de Internet supuso el auge casi definitivo para las compañías dedicadas a los juegos de azar: ya no había que ir a un casino, bar o local, se podía jugar desde la comodidad de tu casa. El asunto no sólo se volvía peligroso, sino más adictivo; ahora se puede jugar a cualquier hora del día durante todos los días del año.

El valor de la inmediatez proporcionado por la interconexión de los múltiples dispositivos inteligentes que utilizamos a diario parece haberse vuelto en nuestra contra: ahora hay adictos al trabajo, a las redes sociales y el número de ludópatas (tratados o no) se ha disparado. El peligro de todo esto parece no haberse dilucidado hasta hace muy poco. Se ha estallado la burbuja del juego, pero ¿es demasiado tarde?

Si uno se sienta fríamente ante el televisor o la radio durante un partido de fútbol cualquiera, los anuncios de promoción de casas de apuestas deportivas no sólo son una constante durante todo el encuentro, sino que nos apelan directamente al acto intrínseco de apostar. Lo que sucede es que apostar no es cosa de un sólo paso; uno no apuesta porque sí. Para apostar se necesitan varias cosas, la primordial es el dinero. Una vez se tiene el dinero, se puede gastar en lo que se crea conveniente. Si tenemos dinero (o no), nos registramos en una de las tantas casas de apuestas online que se ofertan en la publicidad de los partidos de fútbol. Ya estamos dentro antes de que acabe el descanso, fácil, hasta un niño podría hacerlo. Ingresamos una cantidad inocente, pongamos que 5€ y nos disponemos a apostar al partido de nuestro equipo. Pensamos “si yo me veo todos los partidos de mi equipo, hasta los amistosos, sé perfectamente lo que va a pasar en la segunda parte”. Seleccionamos la apuesta y el importe que queremos apostar. Sorpresa, un mensaje nos avisa de que no se puede apostar a un evento en cuyo inicio tu cuenta tenía un saldo inferior al actual, es decir, que si al empezar el partido no tenías saldo en la cuenta, ya no podrás apostar a ese evento. Ahora viene el problema: ya estamos dentro.

La casa de apuestas ha cumplido su objetivo porque el potencial apostador ya ha ingresado dinero en su plataforma. Lo más normal es que ese dinero se diluya entre los miles de eventos deportivos que se ofertan: el 95€ de los apostadores pierden a la larga según datos proporcionados por casas de apuestas como Bet365. ¿Por qué se sigue apostando si se pierde? Quizá es la emoción, la posibilidad de recuperar el dinero perdido o la sensación de sentirse adivino; sin embargo, finalmente llegamos al mismo destino de siempre y continuamos perdiendo.

La dinámica negativa es una constante en el mundo del juego. Los juegos de azar están hechos de tal modo que el casino siempre gane. Si se apuestan a todos los números de la ruleta europea se pierde porque el número se paga a 36 a 1 y hay 37 números. Aquí un artículo en el que se explican perfectamente las matemáticas de la ruleta. Pero los humanos, casi por naturaleza, creemos que nuestra “suerte” cambiará en algún momento y nos tocará ganar. Así se explica la ludopatía. “Ganas y piensas que se trata de un chollo. Te gusta, empiezas a ir solo y cuando te falta el dinero, lo sacas de cualquier sitio. Comienzas a pedírselo a amigos y luego pasas a préstamos del banco y tarjetas” me comentaba muy amable la persona detrás de un perfil de twitter dedicado a contar sus malas experiencias en el juego y cómo salió de allí.

Lo que comienza como una apuesta puede convertirse en un gran vicio así como sucede con el alcohol u otro tipo de drogas. No obstante, el problema parece residir aquí: ¿por qué se sigue publicitando el juego a todas horas cuando puede acarrear conductas tan negativas como las de las drogas? La respuesta fácil es la de siempre; por dinero. El tabaco tuvo que someterse a una estricta regulación una vez se comprobaron sus efectos negativos y la adicción que causaba. Si centramos el problema en la publicidad, las consecuencias más desastrosas del juego pueden verse reducidas.

Tipsters

Las apuestas deportivas son todo un mundo en el que cuesta mucho adentrarse y conocer todos los términos. Sin embargo, es bastante fácil encontrarse con cualquiera que se las dé de pronosticador en las redes. Es lo que se conoce como tipster. Se trata de un anglicismo que es sinónimo de pronosticador. Los tipsters son personas que, en un principio, conocen un aspecto concreto del deporte y sacan rentabilidad de su conocimiento. Es decir, expertos en algún deporte que apuestan porque pueden predecir con una fiabilidad notable diversos sucesos dentro de un evento.

Estos tipsters se mueven en la aplicación de mensajería instantánea Telegram. Se trata de una plataforma similar a WhatsApp en la que no es necesario tener el contacto asociado al teléfono visiblemente. Es decir, para poder tener cuenta en Telegram sí se necesita un teléfono, pero luego se puede elegir un alias o nick que haga las de número de teléfono; la gente no se encuentra entre sí por el número, sino por el nombre. De este modo, la identidad puede quedar oculta tras un perfil falso o simplemente no identificado. Telegram es el nido de los tipsters; su isla fuera de cualquier ley en la que ellos son dueños y señores de todo lo que allí se mueve.

La proliferación de los tipsters va ligada al incremento de jugadores. Todo el mundo busca lucrarse: las casas del dinero de los jugadores, los jugadores con el dinero de las casas y los tipsters de ambos. El peligro del dinero es la ambición de quienes lo desean. Por este motivo, centenares de tipsters se pelean en Telegram para ver quién gana más dinero en menos tiempo. Todo parecería funcionar correctamente de no ser por dos elementos que hace dinamitar la comunidad de tipsters y seguidores de Telegram: desconocimiento y avaricia.

Las apuestas deportivas, dicen los pronosticadores, son una inversión como cualquier otra si se realizan correctamente y siguiendo los pasos de un experto de verdad. El verdadero problema está para los neófitos en la materia, los recién llegados. Es bastante habitual ver en redes como Instagram y Twitter publicidad de los tipsters más grandes del panorama nacional. Se anuncian con influencers, diversas personalidades y casas de apuestas cuyo potencial y rango de acción es casi ilimitado: llegan a todos los lugares y a todos los públicos. Bien es sabido el uso que plataformas como Google dan a nuestros datos, búsquedas y compras recientes. De golpe nos aparecen anuncios de lo que hemos estado ojeando en Amazon, ¡sorpresa! Con esto de las apuestas sucede algo más o menos similar. Los tipsters buscan en Telegram un buen público objetivo, lo que en términos económicos se conoce como target. Varones entre 16 y 30 años que sigan a cuentas de deportes y si es posible a algún tipster. Sí, 16 años, no me he equivocado al escribir. Los jóvenes son uno de los nichos más rentables para los tipsters pues aúnan dos elementos esenciales para que sean clientes excepcionales: inexperiencia y desconocimiento.

Los tipsters buscan, ante todo, su propio beneficio y lo hacen de varios modos:

  • A través del pago de servicios “premium” en Telegram. Se trata de grupos o canales privados y cuyo acceso sólo se puede realizar previo pago de una mensualidad que varía en función del tipster y servicio.
  • A través de afiliaciones con casas de apuestas o empresas dedicadas a las afiliaciones. Los usuarios se registran, depositan y apuestan una cantidad determinada. Las bonificaciones vienen dadas por lo que se conoce como CPA, cantidad que se libera a través del depósito y apuesta de una determinada cantidad y que va dirigida al tipster gracias al registro del usuario en un enlace único de cada tipster.
  • Revenue Share. Es un concepto desconocido. Se fundamenta en las pérdidas de los apostadores; la casa de apuestas ofrece al tipster un porcentaje de las pérdidas de los jugadores, es decir, contra más se pierda, mejor para el tipster.
El problema

Se sabe que existe un grave problema, pero ¿cómo lo resolvemos? Nadie se pone de acuerdo en identificar el verdadero problema e intentar solucionarlo. Muchos afirman que la única lacra existente es la aparición de locales de juego. Se han multiplicado las asociaciones contra las casas de apuestas; prácticamente hay una por ciudad ahora mismo. La mayoría de estas asociaciones abogan por cerrar todos los locales de apuestas deportivas. De hacer ésto, ¿qué pasa con sus dueños? Es fundamental conocer que la mayoría de locales de apuestas son franquicias: existe una marca (casa de apuestas) que cede su imagen y plataforma para que alguien, previo pago de cánones y franquicia, la explote en un lugar determinado. Un emprendedor monta su negocio para ganar dinero. En un principio, no parece tener nada de inmoral, no obstante, son centenares las asociaciones que les culpan como único causante de la ludopatía.

Los eslóganes se repiten: “fuera las casas de apuestas de nuestros barrios”, “no a las casas de apuestas en barrios obreros” o “stop casas de apuestas”. Si se cerraran los locales, parece que surgirían otros dos problemas más: dueños de locales enfadados con una inversión en la ruina y un incremento del juego online. Por este motivo, muchos defienden una solución pautada con todos. La mayoría de personas con las que he podido hablar no defienden la prohibición del juego, sino una regulación más estricta. Se respaldan las restricciones en edad, en horario, en ubicación de los locales y en horario de emisión de anuncios relacionados con el juego.

Muchas de las plataformas nombradas anteriormente recriminan a los locales su ubicación: cerca de colegios, institutos o incluso centros de rehabilitación de ludópatas. Piden al Gobierno una regulación severa con respecto a la localización de los locales. Los dueños de los negocios comentan que hacen todo lo posible por cumplir la normativa, pero siempre habrá quien apueste ilegalmente con un carnet falso. Las medidas de acceso a la mayoría de locales de apuestas deportivas y juego se han endurecido; ahora se tiene que presentar obligatoriamente el DNI o “fichar” con la huella dactilar. En todos los locales que he visitado para comprobar las medidas de seguridad, se tenía como mínimo una de estos controles implantados. Antes no era así: era habitual que los menores deambularan por la ruleta porque los empleados hacían la vista gorda. Las redadas policiales han ido en aumento y los propietarios de estos locales se han dado cuenta de que pierden más de lo que podrían ganar si los menores entran a sus negocios.

Las casas de apuestas online son otro mundo. Hay una variedad impresionante, prácticamente cada seis meses aparece una nueva opción para apostar. Cada casa ofrece un bono de bienvenida cuyos términos varían en función de la casa, el primer depósito o el momento de registro. Los bonos son promociones que buscan incrementar el número de registros. Se presentan ofertas que van desde los 10€ gratis hasta un programa de puntos que se liberan conforme se va apostando. Los bonos son una estrategia útil para atraer a nuevos apostadores, gente que a la larga sale perdiendo la inmensa mayoría de las veces. Lo malo de estos bonos son precisamente sus condiciones: en ocasiones se ofertan cantidades de dinero decentes para apostar, pero en realidad se debe ingresar la misma cantidad para que ese dinero sea liberado. En otras casas de apuestas, una vez aceptas el bono, debes jugar cinco veces su cifra para que esta se desbloquee y pueda ser retirada. La mayoría de estos bonos no son más que artimañas de experimentadas empresas para atraer a nuevos consumidores.

Las apuestas online llegan a ser más peligrosas que los propios locales: no tienen horarios, no debes desplazarte a ningún sitio, siempre están en tu movil y no tienes por qué verte la cara con nadie. Así de fácil, así de peligroso. Muchos apostadores viven con ansiedad e insomnio a causa de la práctica del juego online: apuestan a la NBA y no pueden dormir hasta ver el resultado del partido; apuestan a fútbol y no disfrutan del encuentro porque deben saber cuántos corners se han sacado.

Los anuncios de estas casas de apuestas online se concentran durante los eventos deportivos: los descansos de los partidos de fútbol son el lugar y el momento perfecto para estas empresas para anunciarse a bombo y platillo. El problema es que el fútbol (porque es el deporte más seguido en España) se disputa a lo largo de todo el fin de semana, en un horario que va de las 12.00 a las 21.00. Cualquier persona puede ver el anuncio de turno en el partido de las 16.00 para acabar apostando en el de las 18.00. Esta es una de las grandes reivindicaciones de ludópatas rehabilitados y asociaciones: la regulación horaria de los anuncios de apuestas deportivas o juego en general. De qué vale prohibir la entrada a menores a centros de juego si con el DNI de cualquier conocido puede registrarse y jugar online.

Dostoievski escribió un magnífico retrato del ludópata ya en el siglo XIX. La novela no sólo ilumina al lector en las experiencias del propio autor, es un relato válido para el hoy: el jugador sigue siendo el mismo elemento títere del juego incapaz de manejar su voluntad. El libro concluye de la siguiente manera:

Aposté ese gulden a falta, y realmente hay algo especial en el corazón cuando, estando solo, en un país extranjero, muy lejos de tus amigos y no sabiendo qué comerás ese día, apuestas tu último gulden, ¡el último que te queda en el mundo! Esa noche gané 170 gulden. ¡ocurrió como lo cuento! ¡Ya se ve lo que ese último gulden significa a veces! ¿Qué sería de mí si no me hubiera arriesgado, si no me hubiera decidido a apostar? ¡Mañana, mañana, por fin cambiaré por última vez mi destino!

El jugador, Fiodor Dostoievski