Histeria y alarmismo

Durante las últimas semanas los medios han bombardeado información alarmista sobre todo aquel que pasara por su lado. El Coronavirus se ha hecho viral no gracias a su naturaleza, sino al miedo que se ha contribuido a crear. Esto no es nada nuevo, ya vivimos episodios similares en el pasado, pero la locura ha sobrepasado los límites que en el pasado se mantuvieron ya muy altos. El Ébola causó un gran revuelo y con razón. El virus con forma de gusano aparecía hasta en la sopa, pero tenía su lógica: era potencialmente mortal. La Gripe A fue otro de esos episodios dignos de enmarcar. Una gripe atípica que parecía tener tentaciones genocidas y quedó en nada. El Coronavirus no es más que otro elemento que se suma a la lista de indeseables.

No soy médico ni tengo idea alguna de medicina, pero lo que sí soy es un informador. Los medios se empeñan en que vivamos con el agua al cuello. La gente no tenía suficiente con trabajar y pagar facturas; ahora se debe preocupar porque un virus de China va a llamar a su casa como si de la Parca se tratara. El problema de todo esto es precisamente su origen: China. Por todos es sabido que el país asiático vive bajo un grueso telón montado por el estricto régimen comunista (o eso dicen) instalado en el poder. La transparencia es una cualidad que Xi Jinping no posee. El mundo, además de ser redondo, está conectado. Un virus que surge en China acaba en Italia casi por arte de magia. No, no es magia lo que produce la expansión de la epidemia, sino los flujos comerciales y monetarios, pero eso para otro día.

Ya van no sé cuántos muertos en Italia por el Coronavirus y el número de infectados no para de crecer. Sentencias como ésta son el pan de cada día a finales de este febrero. Pero si se tiene en cuenta que los fallecidos tenían más de setenta años o una enfermedad grave y avanzada, la cosa cambia. Podríamos hablar de “muertes con Coronavirus” decía ayer Lorenzo Milá en una extraordinaria intervención en el 24 Horas de TVE.

Desde Leteo avisamos que no informaremos más del Coronavirus hasta que no existan datos relevantes. Nos parece absurdo seguir ofreciendo números y preocupando a nuestros lectores para que el precio de mascarillas y geles desinfectantes se dispare en farmacias y Amazon. No hay mejor cura para la sobreinformación que la información útil y como ahora no hay tal cosa, la sentencia se acaba sola.