La conjura de los necios: lo absurdo hecho libro

John Kennedy Toole fue un tipo al que uno hubiera querido conocer. No ya por su faceta como persona normal, sino por su ópera prima: La conjura de los necios. Por desgracia para todos, este maravilloso escritor acabó con su vida suicidándose a los 31 años.

Su legado es eterno. Kennedy Toole regaló a la humanidad una novela que ayuda a comprender el mundo en el que vivimos. Una narración de lo absurdo para lo absurdo desde el punto de vista de la comedia pura y trágica. Jamás me he reído tanto con un libro como lo he hecho con éste.

Ignatius J. Reilly es el personaje principal de la novela: un varón de treinta años que vive con su madre en una pequeña casa de Nueva Orleans y que no tiene oficio ni beneficio. Es algo así como un nini en plena Guerra Fría. El tipo es, como se suele decir, un cuadro. Ignatius es un chiste en sí mismo, un sujeto pasado de peso y de dimensiones casi colosales cuyo referente en la vida es Boecio. Tiene una válvula en el estómago que se abre y cierra arbitrariamente y posee un vocabulario que hace las delicias de cualquiera. Ojalá pudiera ser amigo de este personaje.

Mentiría si dijese que la novela me enganchó desde el principio pues he tardado unos dos años en terminármela. Cogí el libro con muchas ganas, pero vinieron otras novelas a robarme el tiempo. Volvía a leer algún capítulo, pero no lograba progresar en la historia. La semana pasada me dije “o te lo acabas o te lo acabas”. Y me lo acabé. No es un libro difícil de leer ni mucho menos; está escrito con una ligereza pasmosa si se pone atención a la ingente cantidad de detalles que se expone entre descripciones y diálogos. Si el libro fuera una película, me da la sensación de que estaría repleto de primeros planos: bigote de Ignatius, perritos calientes, nubes de humo…

También resulta novedosa la técnica narrativa utilizada: se combinan perspectivas e historias que giran en torno a una única trama general. Al principio no deja de ser chocante, pero la ocurrencia toma cuerpo una vez se va avanzando por el volumen.

En resumen, La conjura de los necios es una sátira de la sátira, una burla de la vida y una carcajada de todos nosotros. Una especie de esperpento americano que vira del comunismo al feudalismo en un párrafo. John Kennedy Toole dibujó uno de los mejores retratos de la vida; consiguió que nos riamos de nosotros mismos sin saberlo porque en el fondo todos somos Ignatis J. Reilly.