El odio es un sentimiento que surge de un primordial resentimiento hacia algo o alguien. Odiar algo puede llegar a ser natural: puedes odiar una comida o ir al médico; odiar a alguien es algo bastante distinto que acarrea consecuencias serias y reales.

Se ha puesto de moda llamar haters (odiadiores) a los millones de personajes de Internet que se dedican a insultar o menospreciar a gente que simplemente está por ahí. Es un fenómeno que siempre me ha sorprendido y que nunca comprenderé. Hay gente que tiene un día malo, pero ir dando saltos por la red escribiendo improperios contra gente que ni conoces ni está haciendo nada malo es otra cosa. El insulto no es más que un intento de menosprecio a través del arma más contundente: la palabra. La palabra es capaz de hacer todo el trabajo sucio para llegar al odio en muy poco tiempo. En esta cultura de la nada, se ha normalizado la existencia de estos individuos y todavía no entiendo por qué.

La libertad de la red es algo maravilloso, pero aún mejor es la libertad a secas. Una cosa lleva a la otra, es cierto. Pero lo que empieza con flirteos de deshumanización y animadversión hacia una comunidad, unas prácticas o un individuo acaba muy mal. La pasada semana fuimos testigos del terrible atentado xenófobo en Alemania: no es más que la punta de un iceberg de odio visceral hacia los otros. No es un fenómeno nuevo: los nazis lo hicieron con los judíos, las facciones yihadistas contra Occidente y ahora un fanático del odio racial.

Las cosas a veces no son lo que parecen, pero ahora sí. El juicio individual se ha alterado produciéndose una anulación de cualquier tipo de juicio colectivo: ya no hay sociedad, ahora somos miembros de facciones. Una especie de guerra de guerrillas en las que todos los bandos se odian entre sí y se dedican a matarse entre ellos.

El odio produce odiadores, pero el desconocimiento lleva, en primera instancia, al odio más puro. En el mundo globalizado y dividido en comandos armados con los diccionarios que les convienen, hay que ser bueno. Hay que leer.