Relativamente nefasto

Lo relativo se ha asentado en nuestra rutina como si se tratara de un nuevo invento novedoso y sorprendente venido de Estados Unidos para hacernos la vida más fácil; algo así como una lavadora ética y moral. Lo que pasa es que el relativismo tiene elementos que no pueden ser aceptados en una sociedad civilizada, no obstante, no sólo están siendo aceptados por una amplia parte de la población, sino que se premian estas conductas.

Vivimos en el mundo del “todo vale”. Cantantes que no saben cantar, escritores que firman libros escritos por otros e intelectuales que lo son por aprenderse un papel para la serie o película de turno. Así se presenta el panorama presente. Cierto es que, al menos en apariencia, todo parece bastante desolador si se narra con esta frialdad, Nietzsche habría encontrado en la vida actual el mejor de todos los argumentos posibles para esgrimir aquello de “para construir hay que destruir”. No sé si construiría algo, pero para destruir sobran ganas y motivos.

Internet ha hecho posible que El sueño americano sea el sueño mundial. Ahora puedes hacerte millonario desde tu casa subiendo vídeos a una plataforma que cobra la mitad de la publicidad que tu cara genera: es fantástico, o eso dicen. Tenemos un teléfono y un ordenador para ser lo que queramos, pero sorprendentemente nos quedamos siempre en lo mismo, somos una masa homogénea en una sociedad que nos vendieron como multicultural y diversificada.

La mediocridad ha llamado a la puerta para quedarse por siempre en todo lo que hagamos; estamos condenados a ser infelizmente regulares en cualquier cosa que nos propongamos. Como todo el mundo puede hacer las cosas bien, a nadie le da por hacerlas excelentemente; para qué. Y todo esto en una burbuja de la inmediatez, consumismo y carencia de juicio. El cóctel perfecto para crear una sociedad ignorante y feliz. Algo así como un totalitarismo creado por y para imbéciles.

Yo intento hacer todo de la mejor manera que sé. Para qué voy a hacer algo de aquella manera si lo puedo bordar. Supongo que me pasará como a todos, al final mis elecciones están controladas por algún tipo de lobby, pero estoy seguro de que el que me controla a mí está creado por gente con un par de dedos de frente. Soy el que se va al fondo de la librería para encontrar los clásicos, los ejemplares que uno ya conoce de memoria porque nadie parece comprar; un día te llevas éste y cuando te lo terminas vuelves a por su compañero de balda pues de ahí no se ha movido nadie.

Lo relativo está causando serios estragos en la vida tal y como la concebimos; no todo vale. Los cantantes deben saber cantar, los escritores están obligados a deleitar de alguna manera a su lector y los intelectuales deben ser estudiosos y conocedores de los diversos fenómenos que afectan a la existencia del ser humano. Así de simple. Pero no, por lo visto ahora las cosas no son como eran y son como son, o algo así. Ya me he liado.